La historia de una muerte en el Ártico a través de una mancha de grasa

Javier Peláez
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Componenetes de la expedición danesa a Groenlandia de 1906, a bordo del barco Dansk
Componenetes de la expedición danesa a Groenlandia de 1906, a bordo del barco Dansk

“Fallecí en los hielos interiores, a 77 grados de latitud Norte, después de las penurias del viaje de regreso en noviembre. Llegué a este lugar bajo la luna menguante y ya no puedo seguir más por culpa de la oscuridad y por mis pies congelados. Los cuerpos de los demás están diseminados en mitad del fiordo. Hagen murió el 15 de noviembre, Mylius-Erichsen unos diez días después”.

Estas son las últimas palabras, contundentes y dramáticas, del diario escrito por el explorador ártico Jørgen Brønlund durante la expedición danesa a Groenlandia a principios del siglo XX. Una trágica aventura que se inició en 1906 con el objetivo de explorar el desconocido norte de Groenlandia, en especial una gran zona al nordeste conocida como “Peary Land”. La cuestión no era trivial ya que, años atrás, el aventurero americano Robert Peary (de ahí el nombre de aquellas tierras) había reclamado esos territorios en nombre de Estados Unidos. La polémica debía zanjarse con una expedición ártica que cartografiara la región… si resultaba ser una isla, esas tierras pasarían a pertenecer al gobierno de Estados Unidos, si por el contrario era una península de Groenlandia, seguirían siendo de Dinamarca.

El explorador y etnólogo Ludvig Mylius-Erichsen fue el elegido para llevar a cabo el objetivo de cartografiar aquella apartada y difícil región. El danés aportaba una sólida experiencia en Groenlandia donde ya había dirigido una expedición anterior junto al célebre Knud Rasmussen. En el verano de 1906, el barco ballenero “Dinamarca” alcanzaba las costas de Groenlandia dejando en el campamento base a un buen equipo de científicos y marineros, más de cien perros para los trineos y suficiente material y provisiones para dos años. Como curiosidad, entre los científicos embarcados se encontraba el geofísico y meteorólogo Alfred Wegener, padre de la teoría de la deriva continental. Todo estaba listo para la exploración de una de las regiones más difíciles y extremas del planeta… y durante casi dos años, todo fue a la perfección. La expedición danesa consiguió sus objetivos cartográficos, explorando aquella inmensa región, dibujando varios mapas muy precisos de sus costas, descubriendo lugares y fiordos desconocidos hasta entonces y reuniendo una gran cantidad de datos científicos de utilidad.

Mapa de "Peary Land", más de 50.000 kilómetros cuadrados de terreno abrupto y helado al nordeste de Groenlandia
Mapa de "Peary Land", más de 50.000 kilómetros cuadrados de terreno abrupto y helado al nordeste de Groenlandia

La tragedia, no obstante, acechaba entre los hielos y terminó alcanzando de lleno a tres de sus principales protagonistas. A finales de otoño de 1907, el equipo de trineos 1, compuesto por el responsable de la expedición, Ludvig Mylius-Erichsen, el militar Niels Peter Høeg Hagen y el profesor Jørgen Brønlund, intentaban regresar al campo base cruzando el enorme fiordo Nioghalvfjerdsbrae. “Sin comida, sin calzado y separados por cientos de millas hasta el barco. Nuestras perspectivas de vida son muy malas”, escribía Brønlund en su diario, presagiando el fatal desenlace de su viaje.

Los cuerpos de Erichsen y Hagen nunca se encontraron, mientras que el de Jørgen Brønlund fue hallado unos meses más tarde, junto con numerosas anotaciones, mapas y, por supuesto, el diario que nunca dejó de escribir. Tras la muerte de sus compañeros, Brønlund siguió caminando otros veinticinco kilómetros pero no consiguió llegar más lejos. Se refugió en una pequeña cueva, y allí, solo y a oscuras, escribió las últimas palabras de su diario. Cuatro meses después Johan Koch y Tobias Gabrielsen, dos miembros de la expedición que intentaban averiguar qué había sucedido, encontraron su cuerpo congelado y recuperaron su cuadernillo. Posteriormente, el diario fue trasladado a la Biblioteca Real de Copenhague, donde se conserva en la actualidad y donde aún guarda una historia sorprendente.

El diario de Brønlund, con la mancha negra que alguien arrancó en 1993 | imagen Rasmussen, K. L., et al.
El diario de Brønlund, con la mancha negra que alguien arrancó en 1993 | imagen Rasmussen, K. L., et al.

Uno de los aspectos más llamativos del diario de aquella triste expedición es que, en la última página y justo debajo de la firma de Brønlund, aparecía una mancha negra de lo que parecía grasa. Muchas décadas más tarde, en octubre de 1993, el diario sufrió un extraño accidente… un usuario de la biblioteca accedió al documento y, de manera ilegal y bastante rudimentaria, extrajo la mancha oscura utilizando una pequeña navaja. Quizá le molestaba aquella mancha o quizá pensó que al quitarla estaba mejorando aquel histórico documento, sea como sea, los responsables de la Biblioteca fueron lo suficientemente hábiles para conservar aquella salpicadura de grasa y enviarla al Museo de Ciencias Naturales de Dinamarca.

En 2018, aquel trocito grasiento del diario arrancado por un inconsciente lector terminó recalando en el laboratorio de Kaare Lund Rasmussen, un investigador químico con apellido de explorador que durante todo este tiempo ha aplicado a esta mancha las más avanzadas técnicas para desvelar su composición, y de paso averiguar algo más del trágico final de Brønlund. Espectrómetro de masas con plasma de acoplamiento inductivo, fluorescencia de micro-rayos X, cromatografía de gases de pirólisis con detección espectrométrica de masas, espectroscopía Raman… la tecnología más moderna aplicada a una pequeña mancha oscura de hace más de un siglo.

Hace tan solo unas semanas, la revista Archaeometry ha publicado los resultados de todas estas técnicas aplicadas por el equipo de Rasmuseen, en un curioso artículo titulado “En la hora más oscura: análisis de una mancha negra en la última página del diario del explorador polar Jørgen Brønlund”.

Estufa LUX del explorador Jørgen Brønlund, encontrada junto a su cuerpo y el diario en 1908 | imagen Rasmussen, K. L., et al.
Estufa LUX del explorador Jørgen Brønlund, encontrada junto a su cuerpo y el diario en 1908 | imagen Rasmussen, K. L., et al.

Las conclusiones del estudio muestran que la mancha contiene multitud de compuestos, entre los que destacan derivados del petróleo, aceite vegetal, grasa animal y materia fecal. Sabemos que Brønlund estuvo en la cueva entre cinco y seis días antes de morir. Sus provisiones estaban agotadas, pero aún conservaba un poco de petróleo con el que encendía su quemador “Lux”. Era noviembre, por lo que el frío y la oscuridad del invierno polar en el interior de aquella cueva le empujaron a buscar cualquier cosa para encender aquel hornillo. En aquellas duras condiciones, Brønlund seguramente intentó precalentar la estufa Lux con cualquier cosa que le sirviera como combustible alternativo… de ahí los restos de grasa vegetal y grasas animales. En su intento de encender aquella estufa, el explorador tiznó accidentalmente su diario en el lugar donde lo tenía abierto, la dramática última página en la que escribió su final. Finalmente, la presencia de los marcadores relacionados con materia fecal da un aspecto aún más desolador de los últimos momentos de la vida de Jørgen Brønlund.

El color negro y la morfología de la mancha son indicativos de material quemado, un aspecto que ha sido corroborado por la espectroscopia Raman, que muestra con absoluta certeza la presencia de humo. El componente principal de la muestra es caucho natural quemado, con calcita, rutilo y zincita que probablemente provienen de una junta en el quemador Lux.

El explorador tenía que intentarlo, debía encontrar algo que le sirviera para encender el quemador. Los autores del estudio creen que, en aquellas desesperadas horas en la cueva, lo intentó con todos los aceites y grasas que tenía disponibles, y en ese empeño terminó emborronando la página del diario.

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Referencias científicas y más información:

Rasmussen, K. L., et al. “In the Darkest Hour: Analyses of a Black Spot on the Last Page of the Diary of Polar Explorer Jørgen Brønlund (d. 1907)”. Archaeometry, 2020, Wiley Online Library, DOI:10.1111/arcm.12641.