Michelle Obama está harta de las "mentiras racistas" de Trump y le envía un mensaje poderoso: "Esto no es un juego"

Jesús Del Toro
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La ex primera dama Michelle Obama le envió un enérgico mensaje a Donald Trump que, en líneas generales, le dice al aún presidente que se coloque a la altura de la historia y emprenda el proceso de transición del poder luego de haber sido vencido por el demócrata Joe Biden en la pasada elección presidencial.

Trump no ha reconocido que perdió los comicios del 3 de noviembre pasado, ni mucho menos ha congratulado a Biden, ni permitido que se inicie un proceso de transición del gobierno. Eso ha sido severamente censurado en Estados Unidos por los riesgos que implica para la seguridad del país, e incluso algunos republicanos han señalado el imperativo de que el presidente acepte su derrota y propicie una entrega ordenada del poder.

Presumiblemente, eso representa un trago amarguísimo para un presidente anegado en su narcisismo e intoxicado por una imagen de éxito y dominio creada por sí mismo y con frecuencia engañosa. En el caso de la reciente elección, los alegatos de Trump de que él fue el ganador y que se le robó la elección no es sino una fantasía creada por alguien que se resiste a aceptar que perdió y a dejar los enormes privilegios del poder.

Al respecto, en un amplio post en Instagram, Michelle Obama recordó cuando a ella y su esposo, el expresidente Barack Obama, les tocó la poco deleitable misión de transferir la administración a Trump, quien derrotó a Hillary Clinton en las elecciones de 2016.

“Esta semana he estado reflexionando mucho sobre dónde estaba hace cuatro años. Hillary Clinton acababa de encarar una dura derrota por un margen mucho más pequeño que el que hemos visto este año. Yo estaba herida y desilusionada, pero los votos habían sido contados y Donald Trump ganó. El pueblo estadounidense había hablado y una de las grandes responsabilidades de la presidencia es escucharlo cuando lo hace”, comentó Michelle Obama en Instagram, donde tiene 44 millones de seguidores.

En ese momento en noviembre de 2016, recuerda, su esposo el presidente Obama y ella “instruimos a nuestros equipos a hacer lo que George y Laura Bush hicieron por nosotros: conducir una transición del poder respetuosa y fluida, uno de los distintivos de la democracia estadounidense”. Así, dice, se invitó al equipo de Trump a la Casa Blanca y se le ofreció la información necesaria para asumir el gobierno.

Eso no fue fácil para ella, y con ello hace una alusión directa a Trump: “Tengo que ser sincera y decir que nada de esto fue fácil para mí. Donald Trump había esparcido ideas racistas sobre mi esposo que pusieron a mi familia en peligro. Eso es algo que no estaba lista para perdonar”. Michelle se refiere a que Trump propagó amplia y activamente la teoría conspirativa de que Barack Obama no había nacido en Estados Unidos y por ello no tenía derecho a ser presidente, la mentira racista con la que inició su andar político.

Dos días después de la elección presidencial de 2016, el entonces presidente Barack Obama recibió en la Casa Blanca al ganador de esos comicios, Donald Trump. (AP Photo/Pablo Martinez Monsivais)
Dos días después de la elección presidencial de 2016, el entonces presidente Barack Obama recibió en la Casa Blanca al ganador de esos comicios, Donald Trump. (AP Photo/Pablo Martinez Monsivais)

Con todo, dijo la ex primera dama, “yo sabía que por el bien del país yo tenía que encontrar la fuerza y la madurez para poner mi enojo aparte. Entonces recibí a Melania Trump en la Casa Blanca y hablé con ella de mi experiencia, respondiendo cada pregunta que ella tuvo, desde el considerable escrutinio que viene con ser primera dama hasta lo que es criar hijos en la Casa Blanca”.

Michelle Obama acepta que no le agradó que Trump fuera el sucesor de su marido y que el actual presidente le causaba animadversión. Pero ella, en efecto, halló esa fuerza y esa madurez, y lo mismo hizo su esposo, y se dio pie a una transición.

Menos de dos días después de que Trump fue declarado vencedor en 2016, Obama lo recibió en la Casa Blanca. Ahora, Trump se aferra a la mentira de que sufrió un fraude masivo, del que no hay evidencia alguna, continúa estigmatizando a sus oponentes y se rehúsa a propiciar una transición con el equipo del presidente electo Biden.

Eso no sucedió hace cuatro años, cuando el poder fue transferido al ganador de la elección de forma colaborativa y ordenada.

“Yo sabía en mi corazón que era lo correcto, porque nuestra democracia es más grande que cualquier ego. Nuestro amor por el país requiere respeto a los resultados de la elección incluso si no nos gustan y hubiéramos preferido que fueran diferente. La presidencia no pertenece a ningún individuo o partido. Pretender que sí lo es, manejarse en teorías conspirativas sin base alguna, sea por beneficio personal o político, es poner la salud y la seguridad de nuestro país en peligro”, escribió en un mensaje que luce dirigido específicamente a Trump.

Ciertamente, Trump no ha mostrado esa fuerza, esa madurez y ese respeto a la institucionalidad al que alude Michelle Obama y continúa empecinado en sus ficciones. Trump al parecer no ha podido soportar la noción de que será un presidente de solo cuatro años, aunque dada la corrosión que ha dejado su mandato eso sea en realidad un beneficio para la nación en general.

“Esto no es un juego. Por ello, insto a todos los estadounidenses, especialmente a nuestros líderes nacionales, sean del partido que sean, a honrar el proceso electoral y hacer su parte para alentar una transición tersa del poder, justo lo que los presidentes han hecho durante nuestra historia”, concluyó Michelle Obama.