Nacho Fernández, el último en silbar en el campo de minas

Sergio Cortina
Nacho Fernández, central del Real Madrid (Foto:AP)

Te piden atravesar el campo de minas silbando, relajado, con zapatillas de fieltro en lugar de botas de tacos. Quieren que pasees por la trinchera como si fuera el salón de tu casa. La posición de central es terreno mitológico en el Real Madrid, una concreta demarcación en el terreno de juego que acumula tantas víctimas como héroes. Un puesto que exige un aplomo especial al que la ocupa. Sanchís, Hierro y ahora Sergio Ramos demostraron tener lo necesario para elevarse en uno de las posiciones más envenenadas del fútbol mundial. Desde esta misma temporada, está consiguiendo lo mismo Nacho Fernández.

El canterano blanco ha dado el salto. Ha disputado 30 partidos, 22 de ellos en liga, pasando de ser un comodín impecable tanto en el centro de la zaga como en los laterales a convertirse en un central de garantías. Rápido y contundente en el corte, Nacho está exhibiendo en el Real Madrid una sobriedad antes desconocida en su juego. Los minutos le han hecho madurar y por momentos se ha mostrado como el defensa más fiable de todo el entramado blanco. Oro para Zinedine Zidane.

“Si he jugado 17 partidos, que al año siguiente sean 20, pero no voy a estar toda la vida jugando 20 partidos. Aspiro a más, pero sé dónde estoy y trabajo para que sean 60 partidos” Muchos quisieron ver polémica en estas declaraciones del canterano a principio de temporada, interpretando coqueteos de mercado donde había pura ambición futbolística. El tiempo le está dando la razón y pagándole el esfuerzo.

Que el juego de Nacho eleva las prestaciones defensivas del equipo es un hecho palpable. Con él en el campo, jugando en cualquiera de las tres demarcaciones defensivas posibles, el Real Madrid tan solo ha perdido tres partidos: contra el Valencia y el Sevilla en liga y contra el Celta en la ida de cuartos de final coperos. Las lesiones de Pepe, Sergio Ramos y Varane han abierto una rendija en la puerta que Nacho se ha encargado de echar abajo a patadas. Ahora está en mitad del campo de minas silbando, relajado, gritándole al madridismo que en él tienen central para rato.

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