A Mouctar Diakhaby le ha tocado jugar en la liga equivocada

Guillermo Ortiz
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VALENCIA, SPAIN - 2021/03/12: Mouctar Diakhaby of Valencia CF seen during the Spanish La Liga football match between Levante UD and Valencia CF at Ciutat de Valencia stadium.
Final score; Levante UD 1:0 Valencia CF. (Photo by Xisco Navarro Pardo/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Photo by Xisco Navarro Pardo/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

El 8 de diciembre de 2020, el París Saint Germain jugaba su último partido de la liguilla clasificatoria de la Champions League ante el Istanbul Beseksahir. Aquello tenía aire de trámite hasta que de repente se empezaron a oír los gritos indignados de Pierre Webo, ex jugador de Osasuna y Mallorca y a la sazón entrenador asistente del equipo turco. El árbitro se acercó a su posición y le sacó la tarjeta roja pero ahí no paró la cosa: Webo seguía fuera de sus casillas, enfrentándose al cuarto árbitro e insistiendo: "¿A quién le llamas negro?, ¿por qué dices "echa al negro"?". No hubo insultos de por medio, no hubo probablemente voluntad de hacer daño pero hubo un menosprecio propio de una mentalidad racista que nos acompaña desde que tenemos uso de razón.

Pese a la importancia de la competición y pese a no tener muy claro en su momento qué consecuencias podía tener su acción, los jugadores del Beseksahir se retiraron del campo. Junto a ellos, haciendo piña, las multimillonarias estrellas del PSG, encabezadas por Mbappé y Neymar. El mensaje fue contundente, se retransmitió a todo el mundo y fue recibido con entusiasmo como un gesto llamado a cambiar unos hábitos nocivos en el deporte y en la vida en general. Nos equivocábamos. Ni cuatro meses después, en el Ramón de Carranza, la liga española vivía un momento muy similar con resultado muy distinto: pasado el ecuador de la primera mitad, el defensa del Valencia Mouctar Diakhaby se subía por las paredes, indignado ante algo que acababa de escuchar por parte del jugador del Cádiz, Cala.

Aunque esta vez, el árbitro al menos no le expulsó sino que se limitó a sacarle una amarilla y recomendarle que no protestara más, la cosa no hizo sino ir a peor hasta convertirse en un bochorno. Diakhaby insistía en que no solo le habían señalado como negro sino que le habían insultado. Al oír la versión de su compañero, los jugadores del Valencia tomaron rumbo a los vestuarios y a continuación lo hicieron los del Cádiz y el equipo arbitral. Parecía otro momento clave, como el de París, o como cuando en 2006, Eto´o decidió decir basta y marcharse del campo del Real Zaragoza ante los insultos racistas de los aficionados, pero quedó en nada. Igual que Eto´o al final decidió quedarse en el campo (y ganar el partido), los jugadores del Valencia decidieron continuar el partido, perderlo y dejar a su compañero en la grada, sustituido y doblemente señalado. La diferencia es que el gesto del barcelonista lo recordaremos siempre como una rebelión dentro de su época, lo del Valencia quedará como una vergüenza histórica.

Cuando la clasificación aprieta y ahoga cualquier activismo

En redes sociales, se comparó inmediatamente la situación de Diakhaby con la vivida por el jugador del Albacete, Roman Zozulya, cuando fue llamado nazi por la afición del Rayo Vallecano y el árbitro decidió suspender el partido tras consultar con la LFP. ¿Dónde estaba la LFP ahora? La propia UEFA había aceptado aplazar el partido de uno de sus equipos más poderosos a la espera de investigar qué había pasado exactamente, ¿no podía hacer lo mismo ahora Javier Tebas? Alguien dijo, y sonaba bien, que la diferencia entre ambos casos es que el Albacete no acepto salir al campo de vuelta y el Valencia, sí. Esa es solo parte de la verdad. La otra parte es que al Albacete nadie le exigió que volviera al campo y parece claro que al Valencia le presionaron, amenazándole, como dijo su propio capitán, José Gayá, tras el partido con perder los tres puntos "y algo más".

MADRID, SPAIN - FEBRUARY 28:  La Liga president Javier Tebas speaks during a media event for the foreign press members ahead of the 180th La Liga El Clasico (Real Madrid vs Barcelona) in Madrid, Spain on February 28, 2020. (Photo by Burak Akbulut/Anadolu Agency via Getty Images)
Javier Tebas, presidente de la LFP. Foto: Burak Akbulut/Anadolu Agency via Getty Images.

Ahí está la clave. Ninguno sabemos si a Diakhaby se le insultó o no. No ha salido nadie a decir con claridad: "Sí, yo lo he oído" y no hay imágenes ni audio disponible (aunque, ojo, igual aparece en cualquier momento, en un sentido o en otro). Lo que sí sabemos es que no es una práctica normal en ningún jugador inventarse un ataque racista, ganarse una tarjeta y quedarse sin jugar el resto del partido. En cualquier caso, es lo que el Valencia creyó. Los jugadores creyeron a su compañero y actuaron en consecuencia. ¿En qué momento pensaron "yo te creo, sí, y el racismo, fatal, pero, ojo, que nos quitan puntos"? ¿En qué momento la lucha contra un mal social quedó supeditada a la clasificación del domingo? 

La versión oficial dice que fue Diakhaby el que pidió a sus compañeros seguir jugando y que el club se mantuvo al margen. Hay versiones oficiales que las redacta el diablo. Si Diakhaby pidió a sus compañeros que continuaran el partido fue porque hubo una presión desmedida, porque la LFP se negó a dar ejemplo. Y es imposible creer que en una situación así, un club que ha luchado buena parte de la temporada por evitar el descenso y la consiguiente quiebra económica, se desentienda y diga "pues, no sé, chicos, como lo veáis". No se exige aquí al Valencia heroísmo alguno, aunque se le hubiera agradecido. No se pide al Cádiz que señale a un compañero y dé por buena una versión que posiblemente ninguno de los jugadores tenga confirmada de primera mano. Lo que se pide es un gesto por parte de la competición y sus organizadores. 

Diakhaby ha tenido la mala suerte de jugar en la liga española. Una mala suerte horrible porque no solo su equipo perdió, no solo su reivindicación quedó en nada, no solo sigue ahí su tarjeta amarilla en el acta y no solo se tuvo que quedar en la grada, desolado, viendo como el espectáculo continuaba sin él, sino que, además, Cala sí que jugó al menos hasta el descanso, cuando alguien le debió de decir a Álvaro Cervera que, en fin, incluso la ignominia tiene sus límites. En resumen, solo hubo un perjudicado y eso ante los ojos de todo el mundo. La polémica quedará en nada, ni siquiera en aviso, y los que vengan después ya saben lo que tienen que hacer: como borreguitos, quedarse en el campo y no decir nada. Al fin y al cabo, lo mejor que te puede pasar es que no te expulsen.

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