La máxima autoridad del fútbol en África se enfrenta a una nueva investigación de conducta ética

Tariq Panja
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Los investigadores de conducta ética de la FIFA le han solicitado a la máxima autoridad del fútbol en África que les explique por qué accedió a modificar un contrato televisivo de una manera que parece beneficiar a un socio comercial en vez de a su propia organización. Esta es la preocupación ética más reciente sobre un órgano rector que apenas en febrero ya había sido sujeto a una supervisión directa de la FIFA.

La FIFA le ha solicitado a Ahmad Ahmad, presidente de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y uno de los vicepresidentes de la FIFA, y a Constant Omari, poderoso vicepresidente de la CAF, que proporcionen los detalles detrás de las enmiendas realizadas a un contrato televisivo con la empresa de mercadotecnia Lagardère Sports. Los cambios al acuerdo, que cubre todos los clubes más importantes de la región y las competiciones internacionales, tienen el potencial de transferir millones de dólares en pérdidas de Lagardère Sports a los libros del organismo africano de fútbol, según documentos revisados por The New York Times.

Esta nueva investigación es solo el problema más reciente para Ahmad, quien el año pasado fue detenido brevemente por las autoridades francesas que investigaban denuncias de malversación de fondos y quien enfrenta además otra investigación de conducta ética de la FIFA por denuncias de acoso sexual por parte de varias empleadas y consultoras. También llega en un momento crucial para el fútbol africano, que ha dado tumbos de una crisis a otra bajo su liderazgo: Ahmad está buscando ganar un nuevo mandato de cuatro años a principios de 2021, y las sanciones relacionadas con cualquiera de los casos abiertos podrían descalificarlo de la postulación.

En el centro de la nueva investigación de la FIFA está la decisión de la CAF, tras discusiones lideradas por Omari y aprobadas por Ahmad, de cambiar los términos de un contrato a largo plazo con Lagardère Sports de una manera que le permitiría a la compañía radicada en Francia reducir el monto mínimo que le garantice los derechos televisivos de la CAF y al mismo tiempo eludir su responsabilidad de cobrar casi 20 millones de dólares en honorarios pendientes de un sublicenciador.

Al aceptar asumir el riesgo de esos honorarios pendientes, el liderazgo de la CAF también se comprometió a pagarle a Lagardère una comisión de 6,7 millones de dólares. En efecto, la CAF acordó comprar la deuda pendiente con un descuento, confiando en que podrá recuperar el monto total de una compañía que ya ha incumplido con la deuda varias veces.

El mes pasado la FIFA le escribió tanto a Ahmad, quien tomó un permiso médico de 20 días tras contraer el coronavirus, como a Omari, quien el 16 de noviembre asumió temporalmente la presidencia de la CAF, para solicitarles que explicaran sus decisiones de alterar el acuerdo televisivo. Si no lo hacen, los directivos podrían enfrentar cargos bajo el código de ética de la FIFA. Al igual que Ahmad, Omari, de 62 años, es miembro del Consejo de la FIFA.

La FIFA se negó a comentar sobre la nueva investigación, al citar su política de privacidad sobre el trabajo de su Comisión de Ética.

Ahmad se negó a comentar sobre el fondo de la investigación y dijo a través de un mensaje de texto que respetaba el principio de confidencialidad incluso cuando otros no lo hacían. Omari, quien ha acumulado un poder importante en el fútbol africano como la segunda autoridad más importante de la confederación, no respondió a una solicitud de comentarios.

Los derechos televisivos son la fuente de ingreso más lucrativa del fútbol y fueron la razón de la causa penal iniciada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2015 contra un grupo de directivos y ejecutivos en el continente americano a quienes se le descubrió el desvío de cientos de millones de dólares en ingresos de los contratos de transmisión hacia cuentas que controlaban. Ese caso ha llevado a una serie de condenas penales, así como a nuevas investigaciones en Suiza y Francia relacionadas con la venta de los derechos televisivos de la Copa del Mundo en varios territorios de todo el mundo.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company