Masters de Augusta: Tiger Woods, el Ave Fénix que ilusiona de nuevo después de su hazaña en 2019

Gastón Saiz
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El Ave Fénix se levantó una vez más entre magnolias y azaleas. No importa la coyuntura reciente de flojos resultados, ni sus ya acostumbradas ausencias en el PGA Tour para preservar su físico: cuando Tiger Woods llega al Masters, se agiganta y demuestra que por algo tiene en su locker cinco sacos verdes. Su primera vuelta en esta Augusta otoñal fue para ilusionarse, porque firmó 68 golpes (-4) y completó una jornada sin bogeys en majors después de 106 rondas, desde aquel lejano PGA Championship 2009.

Entonces los amantes del golf se preguntan: ¿será capaz de hacerlo de nuevo, luego de cristalizar el año pasado uno de los regresos más impactantes en la historia del deporte? Pocos creían en él en 2019, y su nivel actual no invitaba a ilusionarse para que brillara una vez más en este campo con un follaje más ocre y anaranjado. Lo cierto es que el californiano se puso en plena carrera para seguir reescribiendo los libros: ahora quiere igualar las seis chaquetas de Jack Nicklaus, llegar a 16 majors y transformarse en el máximo ganador en el PGA Tour (83).

"Pegué un tiro en el 9, que fue mi último hoyo del día, y escuché nada más que cuatro o cinco aplausos. ¡Todo es muy diferente este año, la energía es muy distinta!", apuntaba un Tiger sonriente, en relación a que el torneo se disputa por primera vez en la historia sin público debido a las restricciones de la pandemia. Para agregarle accidentes a esta versión del major, la primera vuelta sufrió un retraso de tres horas debido a que se desató una feroz tormenta y quedó inconclusa, con el inglés Paul Casey (-7) como puntero. Encima, las sirenas de suspensión sonaron a las 17.32 por una luz solar que, lógicamente, es mucho más débil que en primavera, la tradicional estación del Masters.

Las buenas sensaciones alrededor de Tiger solo aparecieron cuando llegó al club hace unos días: tuvo buenas rondas de práctica y productivas sesiones en el driving range, sumados a su confirmación de que estaba bien físicamente y no sentía dolores en la espalda. "Es cuestión de poner todas las piezas juntas", reflexionaba, haciendo una figura de lo que pretendía para su juego esta semana. Pues bien: cuando se terminó la lluvia y el arco iris le dio un marco mágico a Augusta National, se encontró con un par 72 que ofreció muchas facilidades. El terreno blando, los greens receptivos, la ausencia de viento y un cielo celeste le abrieron la chance para atacar la cancha y poner un buen score, un punto que siempre se le hizo complicado en la primera jornada a lo largo de su historial de participaciones en Augusta.

Arrancó en el hoyo 10, no se complicó con las salidas, escapó en los momentos apremiantes con buenas recuperaciones y fue confiable en el juego corto. Pero más allá de su sólida vuelta y en piloto automático, lo que sostiene a Tiger es su experiencia y su profundo conocimiento de la cancha. No existen secretos para él en Augusta National y no es para menos: ésta es su actuación Nº 23 desde 1995 y jugó 87 rondas oficiales (49 bajo el par) para llevarse cinco títulos. A los 44 años, el crack habló sobre su sabiduría de Maestro: "Entiendo cómo hay que jugar esta cancha. El hecho de ser campeón aquí me permitió hacer muchísimas rondas de práctica y varios ex ganadores me ayudaron también en la manera de interpretarla, más allá de que todos los hoyos fueron rediseñados a través del tiempo".

El foco del torneo volvió a lo tradicional, al Tiger de siempre, más allá de que el atractivo inicial era ver cómo Bryson DeChambeau desplegaba su golf excedido en distancias y golpes descomunales con el driver. Finalmente, el musculoso campeón del US Open entregó una buena tarjeta de 70 golpes (-2), pero en varios hoyos administró mal su increíble potencia y perdió el control. Habrá que seguirlo al Científico, sobre todo para ver si puede contener ese derroche de vitalidad y la tentación de superar por muchas yardas al resto de los competidores.

Por ahora es un Augusta que les da refugio e ilusión a los cuarentones, contabilizando a Tiger, al líder Paul Casey (43 años), que persigue su primer título grande después de haber finalizado segundo en el último PGA Championship, y a otro inglés, Lee Westwood (-4), una tradicional figura de 47 años del Tour Europeo que fue dos veces escolta en el Masters, en 2010 y 2016. El primer capítulo de este Masters corrido en el calendario quedó por la mitad; todo es muy prematuro y se multiplican los candidatos (Justin Thomas, Jon Rahm, Dustin Johnson, entre los notables), pero el golf se resiste a dejar atrás a Tiger. O mejor dicho, es el californiano quien no quiere abandonar los primeros planos: los aromas de este campo están impregnados en su cuerpo.

Abel Gallegos: muchos errores y un buen cierre

Primero fue la concreción de un sueño. Y después, el momento de concentrarse y jugar. A Abel Gallegos se le hizo muy cuesta arriba su debut en el Masters, con apenas 18 años. El aficionado argentino, que se clasificó a este certamen por su título en el Latin America Amateur Champioship, finalizó con 79 golpes (+7), producto de dos dobles bogeys (12 y 13), siete bogeys y birdies en el 2, 15, 16 y 17.

El chico de Veinticinco de Mayo comenzó desviando su drive a la izquierda, se frustró con varios putts desde cortas distancias y no pudo aprovechar la generosidad de la cancha. Lo bueno es que encadenó tres birdies en el tramo final, más allá de que el approach del 18 pegó en la bandera y la bola retrocedió, con lo que se despidió con un bogey.

"Fue un día complicado, porque la cancha me puso a prueba desde un principio. Arranqué mal aunque la supe luchar, no me dejé caer y cerré bien. Disfruté jugar con grandes jugadores, de la cancha y dejé el 100% en cada tiro", señaló el jugador de Las Mulitas Golf Club, que se ilusionó para hoy: "Tengo una chance; ojalá sea una buena vuelta y pase el corte".

Las perlas de la primera ronda

El primer acierto de Tiger en el hoyo 1

Approach y águila para Rahm en el 2

El chip del australiano Luke Michel en el 12

El águila desde el bunker de Tony Finau