Manos para todos

Eran otros tiempos. Cuando los equipos buscaban refuerzos en diversos puestos, aunque había módulos estelares. "Un 9 alto, ágil y goleador", era una premisa. "Un 10 con panorama, como los de antes", solía buscarse. "Un número cinco con quite, panorama y distribución", se solicitaba. "Zaguero de experiencia, con voz de mando, líder de la última línea", era otro requisito. "Un atacante por afuera, veloz, apto para el desborde", se insistía en otra época. "Un volante de ida y vuelta, con llegada y sorpresa", era otro ruego en los antiguos (y no tanto) afiebrados mercados de pases domésticos. La danza de apellidos empezaba y terminaba más o menos como siempre: con un artillero, con un enganche, con un clásico número cinco. La pelota del negocio, de modo habitual, viajaba por esos parámetros. Sin embargo, nuestro fútbol se transformó tanto que en este alicaído y volátil juego de transferencias existe un drástico cambio: ahora, la vedette es el arquero. Manos para todos: con la certeza de que River y Boca van a tener otro nombre bajo los tres palos, son varios los casos de conjuntos que van a cambiar la imagen de los viejos y queridos número uno. Evidentemente, el fútbol cambió.

Los paradigmas son los más grandes. Aunque con casos diferentes, ni River tendrá el guardavalla del campeón de la B Nacional ni Boca va a tener el portero de la frustrada doble corona. Matías Almeyda va a dejar a un costado a Daniel Vega, un buen representante del fútbol de ascenso, por Marcelo Barovero, un hombre con experiencia, que prefirió el riesgo de las luces grandilocuentes por sobre la calma de Vélez. El caso de Boca es diferente: lesionado Agustín Orion (en diez días se sabrá si hay que operarlo de los ligamentos laterales de la rodilla izquierda) y fugado Sebastián Sosa a Vélez, se sumará a préstamo Oscar Ustari, sin rodaje en buena parte de su carrera. No es un asterisco el compromiso del tiempo en primera: justamente por ese vocablo, por la continuidad, el uruguayo viajó a Liniers. "Acá me hicieron tres años de contrato y, creo, voy a tener mayor continuidad y rodaje", asume. Por ahora, Ricardo Gareca, el entrenador, prefiere el regreso de Germán Montoya.

Un 9 goleador puede reemplazar a otro artillero. Un volante puede ocupar el sitio de un mediocampista de otras características. Un líbero puede ponerse la camiseta y salir jugando, cabeza levantada. Pero, ¿un arquero? ¿No es contraproducente tanto cambio de camiseta? ¿No es un puesto diferente, en el que el paso del tiempo bajo el mismo arco es fundamental para su desarrollo? El mundo cambió...?pero no tanto. "Cuando yo no jugaba en San Lorenzo, me volvía loco por hacerlo, no estaba cómodo. Para el arquero no es lo mismo que cualquier otro jugador, que puede salir y volver en cualquier momento. La seguridad lo es todo", grafica Pablo Migliore, el hombre de San Lorenzo que estuvo a punto de marcharse a diversos destinos. Detrás, el Ciclón y Olimpo cambiaron manos: Matías Ibáñez por Nereo Champagne. "Es clave la continuidad, eso no cambió. Tal vez, hay mayor movimiento en el mercado de pases y, en ese sentido, el arquero forma parte de eso. Pero no suele haber grandes transferencias de arqueros. Y si las hay, son las excepciones", cuenta Sebastián Saja, hoy pieza indispensable en el nuevo (viejo) Racing. Con 33 años y apenas 38 partidos, es la figura. Casi, casi, irreemplazable.

Por qué hay tantos cambios. Porque los arqueros entendieron el mundo deportivo y financiero de hoy, en el que un pase más o menos rutilante (o apenas un cambio de aire) puede ser el gran golpe de suerte. "Los arqueros son jugadores de fútbol y, como tales, entienden que el negocio es, en buena medida, una venta. Ya pasaron los tiempos en que los arqueros se quedaban una vida en el mismo club", cuenta un representante. Es verdad: Mariano Andújar volvió a Catania y ahora en Estudiantes piensan otra vez en Justo Villar. Acabado el préstamo, Enrique Bologna dejó Unión, club que le daría continuidad a Alejandro Limia. Diego Pozo se iba a ir de Colón, pero al final hubo acuerdo para la renovación. Javi García iba a volver a Boca, pero Tigre pagó los 500.000 dólares del pase. Mientras, por las dudas, había adquirido a Damián Albil, un viejo y querido reemplazante en variados destinos.

Sin embargo, no hay que viajar demasiado en el tiempo para recordar aquellas buenas viejas épocas. A Navarro Montoya con la camiseta de Boca, a Nery Pumpido con la banda de River o a Goyén en la gloria pasada de Independiente. Hoy, entre tanto movimiento, hay arqueros que cumplen marcas que en estos tiempos parecen? históricas. Sebastián Peratta, de 35 años, ya lleva 143 partidos en Newell's. Cristian Campestrini, de 32, hace 140 que se destaca en Arsenal. Y Diego Pozo, de 34, cuenta 133 partidos en Colón. Son tres casos testigo: tres arqueros de excelentes reflejos y referentes, lógica consecuencia de descubrir los secretos de los mismos tres palos. Los tres se presentaron en el mismo tiempo: en la temporada 2008/2009.

Los arqueros de hoy, sin embargo, patean el tablero. Se cambian de camisa en un mercado de pases en el que las manos se mueven sin sentido de pertenencia.

Islas y Caranta, también

En el complejo mundo de la primera B Nacional también hay cambio de guardia. Mauricio Caranta llegó a Rosario. "Elegí Central por el objetivo que tiene de ascender", contó el hombre que hace rato que perdió continuidad. Y Daniel Islas pasó a Huracán: "Es un gran desafío para mi carrera".

guantes como los de antes

218 partidos lleva Juan Carlos Olave en Belgrano. De 36 años, y luego de una primera etapa (jugó 37 cotejos), regresó en la temporada 2007/2008 y ascendió.

211 encuentros actuó Nico Cambiasso en All Boys. Otro gran caso: también pasó del ascenso a Primera; capitán, de 34 años y sentido de pertenencia.

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