Miguel Angel Russo volvió a las fuentes y Boca dobla la apuesta en la Copa Libertadores

Román Iucht
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Una mezcla de alegría y alivio invade al Mundo Boca desde hace ya algunas horas. La clasificación para las semifinales de la Copa Libertadores, ubica al equipo de Russo en el lugar en el que las proyecciones lo situaban de mínima.

La doble competencia con actuaciones dispares en el último mes, le permitió al entrenador sacar algunas conclusiones y volver a las fuentes.

A la hora de la verdad, lo habitual es repetir aquello que otorga seguridad. Lo aprendido y ensayado infinitas veces se impone por sobre lo improvisado, aun cuando el margen para la espontaneidad siempre ocupe un espacio. En el momento en el que el pulso no debe fallar, el ensayo metódico acerca al éxito con un grado elevado de certeza.

Después de varias pruebas, Russo lo tuvo claro. Si la mejor expresión de su obra fue la del primer trimestre del año, entonces debía volver a esa frecuencia.

Cardona es un ejemplar único en el catálogo por sus virtudes para organizar el juego, pero sus apariciones en dosis homeopáticas lo vuelven poco fiable. Capaldo es un gran proyecto de mediocentro, pero al lado de Campuzano pierde gravitación en el quite y queda expuesto a sumar en la faceta ofensiva, tarea que a todas luces no es la que mejor conoce.

Hechas las cuentas, y sin un fallo unánime que los impusiera por la prepotencia de sus virtudes, Russo aplicó su frase de campaña y desde el "son momentos, son decisiones", volvió a la idea de inicio.

Con la ausencia de Pol Fernández el equipo perdió fluidez, manejo de tiempos y juego interior. Nada ni nadie había podido maquillar su ausencia. Un par de partidos locales como experimento, y cincuenta minutos ante Racing, le alcanzaron a Diego González para acomodar de forma más prolija una parte del rompecabezas que parecía definitivamente desarticulado. No es lo mismo, pero puede parecerse al modelo original. El "Pulpo" llegó para quedarse.

Boca le ganó a Racing y esta en semifinales.
Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Lo mismo ocurre con Soldano. Utilitario por definición, él juega "peor" para que el equipo juegue "mejor". Es tan real que siendo el 9 de Boca sus números no resisten análisis, como que ya no tiene sentido debatir acerca de su escaso vínculo con el gol, en la medida en que sus movimientos permiten una mejor llegada de Tevez al tercio final del campo. Uno fija a los centrales, distrae y arrastra marcas como un gran señuelo para que el otro pueda ocupar un espacio muchas veces indefendible, tanto para los medios como para los defensores.

Boca necesitaba recuperar la memoria a corto plazo. No era tan grave el diagnóstico. No era necesario indagar demasiado para recuperar buenas sensaciones. Con Salvio enfocado en el juego y fortalecido anímicamente, más los "sprints" de Villa, el ataque queda compensado entre la llegada interna y el juego exterior. Su escasa propensión al juego retórico juntando pases y sus debilidades defensivas por el lado de Fabbra son sus aspectos sensibles, pero todos los equipos con ambiciones tienen su "kriptonita".

Con menos plantel del que sugerían las apariencias (varias actuaciones confirmaron la distancia entre titulares y suplentes), la mesa chica para cuatro comensales le deja a Boca una silla destacada. Lo que viene le exigirá superar un listón más alto sin lugar para los tropiezos. Está donde quería y debía estar. Ahora que pasó los nubarrones, sueña en grande. Habrá que ver si pueden aguantarlo.