Marcelo Gallardo y la derrota en la final de la Copa Libertadores: "Es la manera más triste de perder"

Claudio Mauri
lanacion.com

La imagen fue muy simbólica por infrecuente, porque no había un antecedente similar en su gestión de cinco años y medio. Si bien el ciclo de Marcelo Gallardo está trufado de triunfos, también tenía algunas derrotas duras, pero en ninguna se lo vio necesitado de un consuelo como la que sufrió ante Flamengo por la Copa Libertadores. Es cierto, había motivos: perder en los últimos tres minutos una final que tenía ganada, provoca un desconsuelo inconmensurable. Y ni este Gallardo que en River hace de jefe, cerebro y estratega lo pudo evitar. En la conferencia de prensa, con el semblante serio, pero sereno, Gallardo fue y vino varias veces con dos sensaciones: dolor y orgullo. "Es la manera más triste de perder", expresó el entrenador de River.

Pocos minutos después de consumada la derrota 2-1 ante Flamengo, el Muñeco tuvo fuerza para darle palabras de aliento a Gonzalo Montiel, el más afectado anímicamente. También le dio un beso a Arrmani. Pero en esa recorrida por el centro de la cancha, deambulando como un sonámbulo o alguien que está sumido en una pesadilla, Gallardo se quebró como nunca se lo había visto. Como un chico, apoyó su cabeza sobre el pectoral del preparador físico uruguayo Marcelo Tulbovitz, un personaje de baja exposición pública, pero dueño de un alto perfil dentro del plantel porque con sus arengas y vozarrón es un factor de motivación.

Gallardo perdió su segunda final internacional (la primera había sido contra Barcelona en el Mundial de Clubes), la primera continental, y la cuarta (dos por la Supercopa Argentina ante Huracán y Lnaús) en total de las 14 que disputó.

Por estas horas, Gallardo queda emparejado con Ottmar Hitzfeld como el entrenador al que se le escapa insólitamente una final. En la definición de la Champions League 1999, el DT alemán ya saboreaba en el Camp Nou la victoria 1-0 de Bayern Munich sobre Manchester United, que en el cierre dio un vuelco inesperado con los goles de Sheringham y Solskjaer.

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