Marcos Rojo en Boca: en qué puesto lo imagina Miguel Russo y el peso de una larga inactividad

Franco Tossi
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Marcos Rojo llega con una prolongada inactividad a Boca
Fuente: Archivo

Si aún no se afirma que Marcos Rojo es el primer refuerzo de Boca, es simplemente porque restan formalidades que ponen la cautela sobre la mesa: revisión médica, firma del contrato y la presentación ante Miguel Ángel Russo y sus nuevos compañeros. Está al caer. El hombre que romperá un mercado nuevamente austero por las crisis económicas que se profundizaron con la pandemia. Y de la manera que más le atrae al Consejo de Fútbol, liderado por Juan Román Riquelme: sin invertir un centavo en su pase, con la oportunidad de la libertad de acción del jugador y alimentando al plantel con un apellido de jerarquía que eleva las expectativas de cara a la nueva temporada.

Fuera del Mundo Boca creen que no es para exagerar. Que la incorporación no es llamativa porque hace un año ya había explotado la bomba de que volvía a ponerse la camiseta de Estudiantes, por el préstamo que habían acordado en La Plata con el poderoso Manchester United. Y, asimismo, que esa experiencia le bajó el precio al impacto: tan sólo jugó un encuentro, se desgarró y el coronavirus le impidió mostrarse más en el Pincha, teniendo que volver a mitad de 2020 a Inglaterra, donde tampoco volvió a jugar.

Un jugador inactivo, es lo que se dice. Y es verdad. No obstante, para Boca es un refuerzo de esos que se están buscando hace tiempo, incluso por la anterior directiva de Daniel Angelici, para volver a ganar la Copa Libertadores. De hecho, el defensor formó parte (y hasta jugó un encuentro) del Estudiantes de Alejandro Sabella que fue campeón de América en 2009. Además, tiene sobre su espalda no sólo la participación en dos mundiales con la Selección Argentina (2014 y 2018), sino que también conoce lo que es jugar la final de la Copa del Mundo (derrota 1-0 ante Alemania, en Brasil). También, dos finales de Copa América (2015 y 2016). Aquello, sin contabilizar la experiencia ganada en los diez años que estuvo en Europa, entre Spartak Moscú (Rusia), Sporting Lisboa (Portugal) y Manchester.

"Algo nos va a aportar, ¿no?", inflan el pecho y se ilusionan desde muy cerca del plantel de Miguel Russo. Por lo tanto, el interrogante físico es una cuestión menor. Sobre todo, si también se piensa en que sus 30 años dan la pauta de que a su carrera todavía le faltan más aventuras. Así es como en el predio de Ezeiza ya tienen todo planificado. Saben que Rojo se está entrenando individualmente en nuestro país, pero irán con cautela. Más allá de que estará presente en muchas de las jornadas de la pretemporada, no se descarta que su puesta a punto sea todavía más duradera, justamente por su larga inactividad. "No creemos que arranque jugando. Le llevará tiempo la preparación", le advierten a LA NACION desde el Consejo de Fútbol.

Ahora bien, el gran interrogante se posa sobre el puesto en el que será considerado. En esto también juega su edad. Y es que durante sus inicios, pasando por casi toda su etapa en el seleccionado nacional, su lugar natural ha sido el de lateral izquierdo. Más cerca de estos tiempos, debido a su altura (1,87m) e imponente físico, los diferentes entrenadores que tuvo lo fueron adaptando como segundo central.

En relación a todo esto, lo primero que hay que asegurar es que "Miguel todavía no habló ni una palabra con Rojo", según le aportaron a este diario desde el entorno del técnico del xeneize. Y en segundo lugar, Russo no descarta ni una opción ni la otra. Al contrario, las valora: el defensor zurdo le brindará ambas posibilidades para el armado del equipo. Aunque si se analiza lo que sucede alrededor de ellos, puede existir una clara tendencia.

Por un lado, el N°3 es un puesto que no ha dejado conforme al Mundo Boca. Así y todo, cuando parecía que los ciclos de Frank Fabra y Emmanuel Mas podían terminar pronto tras la eliminación ante Santos, se quiere llegar a un acuerdo con ambos para las respectivas renovaciones. ¿Se buscaría prolongar la estadía de esos jugadores si imaginaran a Marquitos como lateral?

Por el lado de los centrales parece estar mejor orientado el tema. No porque los titulares lo hayan hecho mal en este tiempo: Lisandro López y Carlos Izquierdoz conforman hace dos años una gran dupla que -hasta el momento- acumula más vallas invictas (28) que goles recibidos (25). No obstante, en medio de la pandemia, Russo sintió la partida de Junior Alonso, el zurdo paraguayo que le daba muchas soluciones a la hora de la salida y los cierres rápidos con el mejor perfil. No contó con refuerzos de esas características: tiene a Gastón Ávila, pero es una promesa que las urgencias por ganar la Copa impiden explotar. Rojo será una solución en ese sentido.

Además, teniendo en cuenta lo que Cali dijo hace pocos días: "Cuando llegó Gustavo (Alfaro), me acomodé a jugar de segundo central, pero me costó. A mí me gusta jugar de '2'", reveló el subcapitán. Con esa condición, será difícil que salga del equipo. Así las cosas, Izquierdoz y Rojo podrían convertirse en la zaga principal con el correr del tiempo. De esa manera, López, Carlos Zambrano y Ávila quedarían como importantes relevos de cara a la triple competencia que se avecina: Copa Diego Maradona, Copa Libertadores y Copa Argentina.

El arribo del ex hombre de Estudiantes mantiene la constante búsqueda que tiene Boca desde la década pasada de traer al menos un zaguero por año. Aún teniendo una dupla sólida como la mencionada. En 2010, los nombres incorporados fueron el brasileño Luiz Alberto, Caruzzo e Insaurralde; en 2011, el retorno de Schiavi; en 2012, llegaron Guillermo Burdisso y Magallán; en 2013, la vuelta de "Cata" Díaz y la llegada de "Chiqui" Pérez. En 2014, otro viejo conocido como Forlín y la incorporación de Mariano Echeverría. En 2015, otro trío: el uruguayo Rolín, Torsiglieri y Tobio. Vergini y, otra vez, "Chaco" Insaurralde fueron los del año siguiente. Goltz fue el único en 2017, mientras que los más recientes se dieron a partir de 2018, como Izquierdoz: López y Alonso llegaron al club en 2019, mientras que Zambrano desembarcó en 2020.

Miguel Russo espera a Marcos Rojo mientras imagina cómo aprovechará su jerarquía.