El método del tío Toni para "crear" a Rafael Nadal: el rigor, el mundo populista y la devoción por Messi

LA NACION

Toni Nadal construyó a uno de los mejores tenistas de la historia. Si bien hace un año y medio dejó de entrenarlo, el tío Toni asesora y sigue bien de cerca cada paso de su obra maestra mientras dedica su tiempo a la academia de tenis de su sobrino. Rafael Nadal conquistó 18 Grand Slams y fue número uno del mundo durante 196 semanas, además de ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y cuatro Copas Davis. Detrás de la máquina de ganar española se esconden los secretos de Toni, quien reveló varios de ellos en una entrevista con La Vanguardia.

A través de sus definiciones en la entrevista, Toni Nadal entrega no solo una radiografía de su filosofía: también desnuda la personalidad del propio Rafael, quien este martes comenzará su camino en Wimbledon.

La exigencia como receta: "Sí, a veces fui duro con él. Cuando yo trabajaba con Rafael lo hacía siempre pensando en su futuro. Entiendo la dureza como un medio para conseguir los objetivos. Cuando uno tiene que exigir, tensa la cuerda, es casi obligatorio. Cuando persigues el límite, no sabes dónde está".

El esfuerzo y la frustración: "A Rafael le pedía cosas simples. Le decía que golpeara cada vez la pelota lo mejor que pudiera. Eso era todo. Pero claro, golpear la pelota lo mejor posible requiere esfuerzo: es necesario colocarse bien, correr, estar atento, moverse. Y la consecuencia de todo ello es la satisfacción personal, y eso es lo que yo perseguía, nada más. En la vida estás mucho mejor si haces algo de esfuerzo que si no lo haces. En el mundo actual todo tiene que ser fácil, todo lo tenemos al alcance: el móvil, Internet... Pero cuando uno se enfrenta a algo que no es tan fácil, aparece la frustración. ¿De dónde proviene la frustración? De no poder asumir la dificultad".

¿Qué es el éxito?: "Cuando me esforzaba intentando que Rafael fuera un gran jugador, yo tenía una sensación no de éxito, pero sí de estar satisfecho de mi trabajo. Cuando dejé de entrenar a Rafael me preguntaron cuáles eran los mejores momentos que había vivido entrenándole. He vivido muchos momentos buenos en Wimbledon, Roland Garros, Montecarlo. pero creo que los mejores instantes los viví cuando estaba entrenando con él dentro de la pista cada día intentando mejorar las aptitudes de mi sobrino. (...) Hay dos tipos de éxito. En primer lugar, lo que todo el mundo entiende como tal: ganar Roland Garros, Wimbledon, la Champions League, ganar un Oscar o llegar a ser el director del Hospital Mount Sinai. Eso es el éxito en términos absolutos. En términos relativos, es la satisfacción personal que uno tiene de haber hecho todo lo que podía. Al final, el éxito en la vida es ser feliz. Creo que alguien se siente exitoso y satisfecho cuando cree que ha hecho todo lo que tocaba y que los resultados obtenidos están dentro de sus posibilidades".

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El antídoto contra la egolatría: "La reflexión que le hacía siempre a Rafael era la misma: ¿No querrás sentirte especial por pasar una pelota por encima de una red, verdad? Me parecería una monstruosidad, por ejemplo, que alguien se pudiera sentir singular por pegar bien una pelota. El que triunfa siempre tiene personas dispuestas a decirle lo que quiere escuchar. Pues bien, con Rafael yo hacía de contrapeso: le decía lo que no quería oír, y a veces de manera exagerada. Por suerte, Rafael no necesitó que se lo dijera mucho porque es una persona bastante sensata en este sentido".

La queja como método para lavar culpas: "La queja me molesta mucho. La queja es una falta de agradecimiento a la vida. Rafael ha tenido problemas, pero siempre le he dicho que la vida nos ha tratado mucho mejor de lo que esperábamos y de lo que nos merecíamos. Lo menos que podemos hacer es estar agradecidos. La queja se hace reincidente. Cuando alguien acostumbra a quejarse, acaba quejándose de todo. Además, a través de ella acabamos dando la culpa de todo lo que nos sucede a los otros".

La complacencia del mundo moderno: "Vivimos en un mundo algo populista. Hoy cuesta mucho, o está mal visto, decirle a alguien que no es suficientemente bueno, que no tiene talento suficiente, y es un problema de nuestra sociedad. Yo le dije muchas veces a mi sobrino que no era suficientemente bueno, porque yo entendía que era la manera de motivarlo y de que no se acomodara. La idea era: No eres suficientemente bueno, por lo que tenemos que seguir trabajando. Esta es mi manera de entender el mundo".

¿De dónde surge la fortaleza de Rafael?: "Para que una persona pueda ser mínimamente fuerte no queda más remedio que soportar algo de dureza y no ser tan protector con ella. Es muy difícil que alguien se desarrolle bien con un exceso de protección. Estamos en un mundo muy competitivo, por lo tanto nos tenemos que preparar para ello".

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Nadal y el fracaso: "Sobre todo, cuando no haces lo que toca. Hay derrotas, derrotas que son dolorosas. Nosotros perdimos la final del Open de Australia una vez con Federer y otra con Djokovic, y fueron ambas derrotas muy duras. ¿Fue un fracaso? No, nunca tuve esa sensación. Rafael perdió recientemente jugando muy mal contra Fognini en Montecarlo. ¿Fue un fracaso? No, hizo lo que pudo. Un fracasado es quien no lo intenta. El fracaso puede estar más vinculado al día del entrenamiento que al del partido".

La preparación como respuesta al miedo: "Creo que sólo se puede gestionar a través de la reflexión y de la preparación. El miedo a fallar lo tiene todo el mundo, todos tenemos dudas y miedos. Cuando Rafael salió a jugar la última final de Roland Garros tenía miedo, o más que miedo le angustiaba la idea de perder. ¿Cómo superarlo? Con preparación. Cuando más preparado estás, mejor afrontas estas situaciones".

¿A quién prefiere, a Messi o a Epicuro? A Messi (risas). Lo que diferencia al ser humano del resto de animales es el pensamiento, soy consciente. Lo que ocurre es que Messi me entretiene mucho...

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