Marvin Hagler: un campeón imponente y el round más escalofriante en la era de los clásicos

Osvaldo Principi
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Marvin Hagler luego de vencer a Roberto "Mano de Piedra" Durán, noviembre de 1983, Las Vegas.
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La muerte de Marvin Hagler representa la desaparición de uno de los últimos monumentos vivientes que enorgullecían a la comunidad pugilística. Válido, en comparaciones históricas con campeones de tres siglos atrás y referente de las décadas del 70 y 80 donde éste deporte escribió páginas colosales. Hizo las mejores peleas y enfrentó a todas las estrellas de ese momento.

Fue un duro en el ring y un astuto sobreviviente fuera del mismo. Dueño de una imagen imponente alimentada por su calva negra y lustrosa que lo convertía en un hombre poderoso e imponente hasta para estrecharle la mano. Portador de una sonrisa sonora y afinada pero irritable ante cuestionamientos o repreguntas sobre su vida. Los actos trascendentes –para él– se resolvían en una instancia, en una charla, en una gestión. Era sí o no.

Se llevó consigo distintos secretos a la tumba. Uno de ellos, concitó un juego de detectives con los historiadores y estuvo dado en el año de su nacimiento: ¿1952 o 1954? Variante que lo rejuveneció cuando se acercó al título mundial y que ignoró cada vez que fue consultado.

Murió Marvin Hagler, un señor campeón de una época inolvidable de los medianos

Llevó el apellido de su madre Ilda y la mayoría de sus seis hermanos tomaron la identidad del padre: Sims. Nació en los barrios pobres de Newark (New Jersey); de niño vivió todos conflictos raciales y asimiló, sin proponérselo, una instrucción elemental de cultura y religión judía. La familia se dividió y Marvin, junto a su mamá, se trasladó a Brockton ( Massachusetts) –pago natal del gran Rocky Marciano– y allí empezó su carrera de boxeador creíble de la mano de dos hermanos italianos: Pat y Goody Petronelli.

Dejó gran parte de su resentimiento personal y empezó a ascender en todo. Armó una buena familia constituida con Bertha, su esposa de muchos años e hijos comunes y del corazón. Empezó a ganar desde su debut en 1973 y esperó con paciencia el retiro del santafecino Carlos Monzón, quién reinó sin apremios entre 1970 y 1977. Si bien compartieron ranking mundial desde 1975, jamás hubo gestiones oficiales para una pelea entre ellos. Hagler era semifondista en veladas en las cuales Monzón se despedía del boxeo en 1976-1977. Era zurdo, fuerte, talentoso, sabía boxear, pelear y noquear. Sin embargo, el equilibrio técnico y anímico de Monzón, hubiese prevalecido y proyectado una potencial victoria por puntos en 15 rounds ¡Fantasía nomás!

La potencia de Marvin Hagler lastima a Roberto "Mano de Piedra" Durán, en noviembre de 1983, en Las Vegas.
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La potencia de Marvin Hagler lastima a Roberto "Mano de Piedra" Durán, en noviembre de 1983, en Las Vegas. (Anonymous/)

Protagonizó la pelea más excitante de todos los tiempos ante Thomas Hearns, en 1985, con un KO épico en el tercer round tras haber dado vida al primer asalto más escalofriante de cualquier época. Hasta Silvester Stallone, debió volver a filmar las acciones de su criatura cinematográfica, Rocky Balboa, en su desafío contra Clubber Lang, como consecuencia de esta batalla.

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La Argentina lo sufrió contra el cordobés Juan “Martillo” Roldan, en 1984, después de verlo en la lona y resurgiendo con todos sus recursos. Limpios e impuros. Protagonizó 15 rounds apoteóticos ante el panameño Roberto Durán, en 1983, a quien batió por su condición de notable atleta en los tres capítulos finales. Y fue parte del último gran concierto del cuadrilátero cuando perdió su corona con Sugar Ray Leonard en 1987. Algo que resistió hasta el último día de su existencia. Para muchos ganó y para otros –como quién escribe estas líneas– perdió.

El KO a Hearns

Era hábil para pegar y cortar al oponente. Para herirlo y sacarlo de los combates. Así ganó el mundial mediano ante el inglés Alan Minter, en 1980, y de ese modo se desquitó del italiano Vito Antuofermo. Sería empalagoso acompañar esta descripción con una planilla estadística de su carrera de 67 combates entre 1973 y 1987.

Tenía un criterio para los reportajes. Solía afirmar que cuando una nota salía buena no debería repetirse. Y al reiterarle tal solicitud con el transcurrir del tiempo, siempre ratificaba tal moción. Le costaba convivir con sus errores deportivos. Rescatamos estas reflexiones sobre trabajos realizados con él. “Con Monzón pertenecimos a períodos distintos. Sabía que otros eran los nombres que estaban en mi camino. Estuve a punto de darle una chance mundial a su compatriota Rubén Pardo, pero no se dio. El boxeo de Filadelfia era el gran desafío de mi juventud . Pelear con los medianos que provenían de allí como Bobby Watts, Willie Monroe y Bennie Briscoe era un honor. Era lo máximo. ¡Por favor! El empate que me dieron con Vito Antuofermo fue una ofensa a mi carrera y las pagó en la revancha. “Martillo” Roldán, me derribó con una palanca y no con un golpe. Por eso considero que nunca me tiraron en un mundial. Cuando escuché el fallo que me declaró perdedor ante Sugar Leonard decidí no pelear más. Amaba Las Vegas pero esto despertó en mi desilusión y rechazo Tras esto no pelee nunca más . Un boxeador para ser el N° 1 debe cobrar como tal. Más que todos y mejor que nadie. Yo cobré más que Hearns, que Durán y que Leonard, cuando protagonizamos los clásicos. Estoy contento en Italia, un cambio de vida con mi nueva pareja, Key Guerrera. Vivo tranquilo sin hablar casi italiano”.

Marvin Hagler y Ray Sugar Leonard, en abril de 1987, en Las Vegas.
LENNOX MCLENDON / Archivo


Marvin Hagler y Ray Sugar Leonard, en abril de 1987, en Las Vegas. (LENNOX MCLENDON / Archivo/)

Fue un campeón con derecho adquirido para ingresar en lo más alto del pedestal de los medianos en donde Ray “Sugar” Robinson, fue el mejor de todos los tiempos. Todo lo hizo bien. Y tuvo los socios ideales en el ring –Martillo Roldán, Roberto Durán, Tommy Hearns, John Mugabi y Sugar Ray Leonard– para potenciar sus faenas. Eso lo transformó en único e inimitable. Sabía cómo ganar y nunca esquivó al riesgo y a los mejores retadores. Opción que sólo escogieron los indiscutidos como él.