Real Barcelona Club de Fútbol

Los dos pilares sobre los que se sustenta el Barcelona actual. Foto: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images.
Los dos pilares sobre los que se sustenta el Barcelona actual. Foto: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images.

Desde muy pequeñito aprendí que una de las cosas más importantes en el fútbol, en el periodismo y en la vida es decidir dónde pones el foco. La realidad es la misma pero la parte de ella a la que tú decidas arrojar luz es la que va a destacar para ti y la que va a convertirte en quién eres.

Bien.

El Barça siempre ha tenido el foco puesto en el centro del campo. No hace falta flagelarse con aquél Busquets-Xavi-Iniesta que ya no volverá. Nos vale para cualquier época del club. Desde Milla, Guardiola o De La Peña hasta Rakitic o De Jong. Aún teniendo algunos de los mejores delanteros y defensas de la historia de este deporte, el sello del fútbol del club ha pertenecido siempre a la sala de máquinas. El Barça vive y muere en la zona de creación y sus partidos se explican a través de esa línea.

El Real Madrid es justo lo contrario. Habiendo disfrutado de algunos de los mejores centrocampistas de todos los tiempos, el foco de los blancos siempre ha estado en las áreas. El Madrid puede jugar mejor o peor pero siempre es fuerte atrás y arriba. Un gran portero, un gran central y un matador. Casillas, Sergio Ramos y Ronaldo. Casillas, Hierro y el otro Ronaldo. Y así, siempre. Desde Buyo y Butragueño a Illgner y Suker, por citar únicamente los que han visto estos ojos y no irnos a épocas pretéritas.

El Barça confirmó ayer haber mutado del primer esquema al segundo. Hubo algunos minutos interesantes de cierto dominio pero al final los narradores encargados de elegir a los mejores del partido no tuvieron que pensar, simplemente acudieron al piloto automático: Messi y Ter Stegen. Como el Madrid de toda la vida. Como el Chelsea de Cech y Drogba. Como el Atleti de Courtois y Diego Costa. Como muchos equipos. Como casi todas las escuadras de siempre…menos las del Barça.

Esta vez hay que aplaudir la idea inicial de Valverde. Tras el trato recibido por parte de Arthur últimamente y las declaraciones amenazantes con ultimátum incluido de Arturo Vidal, nos esperábamos ver una cresta entre el once de inicial. Ernesto se decantó por brasileño en una declaración de intenciones valiente y con la voluntad de querer ser protagonista a través del balón. Algo salió mal. Es tan cierto que la apuesta fue sorprendentemente atrevida como que se nos antoja complicado encontrar otro entrenador que puede formar con De Jong, Rakitic y Arthur y no tener el balón. Si el centro del campo rival que te gana la batalla lo hubieran formado Pirlo, Vieira y Fernando Redondo, uno no podría hacer más que aplaudir y bajar los brazos pero es que fueron Herrera y Thomas los que se comieron con patatas a los futbolistas culés en esa zona del campo, especialmente en la primera mitad.

Esto va de imprimir tu sello en el césped, de transmitir tu personalidad a tu grupo y en eso, Simeone, aún estando en horas bajas y a mucha distancia de lo que parecía que iba a ser su equipo en Agosto, ganó la partida de ayer. La futbolística, claro. La del marcador volvió a caer de parte del equipo que tiene posiblemente la mejor plantilla del universo en estos momentos. La calidad decidió. La de atrás y la de arriba. No la del balón.  

El Barça actual se pone a sí mismo en situaciones tan surrealistas que acabas considerando la inevitable entrada de Arturo Vidal como una solución válida. Una salida macabra a un laberinto en que tú mismo te has metido. La sala de máquinas fue ayer un barco sin rumbo con Arthur perdiendo balones, Rakitic más preocupado en intentar subir a rematar que en ser mediocentro y De Jong, el mejor fichaje del Barça en décadas, aburrido, perdido y totalmente fuera de lugar. El desorden se apodera de esa zona y por eso un agente del caos como Vidal se presenta como una alternativa natural y que casi acaba encajando mejor en el plan actual que otras opciones más acordes a priori con lo que siempre ha hecho grande a este equipo.

Un equipo que, hoy en día, es innegable que tiene un principio (Ter Stegen) y un final (Messi) muy claros pero el camino que recorre entremedio es el que hace recelar al espectador, más acostumbrado a senderos más asfaltados que a la selva de matorrales en que muchas veces se convierte la zona de creación de los de Valverde. Si lo importante es ganar, el conjunto azulgrana no tiene que estar preocupado. Sumó los tres puntos y no debe sentir vergüenza por hacerlo a través del mejor portero del mundo y el mejor futbolista de la historia. Lo que sí debe es preguntarse si  está siendo él mismo. Si cuando se mira al espejo, se reconoce.

En definitiva, si tiene el foco puesto donde lo debería tener.

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