Multitud, la nueva mala palabra del espectáculo deportivo

Marcelo Gantman
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La cultura deportiva que conocimos siempre nos asegura que un acontecimiento deportivo solo tiene razón de ser cuando hay espectadores para contemplarlo. "Pasión de multitudes", es una frase que acompaña al fútbol argentino desde hace décadas para definirlo. La experiencia nació para ser colectiva o no será nada. Incluso hay comentaristas de partidos que no dejan de recordarnos que se mueren de tristeza cuando ven que un lindo gol se produjo sin hinchas en la cancha.

Hinchas de Los Angeles Football Club siguen a su equipo desde sus automóviles

Todo esto es consecuencia de la pandemia Covid-19. La nueva normalidad con respecto a los espectáculos deportivos indica que resultará complicado reformular las "pasión de multitudes", cuando el término "multitud" hoy tiene una carga negativa y es sinónimo de contagios. Además hay otra noticia: manejar a las multitudes del futuro en los estadios podría requerir de una tecnología costosa, ajena a los presupuestos habituales de los clubes que jamás imaginaron que invertir dinero en algo así podría ser necesario.

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La actual temporada de la NBA comenzó el pasado 22 de diciembre con apenas seis franquicias aptas para recibir algunos espectadores. Cleveland Cavaliers no era una de ellas. El equipo recibió en la primera semana de enero un permiso de las autoridades sanitarias de Ohio para ingresar 1900 espectadores por partido, el 10 por ciento de la capacidad total de su arena. El anuncio fue acompañado por otro: Cleveland comunicó un acuerdo con Armored Things, una compañía proveedora de un software de inteligencia artificial que analiza en tiempo real el flujo de espectadores en estadios e instalaciones deportivas. La empresa también es socia de Los Angeles Football Club, el equipo de la MLS. Juntos acaban de recibir un financiamiento de 7 millones de dólares para desarrollar soluciones inteligentes basadas en datos sobre cómo las personas se desplazan en las "venues" deportivas.

Cleveland armó su propio protocolo gracias a las estadísticas de espectadores y a las normas sanitarias. Los fanáticos asisten al estadio en grupos familiares de no más de ocho personas; entre cada grupo la distancia tiene que ser mayor a 1,8 metros y todos están obligados a usar barbijos, excepto cuando comen o beben. Los asistentes reciben un mapa digital para conocer previamente cuál será el recorrido de ingreso y de salida en el estadio. El camino está señalizado y todos deben respetar esa cartografía.

El análisis de datos para leer en tiempo real como la muchedumbre se mueve en los estadios es una herramienta de la modernidad deportiva. Su objetivo es optimizar los movimientos y liberar o cerrar sectores de acuerdo a la demanda. Un ejemplo es analizar cómo suele ser el comportamiento de los espectadores cuando llueve durante un partido y qué porcentaje de fanáticos deja el estadio más temprano para facilitar el flujo de salida.

Brazaletes en NFL para controlar la distancia social

Este tipo de análisis predictivo ahora tiene una nueva funcionalidad a partir de la pandemia. Ya hemos contado en su momento cómo las tecnologías de tracking de rendimiento deportivo fueron reconvertidas en herramientas para preservar la distancia social. La propia NBA utiliza ahora los brazaletes de Kinexon, un dispositivo que ya se utilizó en Bundesliga y actualmente en NFL, para medir la distancia entre jugadores y staff técnicos, tener la trazabilidad exacta de contactos cercanos por posibles contagios, y ver en qué momentos se produjeron.

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La nueva normalidad capturó al deporte con una densidad que abruma. Las listas de lesionados ahora conviven con la nómina de contagiados. Que las personas vuelvan a los estadios dependerá de criterios sanitarios sostenidos por inversión económica. No verlo así será un "wild card" directo al desastre.