Mandíbula de cristal: Miguel Ángel Russo y su Boca no reaccionan ante la adversidad

Franco Tossi
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Es pronto para asegurar que Boca está en caída libre. Da señales pesimistas, claro. Tanto adentro, con rendimientos individuales y colectivos que preocupan de cara al miércoles que viene, como afuera de la cancha, con un Miguel Ángel Russo que desde el banco de los suplentes parece no encontrar las soluciones inmediatas a las pobres labores de su equipo. Ni que hablar desde los resultados, los últimos en la Copa Libertadores y algunos que arrastra en la Copa Diego Maradona. Restan 90 minutos y el marcador adverso de anoche ante Racing, por el primer desquite de los cuartos de final de la competencia continental, quedó corto con el 1-0. En Avellaneda repitió un dato que refleja a la perfección la actualidad del campeón de la Superliga: cuando comienza perdiendo, no se levanta.

Ya transcurrieron 24 encuentros desde finales de enero, cuando se puso en marcha oficialmente el segundo ciclo de Russo. Y la realidad es que los goles recibidos no son abultados: contabiliza sólo diez. Es decir que, pese al desierto por el que está caminando, los números no dejan de ser destacables, ya que además ha ganado en 15 oportunidades y convirtió 39 goles.

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No obstante, las cuatro veces que cayó (otra estadística para remarcar) tuvieron la particularidad de que el xeneize comenzó perdiendo el partido y no pudo reponerse a la adversidad. Eso que le pasó anoche, en el Cilindro: Lorenzo Melgarejo puso la cabeza, a los 15 minutos del complemento, para que Racing se quedara con el primer choque. Porque aunque tuvo más de media hora para reaccionar, Boca no lo logró.

El primer tropiezo de esta etapa llegó recién hace poco más de un mes, cuando el gol de Joel Soñora puso arriba a Talleres, de Córdoba, en el ocaso del encuentro jugado en la Bombonera. En esa ocasión, el local tuvo sólo unos ocho minutos para salvar el invicto, pero -por el contrario- se descontroló y terminó con dos expulsados.

Lanús, mediante el doblete de Nicolás Orsini (27 y 44 minutos), otra vez en Brandsen 805, le propinó -cinco días después- el segundo golpe consecutivo. Los hombres de Russo tuvieron todo el segundo tiempo, pero apenas llegó el descuento de Ramón Ábila a falta de cinco minutos para el final.

La restante fue la de la semana pasada nuevamente en casa, en la sufrida clasificación por penales ante Inter, de Porto Alegre. Llegaron a esa instancia por el gol en contra de Frank Fabra apenas comenzada la segunda mitad. El empate le servía por el triunfo cosechado de visitante en la ida, pero tampoco lo consiguió y debió transpirar en los doce pasos.

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Otra de las preocupaciones, como se verá, es la mala racha que cosechó en el último tiempo en su estadio. Desde que se reanudó la actividad tras la inactividad por la pandemia, disputó siete partidos en condición de local, de las cuales sólo ganó en dos ocasiones (3-0 a Caracas y 2-0 a Newell's), igualó la misma cantidad de veces (0-0 con Libertad y 1-1 frente a Arsenal) y cayó en los tres compromisos anteriormente descritos.

En ese escenario deberá afrontar la revancha con la Academia dentro de seis días y revertirla si quiere meterse entre los cuatro mejores equipos del continente. Está claro que Boca tiene una contra: la ausencia de su hinchada, que arrincona con su feroz aliento a muchos rivales, especialmente en la Copa Libertadores, lo que significa para Racing una buena oportunidad de dar el batacazo en un estadio en el que predominará el silencio.

Sin embargo, a la vez, en estos tiempos esa ecuación puede invertirse. ¿Por qué? Esa olla a presión que suele ser una ventaja para el xeneize, en estos contextos también suele convertirse en un hervidero que acelera las pulsaciones de los futbolistas: cuando hay que dar vuelta una serie, se respira permanentemente el nerviosismo y, con ello, los hinchas piden ponerse en ventaja a los pocos minutos de comenzado el partido. Así, la cosa puede resultar mal.

Entonces, las tribunas vacías de la Bombonera, aunque suene paradójico, pueden terminar siendo una ayuda para el local ante tanta presión. Justamente, para no desordenarse desde el arranque ante un rival que, en caso de convertir en la Boca, puede obligarlo a tener que convertir tres goles para clasificarse. En el caso de ocurrir, deberá reaccionar ante ese golpe duro, pero por ahora no parece encontrar la fortaleza para absorber ese impacto.