¿Y si un pequeño cambio consiguiera mitigar los efectos climáticos de las estelas de avión?

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Estelas de condensación de vapor de agua | imagen Dave Ellison/Universal Images Group
Estelas de condensación de vapor de agua | imagen Dave Ellison/Universal Images Group

Seguir la ingente cascada de noticias científicas, en una variable e impredecible actualidad como la nuestra, lleva implícitas enormes dosis de paciencia y una capacidad de adaptación a las nuevas actualizaciones que aparecen casi a diario. Hoy aparece un estudio que indica un camino a seguir en una determinada investigación, y al día siguiente se publica otro diferente que lo matiza o incluso lo contradice. No es malo, de ningún modo, de hecho esta es la manera en la que funciona la ciencia: unos investigadores suecos descubren y publican unos resultados, y más tarde un equipo de científicos australianos, aportando nuevas pruebas, cambian las conclusiones anteriores o las dirigen hacia una dirección diferente. Derribando mitos, desmontando conclusiones y teorías erróneas… así ha sido el avance del conocimiento de ser humano en los siglos que nos precedieron y también será así en los que nos sucedan.

Por eso es muy aconsejable no tener excesivos dogmas en ciencia y poseer una buena dosis de sano escepticismo ante los grandes titulares. Lo que un día parece una conclusión asentada y confirmada puede ser desmantelada, rápidamente y sin protestas, si aparecen nuevos datos o claras evidencias científicas en su contra. Si quieres estar al día del conocimiento científico que consigue el mundo en el que vives, debes estar dispuesto a actualizarte y cambiar de opinión ante las nuevas pruebas… y esto es precisamente lo que ha ocurrido esta semana con uno de los asuntos más confusos y preocupantes de los últimos años: la contribución al calentamiento global de las estelas de condensación de los aviones.

Por supuesto no hablamos de las tan ridículas como extendidas conspiraciones de los chemtrails, unas teorías absurdas que se desmontan casi sin usar la física más básica. En este caso se trata de las estelas de condensación que se producen cuando los gases (mayoritariamente Hidrógeno) que expulsa el avión se enfrían rápidamente, debido a las bajas temperaturas a esas altitudes, y se convierten en cristales de vapor de agua.

Estas estelas de condensación representan un peligro más acuciante que las conspiraciones sin sentido, porque durante las últimas décadas hemos confirmado que actúan como elemento acelerador del cambio climático tan importante que incluso en estudios recientes apuntan a que estas estelas pueden contribuir tanto o más que todos los vuelos al calentamiento del planeta. Es fácil pensar que son pequeñas y que no deberían tener tanto impacto, pero en realidad se alargan durante kilómetros, el viento las puede extender, y con las condiciones adecuadas pueden mantenerse durante horas. Docenas y docenas de aviones recorren los cielos a diario, siguiendo las mismas rutas, mezclando y acumulando las estelas nuevas con las viejas, formando verdaderas acumulaciones de vapor de agua que se esparcen por cientos de kilómetros cuadrados.

Esas estelas, extendidas como un manto, atrapan el calor que debería escapar de la Tierra y aumentan el efecto invernadero. Conforme los vuelos y desplazamientos se multiplican gracias a la globalización, un mayor número de estelas incrementa el calentamiento de nuestro planeta a un ritmo acelerado, hasta tal punto que la NASA calcula que su efecto podría llegar a triplicarse de aquí al año 2050.

Modificando la altitud de solo el 2% de los vuelos se conseguiría mitigar hasta un 60% de los efectos de las estelas de condensación | imagen Stettler et al.
Modificando la altitud de solo el 2% de los vuelos se conseguiría mitigar hasta un 60% de los efectos de las estelas de condensación | imagen Stettler et al.

Todos los estudios hasta el momento nos presentaban un problema grave y de muy difícil solución. Las únicas alternativas que parecíamos tener era o limitar drásticamente los trayectos en avión (a la espera del eterno desarrollo de un avión comercial eléctrico) o resignarnos a tener un potente factor de incremento en el calentamiento global al que no podíamos hacer frente. Sin embargo, un estudio publicado hace tan solo unos días, nos muestra que en ciencia pocas cosas son definitivas y que una buena parte de esta cuestión casi irresoluble podría solucionarse con unos pequeños, pero inteligentes, cambios y adaptaciones. El artículo se titula “Mitigación del impacto climático de las estelas de aeronaves mediante desviaciones a pequeña escala y adopción de tecnología” y sus esperanzadoras conclusiones nos dejan con un mejor sabor de boca.

La investigación la presentan científicos del Imperial College del Reino Unido y comienza con un dato sorprendente: un pequeño número de vuelos son los creadores de la mayor parte del problema. Tan solo el 2,2% de los vuelos que se realizan en el mundo son responsables del 80% del calentamiento relacionado con las estelas de condensación. Es una gran noticia, esto significa que con cambios en un pequeño porcentaje de vuelos se puede conseguir un gran y beneficioso impacto general. Pero aún queda una noticia mejor: Se podría evitar la formación de las estelas con solo con modificar levemente la altitud de los vuelos.

Las estelas de vapor se forman solo cuando el aire está muy saturado con moléculas de agua que se condensan, se convierten en cristales de hielo y terminan formando estelas o incluso nubes enteras. Sin embargo, a menudo, esta saturación se limita a una estrecha franja a una determinada altura y los aviones podrían encontrar áreas más secas, limitando así la formación de estelas, utilizando altitudes de vuelos más altas o más bajas.

Visualización de los vuelos sobre Japón el 07 de mayo de 2012, trayectorias y altitudes | imagen Stettler et al.
Visualización de los vuelos sobre Japón el 07 de mayo de 2012, trayectorias y altitudes | imagen Stettler et al.

Recopilaron los datos de todos los vuelos realizados en Japón en 2012 (ya que podían acceder a las posiciones exactas de los vuelos reales), les incorporaron datos meteorológicos y utilizaron las potentes capacidades de una supercomputadora para averiguar qué vuelos tenían más probabilidades de crear estelas y cuáles tendrían más impacto. Imagino la sonrisa que se les debió dibujar en la cara cuando comprobaron que tan solo cambiando la altitud del 2% de los vuelos en unos 2.000 pies (ya fuera hacia arriba o hacia abajo), se podría reducir el impacto de las estelas en casi un 60%. "Solo habría que modificar las altitudes en un 2% de los vuelos, es una manera realmente rápida de que la industria de la aviación pueda abordar su impacto en el clima", explicaba en Wired uno de los responsables del estudio.

Acostumbrados a escenarios duros y difíciles de corregir, es un alivio comprobar que, al menos de vez en cuando, surgen estudios que proponen soluciones fáciles y sencillas. Como en cualquier investigación, el siguiente paso natural será confirmar estos resultados en otros lugares y países, con más datos de vuelos diferentes. Y evidentemente, convencer a las grandes aerolíneas de que, si los cálculos resultan correctos, deben corregir las altitudes en determinados vuelos para reducir el impacto climático de sus trayectos… curiosamente, esto es lo que más difícil me parece puesto que las rutas de estas aerolíneas están específicamente diseñadas para ahorrar combustible y por tanto, ahorrar dinero. Lograr un acuerdo, a nivel mundial, que ofrezca garantías entre el cambio sugerido de altitudes, el dinero que costará esos cambios a las compañías, el combustible que se gastará de más en las nuevas rutas… un equilibrio que será complicado alcanzar.

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Referencias científicas y más información:

Teoh, Roger, et al. “Mitigating the Climate Forcing of Aircraft Contrails by Small-Scale Diversions and Technology Adoption”. Environmental Science & Technology, vol. 54, n.o 5, marzo de 2020, pp. 2941-50. ACS Publications, DOI:10.1021/acs.est.9b05608.

Alex Davies “Plane Contrails Have a Surprising Effect on Global Warming” Wired

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