Los triunfos de Biden ponen a Sanders en la encrucijada: seguir o declinar en aras de la unidad ante Trump

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Los amplios triunfos que el exvicepresidente Joe Biden logró en las elecciones primarias demócratas en Michigan, Missouri y Mississippi lo consolidan como el puntero en la contienda por la candidatura presidencial demócrata y, aunque aún quedan numerosos e importantes estados por votar, ratifican una tendencia que lo coloca en camino a lograr la nominación.

Para Bernie Sanders, el saldo de esas contiendas es ciertamente decepcionante, tanto por el triunfo meramente cualitativo de Biden como por el factor cualitativo, sobre todo en Michigan: el exvicepresidente venció con amplitud en un estado que Sanders ganó en 2016 ante Hillary Clinton y que tiene una amplia población de clase media y trabajadora.

Las victorias de Joe Biden en las primarias demócratas del 10 de marzo le abren el camino a lograr la candidatura presidencial demócrata. Pero necesitará unir a su partido y atraer al movimiento de Bernie Sanders para vencer a Donald Trump en noviembre (Getty Images)
Las victorias de Joe Biden en las primarias demócratas del 10 de marzo le abren el camino a lograr la candidatura presidencial demócrata. Pero necesitará unir a su partido y atraer al movimiento de Bernie Sanders para vencer a Donald Trump en noviembre (Getty Images)
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En esta ocasión, los votantes demócratas en Michigan se inclinaron no por Sanders sino por Biden, lo que es un indicador importante de cara a la elección general. En 2016, Donald Trump ganó Michigan por muy pocos votos pero con ello, más sus victorias también por escaso margen en Wisconsin y Pennsylvania, ganó la presidencia.

Ganar de nuevo en Michigan era para la campaña de Sanders la oportunidad de levantarse del revés del pasado supermartes, parcialmente endulzado por su victoria en California, pero esa dulcificación no tuvo lugar en esta ocasión. El impulso, en cambio, se ha inclinado hacia Biden  y eso, considerando las tendencias y el calendario próximo (el siguiente supermartes, del 17 de marzo, incluye estados sustantivos en los que Biden parece tener ventaja, como son Arizona, Florida, Illinois, Georgia y Ohio) beneficia sustantivamente las posibilidades del vicepresidente.

Eso no quiere decir que Sanders no tenga ya opciones. Las tiene, pero con una pendiente mucho más severa. En realidad, las matemáticas no le son muy auspiciosas actualmente, las de los votos ya emitidos y los que están por emitirse en próximas semanas. No es de esperar, con todo, que Sanders decida en breve dejar la contienda y, en paralelo, el significado y el peso de sus propuestas y de su muy dinámico, comprometido y numeroso movimiento ciudadano, en el que los jóvenes son un motor inspirador, serán tan decisivos en el futuro del Partido Demócrata como la identidad de quien resulte el candidato.

En 2016 Sanders se mantuvo en la contienda, aunque sus números y el sistema mismo lo colocaban detrás de Clinton, en buena medida para preservar e incrementar la influencia de su plataforma progresista y de su movimiento. En ello tuvo éxito, pues desde la irrupción de Sanders en el plano de las elecciones presidenciales en el ciclo 2015-2016 el Partido Demócrata se ha inclinado más hacia la izquierda que en muchas décadas.

Ahora la contienda ha sido más justa y el empuje del movimiento progresista que encabeza Sanders es indiscutible y tan necesario como, ha de decirse, el voto de los demócratas moderados y de centro –más los independientes e incluso los republicanos desafectos de Trump– para ganar la Casa Blanca en noviembre.

Es allí cuando la ruta a seguir por Biden y Sanders ahora es crítica. Si el escenario que luce más probable (aunque no pueden descartarse otras posibilidades), es que Biden resulte el nominado demócrata, Sanders deberá decidir si continuar hasta el final de las primarias, para tratar de prevenir un triunfo directo de Biden o al menos para dar a todos los estados y todos los ciudadanos la oportunidad de decidir, o si declina antes de terminado el proceso en caso de que las tendencias luzcan insuperables y en aras de propiciar la indispensable, frágil y no asegurada unidad demócrata para encarar a Trump.

Esa decisión será de enorme significado, pero no es claro si sucederá, o cuándo.

Y es claro que la vocación democrática de Sanders lo impulsará a propiciar que todo voto sea emitido o contado antes que él tome una decisión.

Bernie Sanders enfrentó resultados adversos en las primarias del 10 de marzo, lo que le cierra vías a la nominación presidencial demócrata. Lo que decidirá sobre su campaña será clave en próximos días. (AP)
Bernie Sanders enfrentó resultados adversos en las primarias del 10 de marzo, lo que le cierra vías a la nominación presidencial demócrata. Lo que decidirá sobre su campaña será clave en próximos días. (AP)

Biden, por su parte, tiene también un reto enorme: si al final llega a ganar la nominación, necesitará unir y arropar a todo el Partido Demócrata y crear una coalición sustantiva en la que el movimiento de Sanders es clave e imprescindible para vencer a Trump.

El exvicepresidente ha señalado que su objetivo es sacar a Trump de la Casa Blanca para devolverle el honor y la dignidad a la Presidencia. Pero ello lo ha planteado mayormente hasta ahora como una suerte de vuelta a los tiempos de Barack Obama para construir y avanzar en base a ellos, algo que no resultaría suficiente ni para motivar a los seguidores de Sanders, que desean una transformación mucho más profunda, ni a muchos de los que abandonaron a los demócratas optaron por Trump en 2016.

Por ello, Biden requerirá  de enormes dosis de empatía y apertura hacia el movimiento de Sanders, pues ello resultará clave para su competitividad ante Trump. Eso resulta evidente, por ejemplo, por el hecho de que los jóvenes y los latinos han apoyado en gran medida a Sanders en 2020 en los estados donde se han registrado primarias, un electorado necesario para ganar en noviembre.

Biden necesita aún realizar sustantivas acciones para aproximarse y convencer a ese electorado. Para lograrlo necesitará más que su notable y destacada empatía y humanidad que lo caracterizan: requerirá ofrecer acciones y cambios de importante calado. Su discurso la noche de este martes fue un primer paso al respecto, pero aún luce insuficiente.

Aún es pronto para decir qué es lo que sucederá en ese sentido, pero la unidad partidista lo requiere a fin de tener posibilidad de derrotar a Trump, quien cuenta con  una muy poderosa maquinaria de campaña, ingentes recursos y su propia muy motivada y numerosa base militante.

El propio Sanders, quien ha dicho que apoyará a quien resulte el candidato demócrata, también tiene frente a sí un momento de honda reflexión: aceptar las tendencias vigentes y apoyar ya a Biden en aras de dar tiempo a la consolidación demócrata para lograr la victoria en noviembre o continuar su campaña en búsqueda de una remontada o, al menos, para preservar la opción de voto para los estados pendientes de realizar una primaria.

Pero esa decisión es exclusiva de Sanders y pretensiones del establishment demócrata de “cerrar” ya el proceso primario a favor de Biden resultan impropias y serían negativos para el partido.

El balance entre el afán y la necesidad de transformación y el imperativo de derrotar a Trump están ahora en una balanza de enorme proyección y posibles consecuencias. El debate, el primero uno a uno, que Biden y Sanders tendrán el próximo domingo y el siguiente supermartes del 17 de marzo presumiblemente serán concluyentes para discernir el camino a seguir.

Pero en todo caso han de ser los candidatos y los votantes, en sus esferas, quienes lo definan.

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