Messi levantó una ilusión pese a la eliminación de Barcelona de la Champions: jugó más con las ganas del que está llegando que el desapego del que está por irse

Claudio Mauri
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El abrazo lleno de admiración de Ángel Di María a Messi tras el final del partido
FRANCK FIFE, Agencia AFP

Eliminado, pero no desaparecido. Después de 14 años, Lionel Messi se quedó afuera en los octavos de final de una Champions League con una imagen que dista de la decadencia que podría inferirse de una despedida tan prematura, camino a los 34 años. Pudo haber sido el último partido del N° 10 por la Champions con Barcelona si no renueva contrato. Lo jugó más con las ganas de alguien que está llegando que con el desapego del que prepara las valijas y tiene la cabeza en otro destino.

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Se cumplió el pronóstico de que la serie estaba poco menos que sentenciada con el 4-1 de Paris Saint Germain en la ida, con el hat-trick de un Kylian Mbappé que voló en el Camp Nou. La temporada de Barcelona no permitía vislumbrar un milagro como el 6-1 de hace cuatro años, pero sí la actualidad de Messi y del equipo en las últimas semanas daba cuenta de la recuperación del orgullo competitivo, de una rebeldía ante la adversidad.

Lo mejor de Messi y del partido

Aunque quedó más lejos del título que hace un año, Messi sale de esta Champions más entero y reforzado, nada que ver con el náufrago que interpretó en el hundimiento ante Bayern Munich. El 1-1 en el Parque de los Príncipes, con momentos bajo la lluvia, fue un resultado demasiado austero con los merecimientos que hizo Barcelona para ganar por una diferencia que, a la luz del dominio y las situaciones creadas, podría haberse acercado a la hazaña necesaria. Más allá del penal convertido por el pisotón del distraído Lenglet a Mauro Icardi, Mbappé estuvo lejos de ser la figura. Esa consideración quedó para Keylor Navas, asediado por el ataque visitante y autor de nueve atajadas, una de ellas determinante: el penal que le desvió a Messi antes del final del primer tiempo, con el partido 1-1.

Diez minutos antes del penal que le atajaron, Messi había conseguido el empate con un formidable y furioso zurdazo desde casi 30 metros. Un golazo que hacía rato que no se le veía, y que era todo un síntoma de lo implicado y comprometido que estaba en el partido, como todos sus compañeros, más allá del desliz de Lenglet en el penal y de algunas definiciones fuera de foco de Dembelé.

Messi jugó creyendo en la proeza, que quizá hubiera tomado un mayor impulso si hubiese metido el penal que el arquero costarricense le desvió al arrojarse sobre su derecha y repeler una pelota que luego dio en el travesaño. El VAR, siempre tan meticuloso para algunas cuestiones, no tomó en cuenta el adelantamiento de Navas. El fútbol es burlón y tiene una sorpresa a la vuelta de cada esquina. Los cuatro goles que el N° 10 había convertido en esta Champions fueron de penal, ante Ferencvaros, Juventus, Dinamo Kiev y PSG.

La desazón de Messi tras el penal que le atajó Navas
La desazón de Messi tras el penal que le atajó Navas


La desazón de Messi tras el penal que le atajó Navas

Al temeroso planteo de PSG le hubiese entrado un miedo mayor si el abrasivo despliegue de Barcelona se iba al descanso con un 2-1. En la segunda etapa continuó la insistencia ofensiva visitante, ya sin la finura necesaria por el gran desgaste de los primeros 45 minutos. Barcelona contabilizó un total de 21 remates (10 al arco) contra 7 (3) de PSG. La posesión le correspondió al conjunto de Ronald Koeman, con el 72 por ciento. La eficacia no fue uno de los rasgos de Barcelona en la temporada; no por nada el entrenador holandés pidió un N° 9 como refuerzo ni bien llegó, viendo que se iba Luis Suárez. Pero la debilitada economía del club impidió hacer una oferta por Memphis Depay (Lyon), el elegido del técnico.

Extenuado, porque también se había involucrado en algunos movimientos de recuperación de la pelota, Messi terminó el partido con la tristeza lógica por la eliminación, pero sin la expresión del fracaso que lo agobió sucesivamente ante Roma, Liverpool y Bayern Munich. Ángel Di María, que había ingresado en los últimos minutos, lo abrazó con admiración y le dejó en su oído algunas palabras de consuelo. Ese diálogo, por ahora, queda en la intimidad de los dos amigos.

Messi festeja su golazo, el que dio pie a una hazaña que se diluyó por la falta de eficacia
AFP


Messi festeja su golazo, el que dio pie a una hazaña que se diluyó por la falta de eficacia (AFP /)

Por primera vez desde la temporada 2004/05, los cuartos de final de la Champions League no tendrán a Messi ni Cristiano Ronaldo. En aquel curso, Leo debutó en la competencia europea ante Shakhtar Donetsk por la etapa de grupos, en el que fue su único partido. Cristiano iba por su segunda temporada en Manchester United, eliminado por Milan en octavos de final con un gol de Hernán Crespo.

Desde aquel encuentro contra el equipo ucraniano, Messi sumó 149 presencias y 120 goles por la Champions. Para darle continuidad a este relato en el próximo curso, Messi necesita renovar el contrato que vence en junio. Para ello, ahora hay un presidente (Joan Laporta) con el que se siente mucho más a gusto que con Bartomeu. Esta Champions ya es historia para Messi, pendiente de si la suya con Barcelona tendrá más capítulos.