El Morro García solía regalar una sonrisa, mientras por dentro se desgarraba de dolor

Ariel Ruya
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El Morro García nos daba alegría, nos arrancaba una sonrisa. Era inevitable: su presencia sobre el campo de juego era un imán. Nos daba felicidad, con goles, lujos, desparpajo. Era un provocador querible, entrañable, uno de los indispensables en un medio dominado por la mecánica de lo que establecido. Mientras reíamos con sus travesuras, el Morro Garcia se iba muriendo por dentro. Se desgarraba de dolor. Víctima de una profunda depresión, se quitó la vida. Tenía 30 años. Y todo por delante.

Fue un peleador callejero en los suburbios de Montevideo. Quiso abandonar el fútbol. Luchaba -y tantas veces quedaba de rodillas- contra los excesos de todo tipo. Solía perder la batalla contra el gordura, imprescindible para la elite. No veía de noche: por eso usaba unos enormes anteojos detrás de escena. Estuvo preso luego de un bravío clásico uruguayo. "'Le pegué a todo lo que se movía', les dije, al declarar. En el video se veía casi todo, yo no me acordaba lo que hice, porque estaba enceguecido. Hasta me había peleado con los policías en el túnel, porque quería ir a buscar a los de Peñarol...", le contó a La Nación casi tres años atrás. Pasó la noche en un calabozo.

García había tenido una infancia dura, pasó por la cárcel y hasta pensó en dejar el fútbol
Fuente: LA NACION - Crédito: ignacio sanchez

Era un goleador exquisito. Un niño bravo convertido en un hombre vulnerable. El fútbol argentino sigue en estado de shock: Santiago García, el delantero uruguayo de Godoy Cruz, fue encontrado muerto este sábado en Mendoza. Según se supo, el ex futbolista estaba bajo un tratamiento psiquiátrico. Hallaron un arma al lado del cuerpo y la fiscal Claudia Rios empezó su trabajo en el departamento en el que residía García.

El mensaje de Godoy Cruz

Había nacido el 14 de septiembre de 1990 en Montevideo. Pasó por Nacional, Atlético Paranaense (Brasil), Kasimpasa (Turquía), River (Uruguay) y Godoy Cruz, en donde estaba desde el 2016. "Godoy Cruz es mi lugar en el mundo", advertía, tiempo atrás. Sin embargo, los últimos meses no fueron dóciles. Fue separado por la dirigencia y no veía un futuro próspero. "El ciclo del Morro García está terminado. Necesitamos líderes positivos. Hemos tenido líderes negativos. Tuvimos problemas complejos y no los pudimos resolver. Ahora lo vamos a resolver", había dicho José Mansur, el presidente.

El mensaje de Nacional

Al parecer, hacía más de un año que no podía ver a la hija, que vive en Uruguay, una situación que lo angustiaba. Había subido otros siete kilogramos, no tenía ánimo. Chacho Coudet lo quiso llevar a Racing años atrás, pero la secretaria técnica se inclinó por Darío Cvitanich. No pasó una revisión médica para incorporarse a Talleres en la etapa de Frank Kudelka. Julio Falcioni no le hizo lugar en Independiente. Una persona que lo conocía en la intimidad, envuelto en dolor, reconoció: "El Morro era muy difícil de gestionar".

García tenía un problema severo. El fútbol era apenas una parte de su vida... y su vida era una habitación sin ventanas. Se había convertido en una cárcel. Nació en el barrio Colón, en el Complejo Habitacional América, allí en donde el futuro nunca llega. "Aprendí mucho ahí: no ir hacia las cosas malas; en los barrios humildes hay mucha droga. Tenía que seguir otro camino; que dejara la joda y que me dedicara al fútbol. Tengo amigos que no pudieron escapar de esa situación", reflexionaba Santiago, que vivía con la abuela Julia; su mamá Claudia, una enfermera que trabajaba unas 15 horas por día, su hermano Gonzalo, tíos y primos.

En su paso por Brasil quiso abandonar el fútbol, por un extraño caso de dóping. Solía pasarla mal por su estado físico: "Siempre dicen 'El Morro está gordo, el Morro está gordo'. El que me conoce sabe cómo es mi físico. Soy grandote, soy culón", se defendía García, el Negro -así se lo conocía de chico-, el que admiraba al fútbol inglés y a Oscar Tabárez, el histórico entrenador de Uruguay. El que no aceptaba la discriminación: "Putear, me putean en todas las canchas. A mí no me molesta que me digan negro, porque soy negro y es un orgullo. Me tiran orín, ¡cualquier cosa! Es el folclore del fútbol. Al ser delantero, soy bastante resistido por algunas hinchadas; cuando les hago un gol, los miro, simplemente. Me río. Entonces, te putean más".

Algunos goles en Godoy Cruz

Con 51 goles, García es el máximo goleador en la historia de Godoy Cruz en Primera División. Fue también el máximo artillero de la Superliga Argentina 2017-18 con 17 tantos, el primer uruguayo en lograrlo desde Santiago Silva en el Torneo Apertura 2010. En los últimos meses, atacante no había tenido continuidad en el conjunto tombino. Por diferentes cuestiones, había sido apartado del plantel. En la Copa Diego Maradona sólo había disputado seis encuentros, tres de ellos como titular (no marcó goles). Sin lugar en Godoy Cruz, García se encontraba en Mendoza a la espera de un nuevo destino. A fines de enero estuvo aislado tras contagiarse de coronavirus.

"Los jugadores no somos robots, no estamos hechos de acero. Tuve varios problemas personales que fueron influyendo en mi rendimiento y no fue fácil", contó en otra entrevista. Con LA NACION, compartió otro tramo de su intimidad.

-Lejos del área, parecés otra persona.

-Cuando juego, soy serio. Soy de fastidiar a los compañeros, a los rivales, a los jueces. La gente que no me conoce piensa que soy un malhumorado o un soberbio. Si me ves por la calle, tengo cara de póker, camino derecho, ni te miro. Pero en la intimidad, soy relajado.

-¿Y los anteojos juegan en ese aspecto?

-No, no. No veo un choto... A la noche, en los partidos, se me dificulta un poco. No uso lentes de contacto, porque me cuesta un poco ponerlos y sacarlos. Cuando la pelota está arriba, me encandilan las luces. Lo voy llevando...

El Morro nos divertía, nos hacía bien. Queríamos que jugara en nuestro equipo. Mientras, él y su soledad destrozaron el hechizo.