El dilema que podría empeorar la crisis del coronavirus en EEUU y pone en peligro a millones de personas

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Estados Unidos encara el enorme reto de salud de la epidemia de COVID-19 con un sistema de atención médica que, pese a sus enormes avances científicos y tecnológicos y el notable talento de sus profesionales, podría no estar en forma para atender cabalmente a una potencial oleada de pacientes afectados por el nuevo coronavirus.

Sobre todo para aquellos que, por carecer de seguro médico y de medios económicos para pagar por la asistencia hospitalaria, o bien se abstienen de buscar atención, y con ello elevan sus riesgos y de los demás, o encaran la posibilidad de quedar endeudados de modo masivo por los costos de su tratamiento médico.

Personal de salud del Hospital General de Massachusetts en Boston se prepara ante la posible llegada de pacientes infectados por el nuevo coronavirus. (Erin Clark/The Boston Globe via Getty Images)
Personal de salud del Hospital General de Massachusetts en Boston se prepara ante la posible llegada de pacientes infectados por el nuevo coronavirus. (Erin Clark/The Boston Globe via Getty Images)
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Muchos casos existentes o por suceder de infección podrían no ser diagnosticados, o serlo solo de modo muy tardío cuando el paciente y su entorno han entrado ya en crisis, simplemente porque los afectados no quisieron o pudieron, por incapacidad económica, acudir a un médico o a un centro de salud oportunamente.

En Estados Unidos la imposibilidad de pagar los enormes costos de la atención médica con frecuencia lleva a miles de estadounidenses a la bancarrota. Y eso en condiciones “normales”, es decir sin una pandemia a cuestas.

Por ello, el golpe de la epidemia de COVID-19 en Estados Unidos podría ser especialmente rudo en las personas de menores recursos, máxime si se considera que no hay, como en muchos otros países, un extenso sistema gubernamental de hospitales y clínicas que ofrezcan atención gratuita o a bajo costo.

En Estados Unidos, salvo algunos casos, la enorme mayoría de los hospitales son corporaciones privadas o, cuando son operados por iglesias, universidades o fundaciones, aún así cobran con frecuencia considerables cantidades por sus servicios y los de sus especialistas, sea directamente al paciente o a este y su seguro médico.

No es claro cuál será el impacto que el miedo al alto costo económico de la atención médica pueda tener en la presente epidemia, ni si eso podría disuadir a muchos de acudir al médico y, por ende, les impida recibir atención adecuada y oportuna. Pero hay un alto riesgo de que esas personas sufran más y se vuelvan además focos de contagio descontrolado simplemente por no saber que tienen el virus ni las formas de evitar esparcirlo, por no acudir a diagnóstico o tratamiento sino hasta que el paciente llega a un estado crítico.

El caso que impulsó un cambio en la ley de salud

Un caso singular sucedió en Miami: Osmel Martínez Azcué comenzó a sufrir severos síntomas de enfermedad respiratoria luego de que volvió de un viaje de trabajo a China. Como narró el periódico Miami Herald, Martínez acudió a la sala de emergencia del Hospital Jackson Memorial para hacerse un examen. Resultó que no tenía COVID-19 sino influenza, pero como recurrió al área de emergencia del hospital acabó recibiendo una factura de 3,270 dólares, pues aunque tiene seguro médico, este tiene cobertura limitada luego de los ajustes a la ley de salud hechos por la administración Trump. Esas pruebas no estaban cubiertas.

Esos cambios a la ley de salud permitieron bajar el costo de los seguros médicos pero también redujeron su cobertura rudamente. Por su seguro, que acabó siendo insuficiente, Martínez pagaba 180 dólares al mes. Menos que seguros más completos y caros, pero una cantidad sustantiva.

Médicos en China revisan imágenes de los pulmones de un paciente infectado por coronavirus. En los países con extensos sistemas de hospitales públicos gratuitos o de bajo costo, el paciente no debe curbir el costo de esos tratamientos. En EEUU muchos tendrían que pagar la costosa atención médica que reciban para tratarse por padecer Covis-19. (Gao Xiang/Xinhua via AP)
Médicos en China revisan imágenes de los pulmones de un paciente infectado por coronavirus. En los países con extensos sistemas de hospitales públicos gratuitos o de bajo costo, el paciente no debe curbir el costo de esos tratamientos. En EEUU muchos tendrían que pagar la costosa atención médica que reciban para tratarse por padecer Covis-19. (Gao Xiang/Xinhua via AP)

Afortunadamente para él, su caso fue muy sonado y propició cambios. Y tras gestiones del gobierno federal, las compañías de seguros aceptaron esta semana cubrir el costo del proceso de diagnóstico para identificar si una persona tiene coronavirus, proceso que incluye pruebas de influenza (que es más común que el COVID-19 y usualmente se descarta primero antes de una prueba de coronavirus). Se cubriría esos test incluso aunque no se identifique coronavirus en el paciente.

Un enorme alivio para Martínez y otros en su caso.

Las comunidades más vulnerables

Pero, ¿qué pasa con aquellos que tienen seguros insuficientes o no tienen ninguno? En Italia o España, por ejemplo, países muy afectados por la epidemia, una persona puede acudir a un hospital público y recibir atención médica gratuita. Los límites no son la capacidad económica del paciente sino la capacidad del hospital de atender a grandes cantidades de personas con recursos limitados. Sea como sea, allí no le pasan factura al enfermo.

Una propuesta de ley presentada por la mayoría demócrata en la Cámara plantea que todo el costo de diagnóstico por coronavirus sea gratuito para todos, se tenga o no seguro médico, lo que daría a las personas la tranquilidad de examinarse sin temer crear un boquete en sus finanzas. La polarización política y la oposición republicana, con todo, hace muy incierto que ese tipo de medidas legislativas –que también incluyen licencia médica pagada y seguro de desempleo para quienes deban dejar de trabajar por tener COVID-19 o por haber perdido su trabajo por los efectos del parón económico causado la epidemia– lleguen a cristalizarse. Todo cuando se requieren acciones rápidas y urgentes al respecto.

Personas de escasos recursos, en especial minorías como los afroamericanos y los latinos pero también los anglosajones de bajos ingresos, los inmigrantes, sobre todo los indocumentados, las personas que sufren discapacidades y otros grupos vulnerables se encuentran especialmente en riesgo por no contar con cobertura médica ni dinero para pagarla.

Eso es un drama continuo y recurrente, pero que ante una pandemia cobra una dimensión angustiante: esa población podría sufrir un golpe mucho más severo del COVID-19 que otros grupos y, por añadidura, la existencia de poblaciones desatendidas eleva los riesgos de difusión de la epidemia.

Ciudadanos estadounidenses de muy bajos recursos podrían recibir ese servicio vía el seguro público Medicaid, al igual que las personas de la tercera edad que cotizaron en el sistema Medicare. Y quienes cuenten con seguro médico privado podrán lograr lo que Martínez Azcué. Pero eso deja a millones de personas fuera, entre ellos los inmigrantes de bajos recursos.

Y no es claro quién pagará por la atención médica que fuese necesaria si la persona requiere atención médica por padecer COVID-19. Dada la magnitud de esos tratamientos, el costo podría alcanzar niveles estratosféricos. Y aunque no se condiciona la atención médica de emergencia a un pago, tarde o temprano la factura alcanza al paciente o a sus familiares.

Trump dijo el miércoles que las aseguradoras habían acordado cubrir todo el costo de los tratamientos médicos para atender el COVID-19, pero eso resultó equívoco: las aseguradoras aclararon que solo el costo de las pruebas de diagnóstico será completamente cubierto.

El tratamiento es otra cosa, tanto si es en hospital como si se trata de visitas a personas en cuarentena en su hogar. Las pacientes deberán pagar una parte del costo, vía copagos, deducibles y demás, según las pólizas de su seguir. Eso puede sumar muchos miles de dólares por persona.

Y quien no tenga seguro tendría que pagarlo al 100%. Eso puede suponer un golpe durísimo, quizá la bancarrota, para muchas personas de medianos y bajos recursos, máxime cuando la posibilidad de que las familias pierdan ingresos y salarios por el parón económico es ominosa.

El plan de seguro médico público, universal y gratuito, bautizado como Medicare for All e impulsado por el movimiento progresista estadounidense, cuyos proponentes más destacados han sido Bernie Sanders y Elizabeth Warren, cobra en la presente crisis una luz nueva y fuerte. De existir ese sistema ahora, no habría el dilema de no ir a ser diagnosticado o atendido por el miedo al costo de todo ello.

Con todo, ese sistema no existe en Estados Unidos y establecerlo requeriría un largo proceso. Y cuál sería el escenario si, inclusive, la capacidad hospitalaria actual resultase insuficiente es aún más incierto.

Pero lo cierto es que las autoridades federales y locales, las instituciones de salud, las aseguradoras y otras instancias tendrán que lograr pronto acuerdos mayores, incluida legislación que amplíe las coberturas, para fortalecer al sistema y proteger mejor a la población ante la presente pandemia.

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