Marc Márquez no es el más adecuado para hablar de sanciones, pero tiene razón con Yamaha

Guillermo Ortiz
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Monster Energy Yamaha's second-placed Spanish rider Maverick Vinales (L) and Petronas Yamaha SRT's French winner Fabio Quartararo celebrate on the podium after the MotoGP race during the Andalucia Grand Prix at the Jerez race track in Jerez de la Frontera on July 26, 2020. (Photo by JAVIER SORIANO / AFP) (Photo by JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images)
Photo by JAVIER SORIANO/AFP via Getty Images

Nadie es campeón del mundo ocho veces (seis en la máxima categoría) sin apurar al máximo el reglamento. Marc Márquez lo sabe perfectamente y por eso lleva una década al filo de las sanciones. A veces, sus aficionados se indignan por un rigor excesivo en su contra. Otras veces, son los rivales los que le acusan de trato de favor. En Argentina 2018, acumuló hasta tres sanciones en un mismo fin de semana, lo cual debe de ser aún un récord histórico. Ninguna pareció especialmente protestable. En su batalla con Valentino Rossi de 2015, muchos opinan que hubo momentos en los que ambos pilotos hubieran merecido sanciones más severas. Probablemente, tengan razón.

En definitiva, Marc sabe que los límites son difusos, pero no tardó ni unas horas en colgar en Twitter su protesta por la sanción a Yamaha, una vez demostrado que la marca japonesa manipuló ilegalmente sus motores al menos en dos carreras, incluida la primera de todas, en Jerez, cuando sus dos principales pilotos -Fabio Quartararo y Maverick Viñales- consiguieron el doblete mientras Joan Mir, actual líder del campeonato del mundo, acababa con cero. El tuit expresaba el sentir de buena parte de la afición: no tiene sentido seguir premiando con puntos a pilotos que se han aprovechado de una ilegalidad, aunque no fuera su competencia. Es como si un ciclista da positivo por EPO y dice que la inyección no se la ha puesto él, que sancionen al médico.

Es lógico pensar que Márquez no se hubiera dado tanta prisa si Yamaha no hubiera sido su gran rival desde que empezó en el motociclismo profesional y si su propio hermano no fuera uno de los perjudicados -muy colateralmente, eso es verdad- de la decisión de la FIM. También es lógico pensar que tiene razón. Efectivamente, la Federación debería haber sancionado a Quartararo, a Viñales y a Morbidelli porque se aprovecharon de una ventaja que los demás pilotos no tenían: poder abrir el motor antes de tiempo y trabajar en evoluciones que a lo que se ve no les fue nada mal. Podemos entrar a debatir si la ventaja fue mucho o fue poca, pero si marcas unas reglas para cumplimiento común, no puedes permitir el incumplimiento como si nada. No es justo para los rivales.

Quizá, precisamente, el problema esté ahí, en la rivalidad. El año en motociclismo está siendo terrible en términos de audiencias y de atención mediática. A los problemas ya conocidos de la pandemia -pilotos que dan positivo, carreras sin público, concentración de grandes premios en pocos países, calendario errático...-, se suma la pérdida de Marc Márquez desde la primera carrera y la sucesión de desgracias de Valentino Rossi, que parece que ya podrá correr este fin de semana tras pasar el Covid-19. De los que quedan, probablemente el más carismático sea Fabio Quartararo. El francés venía de un 2019 prometedor y algunos expertos le veían ya como el nuevo Márquez. Su inicio de temporada fue inmejorable, con dos triunfos arrolladores, y desde entonces, no sabemos qué ha pasado, pero se ha venido abajo.

Ahora bien, incluso con una irregularidad sorprendente, Quartararo sigue segundo en la clasificación del Mundial, a solo 14 puntos de Joan Mir a falta de tres carreras. Si le quitan los 25 de Jerez, sus opciones se reducen a la mínima expresión. Lo mismo pasaría con Maverick Viñales -tercero en la clasificación- y con Franco Morbidelli -cuarto-. Una sanción a los pilotos dejaría el Mundial como una contienda entre las dos Suzuki con la Ducati de Andrea Dovizioso como invitado de lujo. No digo que solo ver la bronca que tienen los partidarios de Mir y los de Rins no sea ya de por sí motivo suficiente para seguir estas últimas tres carreras, pero obviamente quitar a tres candidatos al título es mucho quitar.

El problema es a medio plazo. La sanción a la escudería sienta un precedente muy peligroso. Puede que en algún momento, alguien piense que merece la pena saltarse una norma a cambio de aumentar las posibilidades de ganar el mundial de pilotos, aunque es raro que eso se haga sacrificando el de escuderías. En cualquier caso, al limitar la consecuencia, de alguna manera fomentas el riesgo. Si no me pillan, no me pillan... y si me pillan, bueno, igual la cosa no es tan grave. Sí, Marc Márquez tiene motivos para la indignación y también la tienen en Suzuki y Ducati, que cumplieron estrictamente las reglas. El motociclismo es un deporte muy sutil, en el que los contactos y las prácticas peligrosas abundan y es difícil juzgar la intención. Es por ello que la intención debería quedar siempre aparte y ceñirse a los hechos. La FIM no ha opinado lo mismo en esta ocasión. Si se volverá en su contra o jugará a su favor, lo averiguaremos en breve.

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