Memoria All Black

Ezequiel Fernández Moores
lanacion.com

Los jóvenes comienzan a bajar del autobús. Grandotes. Con ropa deportiva. "Son los All Blacks", dice en voz baja, asombrado, uno de los guías, fana del rugby. La Embajada de Nueva Zelanda había avisado a la Secretaría de Derechos Humanos que "un grupo de jóvenes neozelandeses" visitaría el miércoles pasado el Museo Sitio de Memoria ESMA. No aclaró que se trataba de la selección más poderosa en la historia del deporte mundial. La primera que visita la ESMA. Una docena de sus jugadores en su día libre. Sin prensa. Sin políticos. "Celebro enormemente que un grupo de deportistas quiera conocer este lugar", los recibe Alejandra Naftal, directora del Museo. Naftal destaca la juventud de los visitantes. La entrada del Museo tiene decenas de carteles con rostros de las víctimas. Naftal señala el de Betina Tarnopolsky. "Tenía quince años", le dice a los All Blacks. Fue presa en la ESMA, torturada y asesinada, lo mismo que sus padres y un hermano.

"¿Cómo era posible que en este lugar nacieran chicos?". Los All Blacks leen la inscripción en el piso. Escuchan a Marcia Pérez, joven guía, entre asombrados y doloridos. Están en el Casino de Oficiales. Centro de detención y tortura. De grilletes y capuchas. Y de partos clandestinos. La sala es pequeña. Tiene una ventana. La joven madre, cuentan testimonios escritos en las paredes de una sala contigua, eran calmadas en pleno parto por presas con grilletes. Está la carta que una parturienta deja para que entreguen a su madre. "Espero que el niño te consuele la incertidumbre, querelo mucho, es un amor". Casi ninguna carta llegaba a destino. Las parturientas, escuchan los All Blacks, eran asesinadas a los pocos días. Y sus hijos entregados a otras familias. En plena recorrida, el fisioterapeuta Pete Gallagher, autor de la iniciativa, cuenta por qué está él allí: "Vine muchas veces a la Argentina, pasé siempre por la puerta, me pareció que ya era tiempo de entrar y conocer".

"El ambiente -describe la cuenta oficial de los All Blacks en Instagram- hoy era solemne y emotivo a la hora de la visita de un grupo de jugadores a la ESMA, un museo de derechos humanos aquí en Buenos Aires, establecido para conmemorar las 30.000 personas desaparecidas en Argentina durante la dictadura militar entre 1976 y1983. La angustia inimaginable de este período se siente hoy". Dejan en Youtube el testimonio del hooker Dane Coles. "Escuchamos historias de mujeres que estaban embarazadas y les quitaron sus bebés.Siempre tratamos de aprender un poco de la historia de los países que visitamos. A veces es un poco triste, pero aquí tratan de mantener la memoria viva sobre lo que ocurrió en ese centro". "El olvido -escribió el uruguayo Mario Benedetti- está lleno de memoria".

Joe Locke, jefe de prensa de los All Blacks, me dice que la visita fue "shockeante. Cuando viajamos -añade- hacemos no solo visitas turísticas. En París y en Roma vamos a La Tumba del Soldado Desconocido. Aquí estuvimos el año pasado con Los Espartanos (el equipo de presos de la Unidad 48 de San Martín) y ahora la ESMA". "Fue impresionante -me dice Sebastián Schonfeld, director de Relaciones Institucionales del Museo- ver a deportistas del más alto nivel en actitud de humildad total, respeto absoluto". La recorrida incluye las salas Capucha y Capuchita. Los All Blacks preguntan cómo eran los interrogatorios bajo tortura. Por qué un golpe de Estado, cuántas fueron las víctimas. Los juicios, las demoras, la lucha de los organismos de Derechos Humanos. Marcia, la joven guía, les habla de los juicios por delitos de lesa humanidad, delitos de Estado. Y les cuenta que apenas semanas atrás fue hallado el nieto 130. "Los 30.000 no son un número, son un nombre", leí meses atrás. "Dentro de los 30.000 -me recuerda Marcia otra cita- están todos los silencios".

Los All Blacks no saben que el mes pasado fue presentado en la ESMA un libro del periodista Gustavo Veiga Deporte, desaparecidos y dictadura, que enumera hasta 152 rugbiers desaparecidos. "Y apoyan la ovalada debajo de los palos", leyó su poema durante la presentación Julián Axalt, hijo de uno de los rugbiers de La Plata desaparecidos. A su lado está Rosa Roisinblit, vital y lúcida, a un paso de cumplir los cien años.

La vicepresidenta de Abuelas recuerda a Patricia, su hija jugadora de tenis de mesa. Patricia parió en la ESMA a Guillermo, hoy nieto recuperado. Los All Blacks dejan la ESMA hora y media después. "Hubo lágrimas", contó a un amigo Ardie Savea, que no fue al Museo. "Esta experiencia -despide Naftal a los visitantes- los convertirá en mejores personas y mejores deportistas".

Cuatro días después, los All Blacks le ganan a Los Pumas en Vélez. Cantan el haka, memoria maorí: "¡Es la muerte, es la muerte... Es la vida, es la vida". "Mejor persona, mejor jugador" es justamente la base de la filosofía All Black que implantó Gilbert Enoka, coach de Aptitudes Mentales del equipo. "Si el único bloque que tienes es el rugby, colapsarás". En una cena estos días en Buenos Aires, Enoka reiteró a un amigo curioso que "no hay fórmula. Solo valores y ser nosotros cien por ciento. La cultura -le dijo Enoka- es un conjunto de relaciones vivas con un objetivo común. No es algo que seas. Es algo que haces".

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