La rebelión de Pence tras cuatro años apoyando el discurso incendiario de Trump

Javier Taeño
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El año 2021 ha empezado de forma convulsa en Estados Unidos. El coronavirus sigue batiendo nuevos récords (3.988 en un solo día) y el asalto al Capitolio por parte de los seguidores de Trump, a menos de dos semanas de su relevo al frente de la Casa Blanca, ha puesto en duda la fortaleza de las instituciones.

En mitad del caos, con la desidia del magnate en los últimos coletazos de su presidencia y con Biden sin todavía acceso al poder, ha emergido la figura del vicepresidente Mike Pence. El político de Indiana tomó el control de la situación en los altercados y fue el que ordenó el despliegue de la Guardia Nacional para contener a los manifestantes, mientras que Trump intentaba retrasar la decisión.

Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos. (Photo by congress.gov via Getty Images)
Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos. (Photo by congress.gov via Getty Images)

No ha sido el único momento en el que se ha enfrentado a su ‘jefe’ en los últimos días, ya que rechazó su petición de no certificar la victoria de Biden en las elecciones. Una circunstancia que hizo que fuera acusado desde la Casa Blanca de no tener “la valentía de hacer lo que debería haber hecho para proteger a nuestro país y a nuestra Constitución”.

Su papel en estos últimos momentos del mandato de Trump ha sido muy alabado, pero contrasta con sus actuaciones durante los cuatro años de presidencia del magnate. Y es que Pence siempre se ha caracterizado por la defensa acérrima de todas las decisiones que tomara su ‘jefe’, haciendo gala en todo momento de una gran lealtad. Quizás por eso ha sorprendido ahora tanto que marque distancia con el magnate.

Después de que Trump se impusiera en las primarias en 2016, eligió a Pence como compañero de fórmula. El por entonces gobernador de Indiana era una figura muy apreciada en el partido, gran defensor del cristianismo y de las ideas ultraconservadoras. El vicepresidente está en contra de los inmigrantes, niega el cambio climático, se opone a que las mujeres cobren lo mismo que los hombres y ha dedicado en las últimas décadas numerosos descalificativos a los miembros de la comunidad LGTB.

Así, no es de extrañar que haya sido un fiel seguidor de Trump en algunas de las medidas más polémicas de su mandato como la construcción de un muro en la frontera con México, la separación de familias de inmigrantes, rechazo a mayores derechos LGTB o la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París. Su lealtad ha quedado demostrada en numerosas ocasiones.

Una de las más sonadas fue en 2019 cuando el presidente tenía decidido bombardear Irán tras el consejo de sus asesores. Pence estaba de acuerdo. Media hora antes del ataque Trump cambió de opinión, una decisión que no compartió nadie, excepto el vicepresidente que le reiteró nuevamente su apoyo.

Pence siempre ha sido un fiel seguidor de Trump. (Photo by MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)
Pence siempre ha sido un fiel seguidor de Trump. (Photo by MANDEL NGAN/AFP via Getty Images)

La última muestra fue después de las elecciones cuando legitimó el discurso presidencial de que los comicios habían sido fraudulentos a pesar de no tener ninguna prueba. Solo cuando restaban dos semanas para la toma de posesión de Biden y tras desacreditar los jueces las acusaciones ha dado la espalda al magnate. ¿Por qué?

Las posibles explicaciones

Una de las posibilidades es que simplemente piense que Trump ha ido demasiado lejos. Una cosa es clamar por un supuesto fraude electoral sin pruebas y otra muy distinta es la realización de acciones que pueden tener graves consecuencias. En este sentido, si se hubiera negado a validar los resultados electorales estaría incurriendo en una ilegalidad, incluso en un intento golpe de Estado.

El asalto al Capitolio podría haber sido también la gota que colmara el vaso. Ante la pasividad de Trump, él se habría visto en la obligación de detener el intento y marcar un perfil que no se le ha visto en cuatro años.

Otra posibilidad es que haya esperado a tener la certeza de la caída de Trump para marcar distancia, blanquear su figura y evitar ser relacionado, en la medida de lo posible, con todas las polémicas que han jalonado el mandato del magnate.

El asalto al Capitolio pudo ser la gota que colmó el vaso. (AP Photo/Andrew Harnik)
El asalto al Capitolio pudo ser la gota que colmó el vaso. (AP Photo/Andrew Harnik)

Pese a que han ido de la mano todo este tiempo, la decisión de Pence de coger las riendas ha sido ampliamente aplaudida, mientras que el neoyorquino ha sido incluso acusado de promover el golpismo. En este sentido ha podido esperar hasta estar seguro de que Trump no iba a gobernar más (y él no iba a ser vicepresidente) para reaccionar.

Finalmente hay otras posibilidades más complicadas, pero que también podrían darse. Quizás Pence quiera presentarse dentro de cuatro años a las elecciones (igual que ha hecho Biden) y la mejor manera de lanzar su carrera sea enfrentarse al que fue su aliado. De esta manera marca sus señas y se presenta como el gestor ante las crisis que Trump no fue capaz de ser.

Sea lo que sea el próximo 20 de enero se abrirá una nueva etapa en Estados Unidos en la que los demócratas ocuparan el poder. Está por ver si la polarización y la confrontación permanente de la era Trump quedan por fin desterradas.

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