¿Quién debe ser la abanderada de España en Tokio? La nueva norma del COI reabre el debate

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Rafael Nadal fue el abanderado español en la inauguración de Río 2016. Foto: Jamie Squire/Getty Images.
Rafael Nadal fue el abanderado español en la inauguración de Río 2016. Foto: Jamie Squire/Getty Images.

Cada vez que se avecinan unos Juegos Olímpicos llega un debate recurrente y que nunca se termina de resolver de manera contundente. ¿Qué deportista debe tener el honor de llevar la bandera nacional durante el desfile de la ceremonia de inauguración? En vísperas de Tokio 2020 de momento no se había montado excesivo ruido al respecto, estamos ocupados con otros problemas más graves, pero con el encendido del pebetero en el Estadio Nacional en el distrito de Shinjuku previsto para el próximo 24 de julio, no se tardará en hablar de ello otra vez.

Sobre todo porque el Comité Olímpico Internacional ha hecho un cambio de normativa que va a suponer toda una revolución. En su afán por convertir el olimpismo en un movimiento más igualitario, acaba de decidir que a partir de estos juegos cada país podrá presentar no uno, sino dos abanderados: un hombre y una mujer. No se trata de una regla estricta de cumplimiento obligado, pero el COI sí “recomienda” seguirla.

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En el caso español, por una vez, no iba a haber demasiadas dudas. Siguiendo la reglamentación interna del Comité Olímpico nacional, el mástil con la enseña rojiamarilla debe estar en manos del deportista clasificado con mejor palmarés olímpico, y en este sentido nadie iguala a Saúl Craviotto; el piragüista ilerdense puede presumir de dos oros (Pekín y Río), una plata y dos bronces. La posibilidad de que el portaestandarte fuera Sergio Ramos en caso de que acudiera convocado con la selección de fútbol, de la que se habló hace unos meses, se acabó descartando por absurda.

El debate con Craviotto se había planteado porque, por razones obvias, por muy buena que haya sido su trayectoria previa, el abanderado tiene que ser un deportista clasificado para la presente edición de los juegos, y el remero no tenía su plaza asegurada hasta el pasado mes de diciembre. Como alternativas se habían presentado más nombres, algunos de los cuales precisamente eran de mujeres. Con esta nueva reglamentación del COI pueden tener la oportunidad de ir no en lugar de Saúl, sino junto a él.

Entonces, ¿quién merece ser la “co-abanderada” española? Hay varias posibilidades, todas ellas con notable mérito deportivo. Si se sigue el mismo criterio del palmarés, le debería corresponder a Mireia Belmonte. La nadadora suma cuatro medallas: una de oro (en Río), dos de plata y otra más de bronce. Sencillamente ninguna otra tiene mejores números que ella.

Otra opción digna de tener en cuenta es la de Lydia Valentín. La levantadora de pesas suma un oro (en Londres), una plata y un bronce. Pero en su caso se da una circunstancia peculiar: salvo el tercer puesto en Río, las otras dos preseas no le fueron entregadas en el momento de disputarse la competición, sino años después, cuando se descubrió que sus rivales iban dopadas. Concederle llevar la bandera sería una forma de desagravio, de devolverle los momentos de gloria que le robaron, y más teniendo en cuenta que tiene ya 35 años y que, salvo sorpresa mayúscula, estos serán sus últimos Juegos.

Este factor, el reconocimiento a una carrera deportiva brillante y el hecho de que posiblemente carezca de más oportunidades, es el que juega a favor de Sandra Sánchez. La karateka talaverana, que este año va a cumplir 39, está considerada una de las mejores de todos los tiempos en la modalidad de kata, después de permanecer tres años en el primer puesto de la clasificación mundial. Si su deporte hubiera sido olímpico no cabe duda de que habría sumado numerosísimas medallas; el problema es que el karate ha permanecido mucho, demasiado tiempo fuera del programa. Tokio lo ha incluido, pero los competidores se temen que en París 2024 vuelva a desaparecer.

Carolina Marín también es una opción de la que se ha venido hablando. La jugadora de bádminton ya ganó el oro en Río 2016, en su primera participación, y suma tres campeonatos mundiales y cuatro europeos. Es, sin duda, una de las mujeres a más alto nivel en el deporte español en la actualidad. En su contra juega su juventud: precisamente su trayectoria olímpica por ahora se limita a la presencia en Brasil hace cuatro años. Si sigue rindiendo como hasta ahora no cabe duda de que para París 2024 será una de las opciones más firmes.

Tampoco hay que descartar la posibilidad de que con Craviotto vaya otra piragüista; no en vano es uno de los deportes que más gloria están dando a España en los últimos tiempos. Un ejemplo claro es la vasca Maialen Chourraut, que es la vigente campeona olímpica en eslalon K1 en aguas bravas y además también logró el bronce en Brasil. Si consiguiera un triunfo en Tokio se colocaría en lo más alto del palmarés histórico español. A punto de cumplir 37 años, probablemente esta sea su última oportunidad tanto para lograrlo como para llevar la bandera.

Quizás incluso se podría optar por un cambio de paradigma. Si bien ganar una medalla es lo máximo que se puede conseguir, ya el hecho de clasificarse para unos Juegos es una proeza al alcance de muy pocos. Y nadie lo ha logrado tantas veces como la también piragüista Teresa Portela. La gallega tendrá 38 años este verano, cuando participe en una competición olímpica ¡por sexta vez! Además de que su palmarés tampoco es ni mucho menos malo: en los Mundiales ha sumado 15 medallas, dos de ellas de oro, y también ha sido siete veces campeona europea.

Ona Carbonell habría sido una opción interesante. La capitana de la selección nacional de natación sincronizada ya fue capaz de ganar dos medallas, de plata y bronce, en Londres 2012. Sin embargo, en septiembre del año pasado anunció su retirada temporal porque tenía intención de ser madre; de hecho, hace apenas unos días hizo público su embarazo.

En definitiva, son muchas las mujeres dignas del honor de llevar la bandera, siguiendo la apuesta del COI por darle más visibilidad al deporte femenino (que se complementa con la obligación para todos los países participantes, también a partir de Tokio, de llevar al menos un deportista de cada sexo). Ahora está en manos de las autoridades deportivas españolas decidir quién será la agraciada. La elección no va a ser nada fácil.

Y tú, ¿quién crees que merece ser la abanderada española? ¿Se te ocurre alguna otra candidata que merecería estar ahí? ¿Te parece bien que vaya a haber dos abanderados? ¡Deja tu opinión en los comentarios!

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