Por qué nos preocupa tanto Mireia Belmonte a una semana de los JJOO de Tokio

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CASTELLON DE LA PLANA, SPAIN - DECEMBER 06: Mireia Belmonte of the Spain Team looks on during the Castellon TICC 2020 International Trophy at the Gaeta Huguet pool on december 6, 2020, in Castellon de la Plana, Spain. (Photo by Ivan Terron / Europa Press Sports via Getty Images)
Photo by Ivan Terron / Europa Press Sports via Getty Images

El pasado lunes, Mireia Belmonte renunciaba oficialmente a defender su medalla de oro olímpica en los 200 metros mariposa, su prueba fetiche. No era una noticia inesperada pero sí triste y que confirmaba los peores presagios: Mireia no está a su mejor nivel competitivo. En declaraciones al diario El Mundo, el seleccionador nacional y entrenador personal de la catalana durante años, Fred Vergnoux, reconocía que aún le dolía demasiado el hombro como para competir con un mínimo de garantías... y es razonable que una gran campeona no quiera arrastrarse por la piscina. No es un espectáculo agradable para nadie.

A sus 30 años, Mireia, obviamente, está en el ocaso de su carrera. Desde su oro olímpico en Río 2016 y mundial en Budapest 2017, todo le ha venido mal dado. En 2018, fue una sucesión de ataques de vértigo. En 2019, las primeras tendinitis y problemas en el hombro. En 2020, un confinamiento severo, como el del resto de la población... y 2021 no pinta mejor para una nadadora excelsa, la mejor con diferencia de la historia de la natación española. En Tokio, la podremos ver en los 800 y los 1500 metros libres y puede que en el 4x100 estilos, otra prueba que siempre se le ha dado bien pero que dependerá ahora de cómo pueda asimilar los esfuerzos.

¿Qué posibilidades de medalla tiene en estas pruebas? Muy escasas. En 2019, Mireia aún fue competitiva en algunas pruebas de la Copa del Mundo, pero el dolor la hacía ser irregular y según sus propias palabras ese dolor le ha impedido levantar el brazo hasta hace pocos meses. Por eso, ella y su equipo han elegido pruebas de fondo para la que probablemente sea su despedida de las competiciones de élite. En 800 y 1.500 no tendrá nada que hacer con la "marciana" Katie Ledecky... pero son pruebas que no exigen tanto al no ser tan explosivas. Pruebas que demandan una brazada más ligera, más suave, sobre todo en las primeras vueltas, hasta que el brazo empieza a calentarse.

Aparte, son pruebas en las que normalmente no hay grandes nombres. De entrada, estos Juegos Olímpicos serán los primeros en los que se disputen los 1.500, que sí se disputaban en los mundiales. De hecho, Mireia fue plata en 2017. En estas distancias, puede utilizar su habitual táctica de ir de menos a más y conseguir resultados que no podría conseguir en pruebas más explosivas y que machacarían sus articulaciones. Ahora bien, estamos hablando de llegar a una final como un gran éxito, como una enorme despedida. Pensar en una Mireia medallista es ahora mismo ciencia ficción, pero de ciencia ficción están hechas las historias olímpicas, claro. Hace una buena serie, se clasifica entre las ocho mejores y una vez ahí, con la experiencia que acumula... quién sabe.

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No lo descartemos pero desde luego no contemos con ello y no le metamos presión. Mireia tuvo serios problemas para gestionar dicha presión hasta que consiguió sus primeras medallas en Londres. Cuando entendió bien su lugar entre las más grandes estrellas, lo asumió y dejó de escuchar a los críticos, fue imparable, consiguiendo la triple corona (Europeo-Juegos-Mundial) en solo dos años. Dejó atrás sus problemas de ansiedad, de asma y de alergias y respondió en la piscina a todas las expectativas creadas fuera de ella. No repitamos errores del pasado: Mireia ha ido a Tokio a competir, por supuesto, pero, desgraciadamente, no está para ganar. Contemos con ello a la hora de evaluarla.

Según uno investiga en el tema, da la sensación de que no se ha contado del todo bien la historia de su lesión, probablemente más grave de lo que se ha dicho. Saldremos en breve de dudas porque en poco más de una semana empiezan los Juegos. Llevado al extremo, cabe considerar si Mireia hubiera participado en Tokio de no ser la co-abanderada junto a Saúl Craviotto. Para un Rafa Nadal o para un Pau Gasol, ser el abanderado de tu país en una cita olímpica es maravilloso... pero sus deportes van mucho más allá de los Juegos y su fama dura los 365 días del año. Para alguien como Mireia, para una nadadora que sabe que los Juegos son su gran prueba de fuego, el reconocimiento de salir delante de toda la delegación española es un honor indescriptible.

Así que ahí estará Belmonte. Dolorida pero sonriente. Si nos sorprende en lo deportivo, nos alegraremos por ella. Si no consigue ni colarse en la final de ninguna de las pruebas que nada... apreciaremos en su dolor lo grande, lo enorme que ha sido para su disciplina y para el olimpismo en general. Cuatro medallas en Juegos y seis en Mundiales. No es, ni mucho menos, cualquier cosa. Disfrutemos de Mireia como desgraciadamente estamos teniendo que disfrutar de los últimos bailes de tantos de nuestros ídolos a los que la edad y el físico empiezan a pasar factura. Esperemos, sobre todo, que ella también pueda unirse a la fiesta aunque sea una fiesta fría, sin público, una despedida de madrugada, cuando todos duermen.

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