Messi, Dybala y la dictadura del tiempo

La Pulga y la Joya sufren la comparación sobre quién es mejor, de cara a Barcelona contra Juventus.

Carlos Dibos fue el preparador físico de la Argentina en el segundo período de Alfio Basile como entrenador de la Selección. Hace algunas semanas, puso su cintura en el sillón de un programa de televisión y dijo que Messi no era un líder como Diego Maradona, sosteniendo su teoría desde su rol en el cuerpo técnico entre 2006-2008. Una periodista, Verónica Brunati, consultada por la declaración, respondió: “Yo no sé si es así o no, lo que puedo decir es que de 2007 hasta acá pasaron diez años y ni Dibos ni Messi ni yo somos lo mismo que fuimos”. Saliendo de ese debate que sólo sirve para sostener una sobremesa, la aclaración temporal sirvió otro café pero para el lado de la filosofía.

Porque Dibos convivió con Messi sólo en 2007, en Venezuela. En tiempos en que Hugo Chávez estaba vivo y la República Bolivariana atravesaba picos del petróleo que le evitaba la crisis de hoy. Facebook tenía 58 millones de usuarios, bien lejos de los 1860 millones de hoy. Barack Obama todavía no había ganado las primarias para convertirse en el primer presidente negro de Estados Unidos. En la escuela de Paulo Dybala no habían arrancado los cumpleaños de 15. Y Messi, sobre todo, había ganado tres Champions League menos, no era padre, tenía 400 goles menos y no le crecía la barba. Entonces no: no era el mismo.

El fútbol, por deporte, se empaca en la discusión de quién es mejor. Ni siquiera se atreve a decir quién gusta más. Cuenta una leyenda desmentida por Guardiola y sostenida por Xavi Hernández que Pep le habría dicho: “Mira bien a Andrés porque en unos años va a sustituirte”. Andrés era Iniesta, a quien, siendo un niño, Guardiola le entregó un premio por romperla en la Nike Cup en 1999 y le dijo: “Dentro de unos años me sentaré en la tribuna del Camp Nou a verte jugar”. En una historia de sucesiones que Xavi exhibió como dolorosa, en la conferencia de prensa en la que se despidió de Barcelona: “Ser sustituto de Pep fue una losa. Me costó el doble o el triple. Fue difícil quitármela de encima”.

El fútbol ahora va por su último capricho y Paulo Dybala declara para la televisión: “No me enoja, pero ya lo expliqué. Como Maradona hubo uno y a Leo no le debe haber gustado mucho que lo comparen o estén viendo siempre qué ganó uno o qué ganó el otro, también hay una gran distancia entre Leo y yo, y por eso dije que yo soy Dybala y él va a ser siempre Messi y tenemos que disfrutarlo a él”. 

El día en que al crack de Juventus lo expulsaron, contra Uruguay, por las Eliminatorias, Messi le vio las lágrimas y le puso una mano en la cabeza para calmar su llanto. La misma foto quedó para siempre cuando Argentina perdió, en 2010, contra Sudáfrica y Maradona le acariciaba el rostro. Acaso sea ese el mayor punto de comparación entre tres grandes jugadores argentinos: la pasión para llevar victorias y derrotas.

Pero la historia no se reduce a estos tres casos. Maradona no podía ser Kempes. Tevez llegó a San Pablo y un diario paulista tituló: “El nuevo Maradona”. Los abuelos dicen, también, que Alfredo Di Stéfano fue mejor que todos los demás. Y los brasileños, vecinos, aseguran que Pelé fue todavía superior a los demás.

La discusión, más allá de rendirle a las encuestas de internet y la interacción con el público que plantea como obligatoria la comunicación de hoy, no es de fútbol: es sobre el tiempo. El periodista Néstor López asegura que no hay que discutir ni a Messi ni a Maradona sino contraponer a cada ser humano según la vida que llevaba cuando miraba a Messi y a Maradona. Los fanáticos de la pelota suelen recordar grandes fechas de su historia dependiendo de los resultados de su equipo en aquel entonces. 

Puede ser, sobre todo, que el fútbol sea una manera de ejercer la memoria. Gabriel García Márquez, de quien se cumplieron esta semana tres años de su fallecimiento, escribió: “La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”. El pedido de cara a Juventus contra Barcelona, al Mundial de Rusia que compartirán juntos Messi y Dybala si dios se apiada de los argentinos, a las cantidades de clásicos que queden si el morbo avanza con el delantero cordobés enfrentando al rosarino en un Real Madrid-Barsa, al día en que uno se retire y el otro siga jugando, es disfrutar de dos historias paralelas que no son la misma.

Porque, como dijo Maradona, nunca vio, en 57 años, algo parecido a Messi. Ni lo verá. Porque el tiempo, todos los días, en las buenas y en las malas, siempre es nostalgia.