Messi y un instante único: el llanto en el Maracaná después de perder la final del Mundial

LA NACION
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¿Por qué Messi no logró ganar ningún título con la selección mayor argentina? En el libro "Messi, el genio incompleto" hay aproximaciones que intentan responder esa pregunta. El periodista Ariel Senosiain hizo 68 entrevistas y consiguió lo que nadie pudo: que hablasen hasta el padre del propio Messi, Alejandro Sabella y el ex presidente de la FIFA Joseph Blatter. La recreación vívida de las jugadas clave y los momentos de intimidad son un regalo para los amantes del fútbol y el agudo análisis son una invitación a recorrer ese universo fabuloso.

LA NACION publica a continuación un capítulo de la obra centrado en un momento cumbre: el Mundial de Brasil 2014, cuando más cerca estuvo Messi de alcanzar el único suelo deportivo de su vida que se le sigue negando.

MESSI. MEMORIA DE UN TROFEO

Apenas se enteró de la muerte de Julio Grondona, Lionel Messi viajó desde Barcelona a Buenos Aires. "Lo lloró en el cajón", recuerda Humberto, hijo del presidente de la AFA fallecido el 30 de julio de 2014, solo diecisiete días después de la final del Mundial de Brasil. Juan Carlos Crespi, uno de los dirigentes más cercanos a Grondona y a la selección, cuenta que "Leo apareció sorpresivamente en el velorio en el predio de Ezeiza. Lo adoraba. Es que Julio le solucionaba los problemas". Héctor Domínguez, tesorero de la AFA en la gestión Grondona, no duda: "Messi lo quería como a un tío o un abuelo. Y era así básicamente porque Julio daba todo por la selección". Sigue Humberto: "Me conmovió en ese momento y me sigue conmoviendo hoy. Apenas supo lo que había pasado, subió a un avión para despedirlo. Participó de la misa, durmió en el predio y se despertó a las 6 de la mañana para volver a Barcelona". La tensión vivida durante el Mundial, con dirigentes argentinos acusados por reventa de entradas, había debilitado a Grondona. El estado público de aquellas sospechas había generado malestar entre los jugadores, que no disponían de tickets suficientes para sus íntimos y allegados, y se quejaban en consecuencia: si a ellos les faltaban, creían que era porque otros se habían quedado con lo que no les pertenecía.

Luis Segura, que quedaría como presidente de la AFA, aporta la versión dirigencial: "Los futbolistas pidieron para la final una cantidad de entradas muy superior a la de los partidos anteriores. Y nosotros no teníamos". Crespi desmiente la pelea entre Messi y Grondona, una versión absolutamente instalada, en la noche previa al partido decisivo: "Era imposible que Julio le fallara. El problema es que la FIFA demoró en entregarlas". Grondona hijo agrega: "Alemania recibió más entradas, ese fue el problema. Y recién a lo último desde la FIFA nos bajaron dos mil más. También sucedió que de entrada los futbolistas necesitaban 500 y para la final, tenían 1300 familiares o amigos que querían ir". Igualmente, Javier Mascherano asegura: "La noche anterior fue una locura. Estaban llegando nuestros familiares y no teníamos entradas. Las recibimos recién a las 12 de la noche. Nadie gana o pierde un partido por eso. Pero fue un detalle que podría haberse evitado. Los argentinos le ponemos mucha carga emocional al juego". Entre 2005 y 2019, Messi festejó diez de quince cumpleaños en una concentración de una selección. En 2014, celebró los 27 en pleno Mundial. Esa noche, después de la cena y delante de todo el plantel, Julio Grondona se paró para saludarlo y hablar de él. "Le hice una seña para que terminara. Se había ido largo. Es que lo amaba. En realidad, se amaban", asegura Humberto, por entonces técnico del seleccionado sub 20 y encargado de los juveniles que habían viajado como sparrings: "En ese Mundial armamos muy buena relación. Tengo dos anécdotas de ese mes inolvidable. Una nace antes del debut contra Bosnia. No soy de pedir fotos, pero esa vez le pedí que nos sacáramos una. Y quedó como costumbre en la previa de cada partido. Incluso él me buscó en la previa de la semi contra Holanda; me dijo algo que me sorprendió que viniera de su parte: 'Nunca hay que improvisar'. Increíblemente no sé qué pasó que no nos sacamos ninguna antes de la final. Y la otra fue en la concentración. No solíamos hablar de fútbol, sino de la vida en general. Un día estaba descansando en el sauna y entró él. Yo llevaba un rato transpirando, pero la charla se hizo futbolera y se puso interesante. No la quería cortar de ninguna manera. Casi me deshidrato".

"No me van a llamar más", le dijo Messi a sus compañeros en el vestuario tras el partido entre Hungría y la Argentina; la expulsión en Budapest fue un duro golpe para el rosarino, el día de su debut en la selección mayor.
Fuente: Archivo

Con el correr de su trayectoria en la selección, Messi se interesó cada vez más por hablar de fútbol en la intimidad. No solo porque hacía años que había incorporado los conceptos de juego que aprendió en España. También porque ya asumía la gran responsabilidad de conducir el equipo rumbo a un éxito importante. El sueño de vestir la camiseta se transformó primero en responsabilidad y luego en presión. Así fue como Sergio Batista, al reemplazar a Diego Maradona, quiso seducirlo con la idea de copiar el estilo del Barcelona. Era el camino más rápido para involucrar al mejor futbolista del mundo, que hasta ese momento sólo había jugado de esa manera en su equipo (ya habría tiempo para que un Barça más pragmático le hiciera creer que con distintos compañeros cuesta intentar el mismo estilo). Pero los covers nunca suenan idéntico. Y el único partido de toque permanente que se recuerda con Batista en el cargo fue un amistoso 1-1 contra Estados Unidos, en marzo de 2011. Alejandro Sabella apeló más a la conformación del grupo que a la construcción de un estilo de juego en su presentación. Expuso más su sensibilidad social que su gusto futbolístico. Da gusto escucharlo. Así fue aquella vez y a lo largo de sus tres años al frente del seleccionado. Así es tiempo después, con la claridad que posibilita el repaso a la distancia, tomándose su tiempo antes de cada intervención.

"Sí, hablé de Belgrano y la bandera argentina el día de la asunción. Quise englobar a los jugadores, a los directivos y al público. El entrenador representa al mundo que lo rodea. Fuera de eso, los jugadores debían saber nuestra organización y nosotros debíamos escucharlos. La concentración, por ejemplo, cambió: en Europa casi no lo hacen, teníamos que adaptarnos. Debían tener cierta libertad para manejarse, pero primero debían partir de una serie de valores", dice Alejandro abriendo el diálogo. Un diálogo que tardó en aceptar: parece meditar cada contacto mediático. Hasta que él mismo propuso compartir un almuerzo para hablar de Messi. Personalmente, claro: el teléfono puede servir para la presentación, pero las charlas fluyen cara a cara. Sabella piensa, reconoce y responde.

-¿La chapa que tenía en el fútbol argentino le servía, más allá de aquella final del Mundial de Clubes entre el Barcelona y su Estudiantes, para enfrentar a Messi y otros futbolistas de Europa?

-Siempre me ocupó ese tema. Uno siempre tiene que ponerse en el lugar del otro. El alumno también le toma prueba al profesor. Debía aprobar junto a ellos. A medida que pasó el tiempo, esos exámenes los aprobaba con mayor naturalidad. Pero nunca dejé de obsesionarme con tener la información que necesitaban los jugadores. Aún hoy pienso qué se les puede ofrecer a muchachos que juegan en los mejores equipos del mundo mientras les exigimos que sean campeones. Guardiola dijo que para motivar a los futbolistas debemos enseñarles cosas nuevas. ¡Guardiola lo dijo! De él hacia abajo, todos debemos perseguir ese objetivo. Parte de nuestro trabajo era tener bien a todos los jugadores, sobre todo a Messi. Para mí, fue una bendición dirigirlo. Llevó su tiempo. No hablo de liderazgo, sino de conducción, para lo cual no debe haber solo palabras, sino también hechos. Hasta que no lo tenés ahí nomás, no tomás dimensión de lo que es. Ya en el primer entrenamiento me impactó. Lo primero que miro de un jugador, aun sin conocerlo, es algún gesto técnico o algún arranque explosivo. Y en él vi las dos cosas juntas. Es como un scalextric, de la nada arranca a 100. Encima con su técnica. No solo hacía diferencia mientras corría hacia adelante, también giraba y frenaba: un trompo, una perinola. No le da referencias al rival; cuando este va a un lugar, la pelota no está más. Y permanentemente.

-¿Por qué le dio la capitanía?

-¿Y por qué no? Todavía hoy me respondo así. Un capitán es un líder. Y el líder puede serlo por personalidad, prepotencia futbolística o ambas cosas. Una pregunta de un periodista me hizo pensar sobre la capitanía. Suelo nutrirme de las ideas de los demás. Hay una manera de rendir examen con los roles invertidos: el profesor promueve que el alumno le haga preguntas, así sabe el grado de conocimiento que el alumno tiene sobre el tema. A mí esa pregunta me hizo pensar. Y en Barcelona, en un viaje inicial a Europa para reunirme con varios jugadores, hablé con Mascherano y le pareció una buena idea. Se lo planteé a Leo y les pedí que lo charlaran entre los dos. Fue la primera vez que los vi.

Javier Mascherano tiene el mismo recuerdo: "Alejandro primero nos habló por separado. Le dije que me parecía perfecto y que incluso yo tenía decidido dejar de serlo. Después nos juntó. También estaba Pablo Blanco, el preparador físico". El tema "lo venía hablando con Leo desde la Copa América. 'Para mí el capitán tenés que ser vos. Sos la bandera, el más representativo', le decía. 'Pero si sos vos desde hace mucho', me contestaba. '¿Y? No puede ser que no seas vos'". Ya en el debut de Sabella como técnico de la selección, un amistoso 1-0 a Venezuela en Calcuta en septiembre de 2011, Mascherano delegaría en Messi la cinta de capitán. A los protagonistas les brotan las referencias sobre aquella época. El Mundial 2014 viajará de declaración en declaración. Lucas Biglia, que había sido parte del gran sub 20 de Messi en 2005 y empezaría a ser una fija en la mayor, abre el recuerdo: "Con Sabella de técnico mejoramos en lo colectivo. Probablemente con él se haya visto lo mejor de Leo en la selección". Nicolás Burdisso, titular hasta una rotura de ligamentos de rodilla en un partido de Eliminatorias, no duda: "El ciclo Sabella le transmitió seriedad y tranquilidad a la selección. Messi necesitaba un proceso así. Todos, en realidad. Los jugadores que en ese momento éramos frecuentemente citados jugábamos en el fútbol europeo; estábamos acostumbrados a tener un estilo y una organización". Pablo Zabaleta, ya un infaltable, amplía: "Estoy seguro de que todos los que pasamos por la selección coincidimos en que el momento de máximo disfrute fue en aquella época. Y Alejandro fue el artífice. Nos conocíamos, algunos incluso desde las juveniles. El grupo tiene total importancia en un plantel. Y jamás nadie le impuso un nombre a un técnico. Lo del 'club de amigos' queda para el periodismo. Lo instalaron pese a ser mentira. Pero no podemos confrontar todo el tiempo".

"Messi, el genio incompleto" de Ariel Senosiain, es editado por El Ateneo . El prólogo fue escrito por Martín Caparros.

Mariano Andújar, habitualmente citado aunque a la sombra de la larga permanencia de Sergio Romero en el arco, asegura: "Alejandro transmitió pautas de convivencia y maneras de entrenamiento que se habían perdido en la selección. Y además conformó un grupo de 30, 32 jugadores fijos. Ya no teníamos que conocernos en cada convocatoria. Es más, nos volvíamos a ver y nos preguntábamos por nuestros hijos. Teníamos ganas de vernos. Se hablaba del 'club de amigos', de que Leo decía quiénes debían ir. Y no reparaban en que los 'amigos' triunfaban afuera. Biglia fue capitán durante años en Italia. ¿Eso era porque Messi se lo pedía a Lotito, el dueño de la Lazio?". En la ya citada entrevista que les dio a los autores del libro Generación Lio, Alfio Basile descartó lo que fue parte del imaginario popular durante mucho tiempo, a partir de alguna frase suelta de quien había sido el preparador físico de su selección, Carlos Dibos: "Son todas mentiras esas que se dijeron de que Messi y Mascherano me habían hecho la cama. No sé por qué Dibos dijo eso, hace tiempo que no ando bien con él y no le doy bola. Aunque seguramente fue porque se había peleado con varios de esos jugadores y buscó revancha". Basile siempre deslizó que se guardaría el motivo principal de su renuncia. Las versiones mediáticas lo sugirieron y el imaginario popular lo decretó: el técnico supuestamente se había ido porque los jugadores lo empujaron. Tiempo después, Basile reconocería que su desconfianza se basó en la actitud dirigencial, básicamente de Julio Grondona. La versión de la injerencia de Messi y compañía en las ideas de los técnicos se alimentaría en el ciclo Sabella, aunque este no abría el juego en sus decisiones de convocatorias. No hacía falta: pensaba que el éxito del equipo llegaría como consecuencia del grupo que anhelaba formar y la comodidad de los futbolistas. Sabía, también, entender ciertas señales. Las vio después del 2-1 a Colombia en Barranquilla, por las Eliminatorias. "Fue un partido fundacional en nuestro ciclo", reconoce.

Ese día, el ingreso de Agüero resultó clave para dar vuelta un encuentro que alejaría las dudas iniciales del ciclo. Si bien Ángel Di María no había jugado, desde allí comenzaron a coincidir ambos con Messi y Gonzalo Higuaín. Y cada vez que Sabella luego puso a los cuatro de entrada, la selección no perdió (en total, ganó 7 de 9 partidos).

-¿Ya sea Messi en especial o los jugadores le pidieron jugar con ese cuarteto de ataque?

-No necesariamente. El equipo decantó en esa forma. El técnico debe ver las necesidades colectivas, las sensaciones de los jugadores y las características del rival, y hacer un equilibrio de todos esos puntos. A veces podemos optar por lo que está más relacionado con el deseo de los jugadores. Si el futbolista no está convencido, no hace falta que lo diga; nos damos cuenta con un gesto. En ese momento fui sintiendo lo que querían. Pero sí tenía claro algo que no sé si conté alguna vez públicamente: en el Mundial, cuando llegaran los partidos de eliminación directa, iba a jugar 4-4-2. Antes de eso, me podía adaptar. Me considero un pragmático. Lo importante no es el esquema igualmente. Lo esencial es la idea de juego: por arriba, asociado o tantas otras variantes. Los técnicos tenemos que analizar cómo potenciamos al equipo. Puede ocurrir que alguna vez le restemos algo de lo que nos gusta a uno para que se beneficie lo colectivo. El objetivo es el equipo. Y en la selección, yo en un momento consideré que lo mejor era lo que beneficiara a Messi. Luego podría hacer una ligera modificación. A Messi evidentemente le conviene moverse con dos delanteros más otros que sepan darle la pelota, y para que se la puedan dar, primero deben saber quitarla. El equilibrio es criticado, pero significa lo esencial del fútbol: el equilibrio entre lo defensivo y lo ofensivo, que el 9 marque y que los centrales sepan salir jugando. El fútbol global es eso, la perfección.

El debut en el Mundial encendió el tema. Sabella no solo había optado por Maximiliano Rodríguez en lugar de Higuaín, sino que había incluido cinco defensores en desmedro de Fernando Gago. Para el segundo tiempo la formación volvió a su cauce original. Más allá de que el 2-1 a Bosnia y Herzegovina parecía suficiente para no abrir polémicas, Messi soltó su sentimiento en la conferencia de prensa del día siguiente: "Somos Argentina, no tenemos que pensar tanto en quién está enfrente. Podemos cambiar de esquema, pero debemos ser protagonistas. Cuando entró Gago, estuvimos mejor". Sabella tomó contacto con la prensa recién el día anterior a enfrentar a Irán, el segundo partido. Y tuvo que enfrentar las preguntas que sabía que vendrían: "No me molestó para nada lo que dijo Leo. Habló con respeto. El clima es de cordialidad. Y ya sabíamos lo que dijo". Aquella vez anticipó lo que hoy revela que pensaba hacía tiempo: "El sistema madre de este equipo es 4-3-3. Después veremos si cambiamos". Así fue. El sistema que mezclaba cuatro jugadores de ataque primero se deshizo por lesiones y luego por convicción del técnico. Agüero se desgarró contra Nigeria, en el tercer encuentro, y Di María contra Bélgica, en cuartos de final; sus reemplazos fueron Ezequiel Lavezzi, originalmente delantero, pero puesto a hacer el recorrido por un costado, y Enzo Pérez, respectivamente.

Las circunstancias habían ayudado a Sabella a rearmar el sistema táctico de acuerdo con su preferencia. Seguía siendo un equipo compacto, pero con las líneas más retrasadas. A Messi le quedaba lejos el arco rival. Aunque a sus compañeros no les disgustaba el cambio de plan. Zabaleta lo veía desde el fondo: "Tuvimos dudas en el inicio del Mundial y el cambio de sistema nos fortaleció. Entendíamos que si manteníamos la manera de jugar de la fase de grupos, se nos complicaría contra rivales más fuertes. En las Eliminatorias nos bastaba con nuestra pegada. Vivíamos de los goles de nuestros delanteros. Pero en un Mundial necesitábamos cubrir el ancho del campo y mayor solidez. No nos reprochamos nada, ni de la final. Muchos creían que Alemania nos metería 7 goles como a Brasil. Y nos plantamos bien". De un equipo que se agrupaba alrededor de Messi, la selección pasó a ser un conjunto que se ordenaba desde Mascherano. El propio Masche afirma: "Teníamos muy claro lo que pasaría. Habíamos tenido muy buenas Eliminatorias jugando al golpe por golpe. Incluso tuvimos partidos, contra Chile o Ecuador, en los que nos manejaron la pelota y los definimos igualmente con las bestias de arriba. Pero algunos rivales en el Mundial no nos iban a dar esa posibilidad. Además jugábamos con tres futbolistas acostumbrados a moverse por el centro: Leo, el Kun y Gonzalo (Higuaín). Llegado el momento íbamos a tener que cubrir mejor los espacios, una clave en el discurso de Alejandro. Es más, recuerdo que en la previa de la final contra Alemania reconocíamos que ellos tendrían la pelota y que no se la íbamos a poder sacar. Pero sabíamos también que no nos iban a hacer daño fácilmente". La idea de un equipo que tendría problemas para tener la pelota, indudablemente, complicaría a Messi.

Sabella agrega su cuenta: "En el Mundial jugamos tres alargues contra equipos europeos, lo que da un partido más. En esos cinco partidos nos hicieron apenas un gol, el de Götze, el que terminó el sueño".

-¿Qué recuerda de Messi en la final?

-No podemos imaginarnos ser Messi. Solo lo juzgamos con la vara de que debe ser Messi y debe ser campeón. Tuvo 70 minutos muy buenos, con un par de jugadas notables en la primera etapa. Después pudo haberse cansado o desgastado. Y estábamos jugando contra Alemania. Cuando incluí a Agüero, volvimos a tener un delantero más, pero la teníamos menos porque la quitábamos menos. La verdad es que el cambio de sistema perjudicó un poquito a Messi. Pero creía que era lo que beneficiaba al equipo entero contra ese tipo de rivales. Yo sabía que le quitaba herramientas a Leo. Hoy debo decir que tuvo la grandeza de aceptarlo.

Sigue Mascherano: "Con el correr de la Copa pasamos a jugar 20 metros más atrás. Se armó un equipo más para defender y contraatacar. Es cierto que Leo quedó un poco más aislado". La final mostró a Messi de mayor a menor. Decidido en el primer tiempo, discreto en el segundo, apagado de arranque en el suplementario. Se abstrajo. No sería la primera, ni la última vez. En esos momentos genera inquietud en todos. Desde afuera puede sorprender no solo su estatismo, sino que ningún compañero lo active. Parece ser un misterio sin solución. Gago lo ratifica: "Está claro que rinde más cuando su equipo tiene una estructura y una idea claras. Y con Alejandro las teníamos. Más allá de eso, es de la clase de jugador que se fastidia cuando no le puede dar al equipo más de lo que le está dando. No por su rendimiento individual, sino por cómo ese rendimiento repercute en el equipo. En esos momentos no hay nada que se le pueda decir. Si le decís 'dale que no pasa nada, Leo', él sabe que sí pasa".

Andújar coincide: "Nadie puede meterlo solo con la palabra. Porque él está metido en el partido. No es que mira el piso y piensa qué va a hacer a la noche". Biglia lo conoce desde hace una década y media: "Un jugador como él tiene que estar en permanente contacto con la pelota. El compañero lo termina buscando por tentación. Y eso lleva a que reciba marcado y haga mayor desgaste. A él no le importa. El ideal es encontrarlo detrás de los volantes rivales. Pero si no se puede, también hay que encontrarlo. En uno de los primeros partidos del ciclo Sabella, lo busqué y como estaba marcado, jugué para el otro lado. Masche me dijo que se la diera y le respondí que tenía un rival encima. 'Dásela igual', me contestó. Leo opina lo mismo: 'Buscame, a lo sumo te la devuelvo'". Gabriel Milito también puede hablar de su época inicial en el profesionalismo: "De aquellos años como compañeros en el Barcelona recuerdo que también se paraba. Además, con el paso de su carrera, pasó a caminar en el campo mientras ve lo que sucede. Hay decenas de jugadas del Barça en las que se activa de repente. Lo que pasa es que en su equipo siempre tuvo un modelo de juego en el que lo que se mueve es la pelota. Se acostumbró a encontrar los espacios caminando".

Fabián Soldini, que veía la diferencia sideral que sacaba en las infantiles de Newell's, puede ir más atrás todavía: "De chiquito era igual. Parecía que se abstraía. El padre solía gritarle para que se moviera, que corriera. De repente se la daban, pasaba a los que le aparecían y el rival sacaba del medio". La última imagen fue un tiro libre que remató muy desviado. Muchos guardan otra imagen de aquella final, la de la intimidad. Cuenta Omar Souto, el histórico empleado de la AFA que diez años antes lo había contactado para jugar por primera vez en una selección argentina: "Cuando Leo pierde, se muere. Llora, no habla, se encierra. La peor derrota de todas fue la final en Brasil. Estaba destrozado. El trofeo de mejor jugador del Mundial se lo dio a Alberto Pernas, administrativo de la AFA. Está con muchos otros trofeos en una vitrina". Existen tantas reconstrucciones de los hechos como memorias que los reconstruyen. El propio Pernas corrige: "Me dio el trofeo, pero para subir a recibir la medalla de segundo puesto. En el vestuario se lo devolví y hoy lo debe tener en la casa. No es verdad que no se lo quedó. Obviamente lo recibió con dolor, con la sensación distinta después de salir subcampeón". Un instante de su camino a recibir la medalla por el segundo puesto quedó inmortalizado. Así sucede con las fotos históricas.

Cora Gamarnik escribió Instrucciones para mirar una fotografía; allí, resume que en una foto debemos "ver qué sintetiza, qué simboliza, qué indica. Ver si es huella, vestigio o rastro. Ver qué llama enciende, qué vacío deja, cómo punza. Pensar si es un testimonio, un documento, un aguijón o una ráfaga de luz". La imagen de Messi mirando la Copa del Mundo simboliza su vida en la selección. Si fuese una pesadilla, tendría los brazos atados y no podría tocarla. Enciende la llama de la compasión, deja el vacío del que ganó tanto, pero no ganó lo que tanto quería, punza en el sueño incumplido. Es un testimonio, claro; es el aguijón de su vida, también, y una ráfaga de luz se apoya en él. Una ráfaga que lleva a que no pueda repararse en otra cosa que en su mirada de pura frustración. Todo eso genera el claro recuerdo que extrajo el chino Bao Tailiang, ganador del premio a la mejor foto en deportes de ese año según la prestigiosa World Press Photo Foundation. Tailiang dijo entonces: "La gloria colectiva es siempre más importante que la gloria individual. Alguien dijo que la imagen revela una historia profunda. No creo que esté muy lejos de la verdad".

Ariel Senosiain recuerda que siempre quiso ser periodista. Siempre es siempre: a los 9 años ya jugaba a serlo. Si bien considera que en la televisión hay menos periodismo que en otros medios, está agradecido por llevar catorce años en TyC Sports y haber podido cumplir el deseo de probarse en el interés general, al conducir el noticiero de la TV Pública. Trabajó en ocho radios, tres diarios y hacía rato que quería escribir otro libro tras haber publicado una biografía de Marcelo Bielsa, Lo suficientemente loco. Ama el fútbol, pero lo querrá menos cuando Lionel Messi se retire.

En junio de 2016, Joseph Blatter, ya ex presidente de la FIFA, le revelaría a Sebastián Fest para el diario LA NACION cómo fue el momento previo a la distinción del mejor jugador del Mundial: "Messi hablaba solo, se decía a él mismo una y otra vez 'el mejor, pero no el campeón'". Ahora, desde Suiza vía telefónica, se engancha en la idea de hablar del mejor futbolista que coincidió durante su gestión. Blatter comienza con un recuerdo sensible: "Me hubiese gustado la victoria de Argentina. Quería ver feliz a mi amigo Julio Grondona, a quien extraño. Julio sentía que era su última oportunidad. Lloró luego de la final. Estaba preocupado por su salud, le costaba respirar. 'Se terminó todo', me dijo. Una premonición". La FIFA necesita cracks para vender el producto. Ninguna actividad es comercializada con tanto éxito. La materia prima principal del negocio es un argentino a quien Blatter lo conoció sin demasiada profundidad: "Crucé algunas palabras en cada evento de premiación. Es muy humilde, Messi. La primera vez que lo vi fue en el Mundial sub 20 de 2005. Corría y se movía de una manera excepcional, un bailarín a gran velocidad. Tiempo después, en 2013, me preguntaron en una conferencia en Oxford quién era mejor entre Messi y Cristiano Ronaldo. Elegí a Messi, lo que sentía. Eso provocó que me llamara Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, para cuestionarme la elección. Yo soy socio de honor del Madrid, pero respondí lo que sentía. Se trata de uno de los mejores de todas las épocas: mi ídolo Alfredo Di Stéfano, Pelé, Bobby Charlton, Puskas, Maradona y Messi. No los ordeno de manera especial, no es el mismo fútbol: antes el que tocaba la pelota podía mirar un rato a sus costados".

Messi adelante de sus compañeros, después de perder la final contra Alemania.
Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli / Enviado especial

El premio al mejor jugador del Mundial generó polémica. El rendimiento de Leo en la semifinal frente a Holanda y en parte del encuentro decisivo ante Alemania no había sido sobresaliente. Llegó a especularse con la injerencia de Adidas, auspiciante de la FIFA y de Messi. Lucas Biglia lo relativiza: "No tiene sentido eso. Adidas tenía jugadores alemanes también. Y además él había tenido un buen Mundial. Sí tengo claro que no le interesaba el premio. Nos dimos cuenta solo por la manera en que lo agarró. El objetivo de todos era el triunfo colectivo". Agüero, su gran amigo del fútbol, incluido durante la final, pero lejos de su mejor forma física, comienza a redondear el capítulo: "Fue difícil por el contexto. Se nos acababa de escapar el título del mundo. En ese momento todos sentíamos un gran dolor. Habíamos tenido las mejores chances y habíamos sido superiores. Y era difícil valorar que habíamos llegado a una final. En otros deportes, quienes ganan una medalla, más allá de no haber conseguido la de oro, terminan celebrando haber llegado a un podio. Creo que eso tenemos que aprender todos. ¿Dolor por perder? Seguro. Pero también orgullo por haber llegado tan arriba. Leo merecía el premio. Sin dudas fue el mejor de ese Mundial. Hoy lo podemos ver con más claridad". Un lustro después, Blatter vuelca su impresión: "Posiblemente Messi no haya sido el mejor jugador de la Copa del Mundo. Pero su juego y su personalidad merecían una distinción. Adidas no tuvo nada que ver. Votaron los periodistas especializados. Portugal no había tenido un buen Mundial, con lo que Cristiano perdió peso, y Messi siempre tiene un crédito en la opinión pública".

A comienzos de 2015, en una entrevista para el portal FIFA, Messi tuvo que volver a ver el gol que erró en el segundo tiempo: un remate desde la izquierda del área que, al no pegarle de lleno, abrió demasiado la pelota. "¿Qué querés que te diga? Nos vamos a arrepentir toda la vida de las chances que tuvimos". Antes de dejar el Maracaná, aquella tarde del domingo 13 de julio de 2014, Messi había declarado que "lo dimos todo, nos vaciamos. Pero el dolor será de por vida". Con el tiempo confesaría que, meses después de la final, todavía le costaba dormir bien. Hoy tiene mejor cicatrizada esa herida. Pero todos aquellos que fueron parte de ese grupo siempre encontrarán la misma situación para definir el sentimiento.

La situación que recrea Fernando Gago: "No quisiera meterme en la cabeza de Leo antes de una final. Me basta con recordar la ansiedad que yo tenía la noche previa a jugar contra Alemania para imaginar cómo habrá estado él. Es lógico que Leo sufra, si nos pasamos años diciendo que no iba a poder superar a Maradona si no ganaba un Mundial... Aunque habíamos dado todo en la convivencia y en la cancha, el vestuario posterior de la final es el peor recuerdo que tengo de mi carrera. La cara de Leo de aquella noche es indescriptible. Y su llanto después del partido fue nuestra imagen. Estábamos embanderados detrás suyo. Todavía hoy resignaría mucho de lo mío a cambio de que Leo hubiese podido ganar ese Mundial".

Comenzaba a acostumbrarse a estos desenlaces. A sentir cercana la gloria y verla alejarse. Hasta una nueva oportunidad. Con el peso de la mayor responsabilidad. Y la necesidad de hundirse en la soledad. Cierra Lucas Biglia: "Nunca olvidaré la noche después de la final. No dormimos. Mientras, él estaba encerrado en su habitación. Entre nosotros tratábamos de imaginar qué le pasaría por la cabeza. Y nos preguntábamos cuándo podríamos darle una mano".