La muerte del Morro García: el gesto del capitán de Peñarol para el ídolo de Nacional

Nelson Fernández
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MONTEVIDEO.- La congoja fue general, entre quienes celebraron sus goles y entre quienes los sufrieron. Desconsuelo por la temprana partida de un futbolista con chispa de "campito" y sonrisa de pícaro insolente. Su palco del estadio de su club, Nacional, quedó iluminado en la noche y madrugada del sábado, como homenaje al ídolo, como si estuviera presente ahí como tantas veces.

Curiosamente, una de las cuatro tribunas de ese estadio, lleva el nombre de otro ídolo de Nacional que también se despidió de la vida demasiado temprano, cuando se pegó un tiro en el medio de la cancha, en el punto central del cual había iniciado mil partidos como capitán: Abdon Porte.

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Muertes que cuesta y duele explicar. "El Morro" Santiago García fue un goleador con olfato, que sentía que el arco tenía un imán y no podía detenerse hasta sacudir la red, lo que comenzó a demostrar de niño en su época de "baby-fútbol" con el Club Libertad Washington, un modesto equipo de casaca azul y amarilla, del barrio Colón que está en la zona suburbana de Montevideo.

El gesto de un rival eterno

En la noche del sábado jugó el tradicional rival de los tricolores, Peñarol contra Boston River, y el ídolo aurinegro Fabian "Lolo" Estoyanoff reprochó al árbitro porque no se había hecho un minuto de silencio, lo que obedecía a una cuestión burocrática de las autoridades. El "Lolo" metió un golazo y en el festejo, levantó los brazos y señaló al cielo, emocionado, con homenaje al "Morro". Su gestó inundó las redes sociales como ejemplo de respeto y afecto, por encima de rivalidades.

Santiago García se crió en el "CH-7 Complejo Habitacional América", donde pasó la infancia con su madre, hermano y abuelos, ya que el padre abandonó a la familia. Ese complejo de 1168 apartamentos, se había construido en 1980 por el Estado para familias inscriptas en el "RAVE": Registro de Aspirantes a Vivienda Económicas.

"Era una familia modesta, pero de trabajo, no vivió en una villa o asentamiento, sino en un hogar cuidado, sin padre, pero contenidos", recuerda uno de los que lo trató directamente cuando de adolescente llegó a Nacional.

Su madre trabaja desde entonces en una de las principales instituciones de asistencia médica de Montevideo: la Asociación Española.

Con 17 años, el "Morro" debutó en la primera, justo en la final del torneo "Liguilla" entre Nacional y Defensor Sporting, que era la clasificación para la Copa Libertadores.

Un día antes, el DT Gerardo Pelusso se cruzó con el juvenil en los pasillo de la concentración y luego de haberle anunciado que estaría en el banco de la final, le consultó: "Moro: vení; decime la verdad, si estás asustado para debutar en una final, me lo decís de una y pongo a otro que no tenga ese peso".

Pelusso cuenta que lo sorprendió la respuesta: "Estos de Defensor, ¡sabés el miedo que me tienen! Me ven a mi y tiemblan, desde la séptima división le vengo haciendo goles. Poneme un rato mañana, y vas a ver lo que hago".

El entrenador sintió que debía darle la oportunidad, pero se quedó pensando: "O éste es un careta que no conoce el peligro, o tiene una personalidad impresionante".

Aquel 27 de julio de 2008, el Morro fue suplente y entró en la cancha para ver si cumplía la promesa, y con una corrida sin freno hacia el arco rival, pateó por encima del arquero y metió el gol de la victoria que fue vuelta olímpica, copa y clasificación.

"Qué dolor la partida del Morro Santiago García. Mi pésame a su familia. Y quiero recordarte así, con el gol del día que debutaste con 17 años", escribió ayer en redes sociales aquel que fue su entrenador, y pegó el video del gol de la victoria.

Los hinchas se enamoraron de aquel morocho goleador, cuya vida familiar ya tenía vínculo con el club, con una época de gloria de los tricolores. El abuelo, "Morrongo", era cocinero del complejo de concentración "Los Cespedes" cuando en el equipo brillaba el argentino Luis Artime, junto a Luis Alberto Cubilla, el guardameta brasileño Manga, Ancheta, Masnik, el "Peta" Ubiña, Montero Castillo y otros campeones.

A Santiago le comenzaron a decir "Morrongo", "Morrocoyo". hasta que la marca "Morro" le quedó impregnada para el recuerdo.

Esperaba volver a Nacional. La pandemia le pegó duro y volvieron los momentos depresivos. Se había separado de su mujer que se quedó en el barrio montevideano del Buceo junto a la hija de ambos, de 6 años, con la que se comunicaba por redes sociales en los últimos meses.

La noticia de la muerte arrojó sentimientos múltiples, y una tristeza que superó el mundo del fútbol.

Frente a la sede de Nacional, los hinchas llevaron camisetas, recuerdos, rindiendo homenaje, y otra imagen recorrió redes cuando un hincha de Peñarol con la casaca aurinegra, se agachó en silencio y quedó unos minutos así.

La despedida del Morro sacudió mucho este fin de semana a los uruguayos, que lo recuerdan con la sonrisa de siempre, el empuje hacia el arco final, el desparpajo del jugador de potrero, pero también con el dolor de una vida trunca, así, temprano y difícil de explicar.

El espíritu de aquel gladiador albo, que entró a la cancha cuando no había nadie en el Parque Central, y descorazonado se quitó la vida en el punto central, replanteó el drama de los que dan tanta felicidad a tanta gente, con un grito de gol o una copa levantada, pero cargan penas en soledad, sin que una mano de ayuda llegue a tiempo.