Mavercik Viñales abandona Twitter o cómo el odio vuelve a ganar

Oriol Muñoz
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PORTIMAO, PORTUGAL - APRIL 18: Maverick Viñales of Spain and Monster Energy Yamaha MotoGP concentrates at the starting grid at Autodromo Internacional Do Algarve on April 18, 2021 in Portimao, Portugal. (Photo by Steve Wobser/Getty Images)
Viñales era de los pocos deportistas de élite que se gestionaba él mismo sus cuentas en las redes sociales (Photo by Steve Wobser/Getty Images)

La mayoría de los deportistas de élite contratan una empresa externa o a alguien de confianza para que gestionen sus cuentas en las redes sociales. No es el caso de muchos pilotos de la actual parrilla de MotoGP, donde nombres de la talla de Jorge Lorenzo, Aleix Espargaró o Maverick Viñales controlan sus propios perfiles. O controlaban, porque el piloto de Yamaha ha decidido cerrar su cuenta de Twitter después de que, tras su decepcionante carrera en Portimao, los haters llenaran de insultos y descalificaciones su perfil. Harto de aguantar todo esto, el de Roses decidió cortar de raíz.

Desgraciadamente no es la primera vez que esto ocurre en el mundo del deporte. Por ejemplo, Thierry Henry, mítico jugador del Arsenal y Barcelona, abandonó Twitter también el pasado mes de marzo por ponerle freno al racismo y a la intimidación que estaba recibiendo una y otra vez tras dar su apoyo al movimiento Black Lives Matter. Su salud mental se estaba deteriorando por culpa de los constantes mensajes tóxicos que recibía. Por casos como estos los deportistas deciden dejar un lado las redes y especialmente la del pájaro azul. Lo que podía ser un elemento de unión entre atleta y aficionados ha terminado siendo todo lo contrario. Como es normal, los deportistas prefieren aislarse aún más.

Que los atletas profesionales reciban cientos de insultos y amenazas en las redes es algo que hemos dado por sentado. ‘Es lo que hay, son gente famosa y no gustan siempre’. No podemos estar más equivocados, ser famoso no te exime de ser persona y a absolutamente a nadie le gusta que centenares de bots y usuarios que se refugian en el anonimato centren su actividad en insultarte y criticar todo tu trabajo sea cuál sea el rendimiento. Refugiarse en la libertad de expresión es muy fácil, parece que con ello se justifica todo comentario. La libertad de uno termina cuando se está atacando a la de otro. Que un piloto diga lo que piensa de forma respetuosa en redes y, según lo que diga, le llegan decenas de respuestas insultando o faltando a su persona es denunciable. Si este acoso se produjera en las escuelas, trabajo o en un ambiente donde los encuentros sean cara a cara, todos nos pondríamos las manos a la cabeza. ¿Por qué en las redes lo vemos normal? Porqué erróneamente pensamos que es algo contra lo que no se puede luchar.

¿Y el propio papel de Twitter cuál es? Son varias las redes sociales que luchan para acabar con los bots y cierran cuentas cuyo contenido sea ofensivo. Pero el ritmo es muy lento. Es mucho más veloz crear 100 cuentas falsas que ir perfil a perfil buscando su origen y el contenido que sube. A pesar de que sea complicado, Twitter debe ofrecer el mejor producto a sus clientes y los deportistas como Viñales son igual de clientes que cualquiera de los demás usuarios. Son muy rápidos a la hora de censurar por temas de derecho de autor, se podría ser igual de efectivo por una tema tan importante como este. 

Este tipo de huidas ante el acoso en redes no están solo en el mundo del deporte. Hace tan solo unas semanas la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se fue también de Twitter debido a los constantes ataques que recibía día sí día también. Lo mismo ocurrió con el pianista James Rhodes cuando consiguió la nacionalidad española.

Queda mucho trabajo por hacer en las redes para limpiarlas de semejante lacra. Por culpa de estos comportamientos nos perdemos la oportunidad de escuchar de primera mano las sensaciones de deportistas y famosos sin ningún tipo de intermediarios de por medio. Nos quejamos de lo elitista que se convierte el deporte y cuando pilotos como Viñales se abren, solo le cae odio por todos los lados. Nos quejamos de vicio.

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