Una marca llamada Pelé

Ezequiel Fernández Moores
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Diego Maradona, digámoslo de entrada, no aparece en ningún momento (ni siquiera podían hacerse preguntas sobre el 10 en entrevistas de promoción con la prensa). La única presencia argentina en el documental sobre Pelé estrenado ayer por Netflix es entonces Edgardo Andrada. El arquero rosarino sufre la fiesta del gol número mil de Pelé en 1969 en el Maracaná. En realidad, Pelé había anotado su gol número mil cinco días antes. Y fue el mil porque las cuentas de Pelé (que llegan a 1.283 goles) incluyen hasta partidos con la selección del Ejército brasileño. Pero incluyen también golazos en giras y amistosos inolvidables contra Real Madrid, Barcelona o Inter. De cuando el fútbol europeo aprendía de Sudamérica. Y Pelé paseaba su clase por el mundo y le decían "O Rei". Y cuando el poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade decía que "lo difícil, lo extraordinario", no era "hacer mil goles como Pelé". Lo difícil, destacaba el poeta, era "hacer un gol como Pelé".

Netflix nos refresca muchos de esos goles. Los del primer Mundial de Suecia '58 con apenas 17 años. Y los de México '70, incluidos los "casi goles": el del tiro de media cancha contra Checoslovaquia, el del amague histórico al arquero uruguayo Ladislao Mazurkiewicz y el del salto interminable para el cabezazo que salvó el inglés Gordon Banks. ¿Y cuántas repeticiones en la web tendría hoy el gol de los cuatro sombreros que Pelé anotó en 1959 contra el Juventus brasileño si ni siquiera hay un registro fílmico de la hazaña, pero sí esta bella recreación del sitio GZH?. ¿Y el gol que Pelé anotó dos años después en el Maracaná, tras eludir a seis jugadores de Fluminense y amagando siempre que se la pasaba a Coutinho, su gran socio en el Santos que fue campeón de todo? Distintos son los amagues que suceden afuera de la cancha. Porque el Pelé de Netflix concede hablar de vida privada, pero solo para admitir alguna infidelidad. Sin rastros, por ejemplo, de Sandra Regina, la hija extramatrimonial que Pelé, ídolo modelo, aceptó solo después de trece apelaciones judiciales y a cuya muerte, con apenas 42 años, O Rei envió una corona de flores que la familia devolvió de inmediato.

No es fácil indagar sobre un ídolo popular, más aún si tiene el carisma y la sonrisa eterna de Pelé. Y si además acepta ser entrevistado y pone algunas condiciones, como también sucedió con Michael Jordan y su Last Dance. Ya no existe una tapa en El Gráfico. Pelé recurre a Netflix para decirle a los más jóvenes que acaso Cristiano Ronaldo y Leo Messi podrán superar algunos de sus records, pero no ganaron Mundiales. Y él tiene tres. A sus ochenta años, el llamado "Atleta del Siglo" abre el documental caminando con andador. Le responde al director inglés David Tryhorn que, de niño, jamás imaginó que terminaría convirtiéndose en el "Rey" del fútbol mundial. Minutos después, recuerda sin embargo la anécdota de papá Dondinho llorando por la derrota contra Uruguay en el Maracanazo de 1950 y él con apenas nueve años dándole consuelo, diciéndole al padre que se encargará de darle a Brasil su primera Copa Mundial.

El documental gana en ritmo, y en contradicciones, cuando entra al terreno político. Aparece el ex presidente Fernando Henrique Cardoso justificando viejos silencios de Pelé porque "O Rei", afirma, "nunca" se alineó "con un gobierno". Con ninguno, excepto con el suyo (Pelé fue su Ministro de Deportes entre 1995 y 98). Cardoso lo defiende porque el documental se pregunta si acaso Pelé fue un títere del dictador más cruel que sufrió Brasil, el general Emilio Garrastazu Medici, que abraza feliz al crack tras la coronación de México '70. "Comportamiento de negro sumiso", lo cuestiona su ex compañero Paulo Cézar Lima, "Cajú". Pelé era más joven. Los golpes antes eran moneda corriente en Sudamérica y se le decía "gobierno" también a las dictaduras. Pero el Pelé de Netflix no ayuda. Más de medio siglo después, responde que su vida no cambió en nada tras el golpe de 1964. Porque "el fútbol siguió igual", dice Pelé indiferente, en medio de imágenes de brutal represión.

¿Acaso Pelé está obligado a ser rebelde como Muhammad Alí?, cuestiona el documental. "Símbolo de emancipación de Brasil", lo enaltece el músico Gilberto Gil. A su lado, hasta Garrincha, héroe del Mundial 62, aparece perdido en alguna imagen como si fuese un actor de reparto, sin una mínima mención. Tampoco hay referencias sobre qué significó ser un Rey negro en un país que hoy mismo vive episodios de racismo. Por momentos, y aún cuando indague zonas oscuras, el documental parece más interesado en la "Marca Pelé", que ahora es manejada por Joe Fraga. El manager estadounidense lució hiperactivo en 2020, cuando Pelé cumplió ochenta años. Hubo homenajes y redes sociales para el crack que dio alegría al pueblo brasileño. Vínculos intensos con el crack nuevo (Kylian Mbappé). Y también una videollamada de Edinho. Es el hijo que fue arquero y que sufrió viejos arrestos por tráfico de drogas. Meses antes, Edinho había contado que su padre estaba muy deprimido. Una nota oficial de Pelé aclaró de inmediato que eso no era cierto. Los mitos no se deprimen. Las marcas menos. En un momento del documental, Pelé, ídolo modelo, repasa su gloriosa carrera. Y nos dice que "el mayor premio no es el trofeo, es el alivio".