Medias Rojas, Medias Blancas... ¿Medias Azules? Manny sigue siendo Manny

Gary Phillips
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Manny Ramírez antes de la práctica de los Medias Azules en Sídney, el 10 de diciembre de 2020. (Isabella Moore/The New York Times)
Manny Ramírez antes de la práctica de los Medias Azules en Sídney, el 10 de diciembre de 2020. (Isabella Moore/The New York Times)
Dean Myrmell, izquierda, y Manny Ramírez conversan durante una práctica de los Medias Azules en Sídney, el 10 de diciembre de 2020. (Isabella Moore/The New York Times)
Dean Myrmell, izquierda, y Manny Ramírez conversan durante una práctica de los Medias Azules en Sídney, el 10 de diciembre de 2020. (Isabella Moore/The New York Times)

Adam Dobb pensó que lo estaban engañando.

El correo electrónico que recibió tenía que ser una broma. ¿Un hombre de 48 años que es una leyenda del Béisbol de las Grandes Ligas quiere jugar profesionalmente en un país donde nunca ha estado? Alguien tenía que estarle jugando una broma a Dobb, un seguidor de toda la vida de los Medias Rojas de Boston y dueño de los Medias Azules de Sídney de la Liga de Béisbol Australiano.

No era una broma: Manny Ramírez realmente quería jugar allá. El jugador con 12 apariciones en Juegos de las Estrellas había estado trabajando con estudiantes de bachillerato y estaba complacido con su propio bateo; así que cuando su agente llamó para preguntarle si quería jugar al otro lado del mundo, el jugador simplemente respondió: “Claro, ¿por qué no?”.

Durante el verano, Dobb no tardó mucho en recibir ese primer correo electrónico que le decía que el equipo de Sídney había conseguido la firma de Ramírez por un año, con una opción para el equipo en la que insistió el agente de Ramírez. El jugador tenía otra petición: que Sídney no pudiera cambiarlo a otro de los equipos de la Liga de Béisbol Australiano. Los Medias Azules cumplieron felizmente con el acuerdo.

“Mmm, déjame pensar sobre aquello”, Dobb respondió sonriendo durante una entrevista vía Zoom, al recordar sus pensamientos en ese momento. “De acuerdo, no voy a cambiar a Manny”.

Dobb no quiso revelar los detalles financieros del acuerdo, únicamente dijo que Ramírez ganará muchísimo menos dinero que en las Grandes Ligas, donde recaudó más de 200 millones de dólares en pagos. Los Medias Azules, sin embargo, le pagarán a Ramírez, dos veces campeón de la Serie Mundial con los Medias Rojas, por mucho más que su producción en el campo. La presencia de una exsuperestrella internacional con una extraña habilidad para atraer la atención es una oportunidad, no solo para el equipo de Sídney, sino también para todo el béisbol australiano en general. (Y para Ramírez, quien jugó brevemente para los Medias Blancas de Chicago en sus últimos años en las Grandes Ligas, esto completa una carrera al estilo del Dr. Seuss, con equipos nombrados por el color de sus calcetines).

“El dinero que le pagamos no es un salario por jugar”, explicó Dobb, quien ya imagina clínicas de bateo, documentales, camisetas de obsequio, cenas corporativas, partidas de golf y otros planes centrados en Ramírez.

“Movimos cielo y tierra donde fue necesario. Lo buscamos más que a otro jugador importado”, aseguró Dobb. “Ahora tenemos un embajador de nuestro juego como nunca lo había tenido este país”.

Ramírez no llegó a Australia hasta mediados de noviembre y no se incorporó a su nuevo equipo hasta el 1 de diciembre debido a una cuarentena de 14 días, pero los Medias Azules ya comenzaron a sentir la ola sísmica de atención que Ramírez ha generado durante los 19 años de carrera que tuvo en las ligas mayores y que culminaron en el año 2011.

Después que la noticia del compromiso de Ramírez con Sídney emergió durante un reportaje de Jon Heyman en la cadena de televisión de las Grandes Ligas, se ha hecho mención de los Medias Azules en ESPN, CBS Sports y durante muchas transmisiones de juegos en Estados Unidos.

La contratación también generó titulares en Australia, donde el béisbol está lejos de ser el pasatiempo nacional, palideciendo en popularidad ante el fútbol con reglas australianas, el rugby, el cricket, el tenis, el fútbol y el baloncesto, entre otros deportes. (Aunque es revelador que se hayan visto, al menos, dos incidentes documentados de personas en Australia con gorras de los Medias Rojas que no reconocieron a Ramírez).

“El béisbol es un deporte de tercera en este país”, explicó Dobb. “No nos toca la última página del periódico. No nos tocan los titulares en los noticiarios de televisión”. El interés de los medios globales y locales llevó al propietario a explorar la opción de transmitir los juegos en línea no solo para los australianos, sino también para los aficionados estadounidenses.

“Hay mucha emoción, no solo de parte de los jugadores en la organización de los Medias Azules, sino en toda la comunidad beisbolera”. Así lo expresó, a través de un correo electrónico, Alex Howe, jardinero del equipo de Sídney quien veía a Ramírez en ESPN cuando era más joven. “Creo que hay muchas personas en Australia que están muy emocionadas por la posibilidad de ver a Manny”.

Más allá de los deberes como embajador de Ramírez y el ajetreo que ha causado, Sídney tiene planes para que el jugador sea el mentor y el entrenador de bateo no oficial de sus compañeros de equipo. Hasta ahora, todo bien: cuando la lluvia obligó a los Medias Azules a una práctica de bateo bajo techo, durante el primer día de práctica de Ramírez, este se apresuró a ofrecer consejos y a discutir los aspectos mentales del bateo mientras esperaba su turno.

“Manny encaja muy bien. Es uno más de los muchachos”, dijo Shane Barclay, el entrenador de los Medias Azules, durante una entrevista a través de Zoom. “Obviamente, están sorprendidos con su presencia, pero, en lo que respecta al contacto personal, lo han tratado como a uno más del equipo”.

A pesar de toda la habladuría sobre cómo Ramírez impactará a los Medias Azules fuera del campo, todavía está el asunto sobre las expectativas en el campo para el jugador de 48 años.

Debido a la pandemia, los Medias Azules no pudieron participar en verdaderos juegos de exhibición antes de su partido inaugural el jueves. Y el equipo de Sídney anunció temprano ese día que Ramírez se perdería el primer partido por una lesión de poca importancia, según explicaron.

Sin embargo, sus compañeros de equipo y entrenadores han estado impresionados por el aspecto físico del jugador y por su bateo. Según explica Dobb, Ramírez aún bateaba diariamente antes de firmar con Sídney y pasó su tiempo de cuarentena trabajando a distancia con la entrenadora de bateo de ligas menores de los Yankees de Nueva York, Rachel Balkovec, quien está pasando su descanso de la temporada con los Medias Azules. Ramírez aún trabaja cercanamente con Balkovec para poner fin a un año de inactividad de juego a nivel profesional

“Estoy tratando de recuperar mi ritmo, ver algunos lanzamientos en vivo y trabajar desde ahí”, dijo Ramírez. Cuando se le pidió un informe actual sobre sus condiciones físicas, admitió: "Tú no sabes con qué te encontrarás".

La meta es que Ramírez sea el bateador designado de Sídney en todos los juegos y no será juzgado por una curva a pesar de su edad. Al mencionar la edad de Ramírez, Dobb rápidamente recuerda otro número: .413, ese era el promedio de bateo de Ramírez en 23 juegos con los Kochi Fighting Dogs, un equipo de la liga de béisbol independiente de Japón, en 2017.

“Se ha cortado un par de veces, pero no pensarías que es un cuerpo de 48 años”, dijo Barclay después que Ramírez se incorporó por primera vez al equipo. “Está en forma, está enfocado. Después de hablar con él, sé que no hay manera de que el fracaso sea una opción para él. Está tan concentrado como si vieras a un joven de 18 años jugando".

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company