Mohamed Katir, el poeta del mediofondo

Diario El País
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Las semanas que no está concentrado en Sierra Nevada, "mi segundo pueblo", Mohamed Katir, de 23 años, se entrena a veces en la pista de Cartagena junto a su compañero Mariano García, con quien comparte entrenador, Gabi Lorente, pero la mayoría de las veces se entrena en el descampado de Mula, Murcia, su pueblo. Solo. "Me encanta la soledad", dice. "Y el descampado es superbonito. En el centro hay como un lago y la pista de alrededor mide 800 metros, y hay también un bosque. Es muy tranquilo".

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Solo se acelera en Sierra Nevada los días de nieve y pista cerrada, como en enero, cuando tenía que estar vivo para llegar antes a los rodillos que los hermanos Ingebrigtsen, los dioses actuales del medio fondo europeo, que también se entrenaban allí. Y tanto respeta a los noruegos, sobre todo al pequeño, el fenómeno Jakob (que hace unos días dejó en 3m 31,80s el viejo récord europeo de los 1.500m en pista cubierta de Andrés Díaz), que aunque se sienta en el alma atleta de 1.500m, y tenga, empatado con Ignacio Fontes, la tercera marca europea del año (3m 36,90s), disputará en los Europeos la prueba de 3.000, donde es el mejor de Europa en 2021 (7m 35,29s), y sexto del mundo. Ahí solo teme a Adel Mechaal, el otro español con fuego en los pies en la distancia.

El temor le va fatal a Katir en la final del campeonato de España, donde se pone al frente a falta de 1.400 metros y le hace de liebre a Mechaal, más veterano, que juega un poco con su ansia, le supera fácil en la última de una carrera lentísima (8m 20,17s) y sentencia: "Katir acaba de empezar, aún tiene que seguir aprendiendo". Y Katir, que ya sabe que en el deporte unas veces se gana y otras se aprende, acepta el consejo. "Soy malísimo en las carreras lentas", dice. "Y tenía que haberme puesto detrás de Mechaal, en vez de tirar, pero voy aprendiendo, sí, quedan muchas carreras por delante".

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Por las noches, cuenta el atleta, sus 23 años recién cumplidos, esbelto como un junco, flexible como una vara de chopo, pisada ligera, como si no quisiera hacer ruido, se prepara para ser bombero y lee poesía, lee a Machado, poesía de paisajes, de la tierra, no de amores, y también escribe poemas, que no enseña porque es tímido y le da vergüenza.

En la pista sigue siendo solitario, pero no tímido, casi exhibicionista, en cambio, y así corre su semifinal el viernes con un ataque de regalo a 700m que los demás competidores observan a la distancia.

Como Mechaal, Katir nació en Marruecos y llegó de niño a España, con sus padres, inmigrantes. "Procedemos de Larache. Mi padre es marroquí y mi madre, egipcia", dice. "Pero no me preguntes nada de Marruecos porque no me acuerdo de nada, tendría cuatro o cinco años cuando vine, y todo fue un poco jaleo". Vive aún con sus padres en Mula, la capital de las conservas, un pueblo en el que las referencias deportivas son los hermanos Sánchez, Luis León, ciclista, y Pedro León, futbolista. "Y yo empecé de futbolista, en los alevines del Huesca", recuerda Katir. "Pero un día gané una carrera en la escuela, me vieron los técnicos y me lancé al atletismo. Y se me da mejor que el fútbol".

Y hay una prueba en atletismo que se le da mejor que el 3.000m, y es el 1.500m, la favorita de los aristócratas de la pista. "Voy al Europeo en 3.000 también porque he estado muy bien en la distancia, pero en Tokio, en los Juegos, estaré en 1.500m", dice. "Si en pista cubierta he corrido en 3m 36s, al aire libre valgo 3m 31s o 3m 32s".

"Puede ser nuestro tapado para los 1.500m de Tokio", profetiza Jorge González Amo, milquinientista histórico y coordinador de la media distancia en la federación española, y Katir lo oye y habla de su admiración por Fermín Cacho, el dios español de los 1.500m. "Batir su récord nacional de 1.500m (3m 28,95s) es casi una tarea imposible, pero sería increíble batírselo", dice el atleta de Mula. "El 1.500m es la distancia más complicada y que más posibilidades tácticas ofrece. Y me va muy bien. No soy tan explosivo como Mariano García, pero tengo un cambio muy bueno a falta de 800m, que puedo mantener mucho tiempo, y luego soy capaz de meter otro cambio en los últimos 100 metros. Soy más como Reyes Estévez, de ataques en progresión".

Lo proclama y se va contento, corriendo como un niño con zapatos nuevos, que es lo que es, en realidad. "Estreno zapatillas. Mi marca, Asics, ya me ha dado el último modelo", explica. "Antes, cuando no había hecho estas marcas, aún corría con las viejas".

Carlos Arribas © El País