Modric, Dalic y el futuro de Croacia

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Madrid, 29 jun (EFE).- La despedida en los octavos de final de la Eurocopa 2020 deja un presente sombrío y un futuro por descubrir en la selección de Croacia, subcampeona del mundo y a medio camino entre una reconversión definitiva o un colofón tensado hasta Catar.

El conjunto balcánico no dio síntomas positivos en la competición continental de donde fue despedida por España. Al contrario, desveló ciertos indicios de impotencia solo disimulados por el carácter batallador que históricamente auxilia su personalidad.

Fue inferior a Inglaterra, no se impuso a la República Checa y solo fue capaz de ganar a Escocia, un rival menor, a la que sometió por el talento individual de sus futbolistas. Igual que contra el conjunto español en octavos. Hizo tres goles a pesar de tirar solo dos veces a puerta y forzó la prórroga beneficiado por el vaivén del partido y arropado por la épica en el tramo final.

Ni siquiera las ausencias de Dejan Lovren y, sobre todo, de Ivan Perisic sirven de excusa al conjunto de Zlatko Dalic, puesto en cuestión tras la fragilidad mostrada por un equipo nacional del que se esperaba más combatividad en el torneo.

Nunca se le ha dado bien la Eurocopa a Croacia. No tiene tradición en el Viejo Continente. En sus cinco participaciones nunca sobrepasó los cuartos de final que alcanzó solo en dos ocasiones. De Francia, por ejemplo, con una de las mejores generaciones de su historia y dos años antes del éxito en el Mundial, fue despachado en octavos. Como ahora.

La eliminación, y sobre todo la imagen, pone en cuestión la labor de Dalic. La prometedora lucha por el centro del campo en Copenhague no fue tal y el seleccionador balcánico impuso un planteamiento conservador, prudente en exceso. Sin entrar en la puja por el balón. A la espera del fallo de su rival. Solo se desató con el marcador en contra y el partido perdido.

Dalic no termina de dar el paso al frente definitivo para hincar el bisturí en un plantel condicionado por los años. El aire fresco inyectado en el equipo ha sido por necesidad. Más por las despedidas que por la irrupción de nuevos talentos en su fútbol.

Josko Gvardiol ha sido una de las pocas buenas noticias croatas. Un lateral batallador, cumplidor, reclutado por el Leipzig para la próxima temporada, que no marca diferencias en una zaga sostenida por la vieja guardia que conforman Dimagoj Vida o Dejan Lovren.

Croacia está a expensas de Luka Modric. A sus treinta y cinco años es el incuestionable líder. Una condición que ni Mateo Kovacic ni Marcelo Brozovic, con una edad ideal y en plena madurez, son capaces de cuestionar.

El centrocampista del Real Madrid echa el cierre al curso con casi sesenta partidos en sus piernas entre los de su club y los del equipo nacional. Y nada es eterno. Croacia tiembla ante la posibilidad de que su capitán medite el punto y final a su trayectoria en la selección después de este torneo. Indiscutible como titular, como fijo a pesar de los años, el jugador blanco barrunta alargar su aportación como internacional hasta Catar, para el que queda año y medio. Por ahora, es insustituible.

Dalic, el hombre que reordenó a la selección croata y el que la llevó hasta la final de Rusia, tiene contrato hasta el final de la fase de clasificación para el Mundial.

El preparador bosnio tiene trabajo por delante. Croacia ya no es la misma del 2018. Cuatro de los titulares de entonces, entre otros, ya no están: ni el portero Danijel Subasic, ni el lateral Ivan Strinic, ni el centrocampista Ivan Rakitic o el delantero Mario Mandzukic además de alguno más como Verddan Corluka.

Croacia tiene cosas que cambiar. Se marcha de la Eurocopa con ocho goles encajados en cuatro partidos y aunque frente a España hizo tres, hasta los octavos solo había anotado dos en tres encuentros.

Dalic ha dado tumbos en el ataque. Solo fijo Perisic ha alternado con Ante Rebic, Josip Brekalo o Andrej Kramaric antes de inclinarse por Nikola Vlasic y Bruno Petkovic. No hubo noticias hasta el último partido de Mislav Orsic, una de las sensaciones del Dinamo Zagreb, autor del triplete al Tottenham en la Liga Europa. Tampoco de Ante Budimir, el jugador del Osasuna.

Pero más allá de eso, Croacia carece de una idea. De un sistema que le haga reconocible en los partidos. La inspiración y el carácter son sus armas.

El camino hacia Catar no está despejado para Croacia. Ni mucho menos. Forma parte del Grupo H para el Mundial que comparte con Rusia, Eslovaquia, Chipre, Eslovenia y Malta. Perdió con Eslovenia, ganó a Chipre y Malta. Juega en Moscú con Rusia el 1 de septiembre, en Bratislava contra Eslovaquia el 7 septiembre. Dalic tiene mucho por hacer y nada está claro. Con o sin Modric.

Santiago Aparicio

(c) Agencia EFE

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