Enamoramientos que arruinan carreras: ¿Es conveniente tener romances en el medio laboral?

Business couple kissing in the office. Business affair.
Business couple kissing in the office. Business affair.

Steve Easterbrook era un reincidente.

Cuando ascendió a la cima como CEO de McDonald’s en 2015, Easterbrook tenía una relación sentimental con una mujer casada que trabajaba para la multinacional de comida rápida.

Pero la junta directiva de McDonald’s decidió que el romance no violaba una estricta norma que establece "que los empleados que tienen una relación directa o indirecta de mando entre ellos tienen prohibido salir o tener una relación sexual".

El argumento para librar al director ejecutivo de un despido seguro fue que Denise Paleothodoros en ese momento no era una subordinada directa de Easterbrook sino trabajaba para Golin, una firma de relaciones públicas que le hacía publicidad a McDonald’s.

Steve Easterbrook junto a Ronald McDonald durante un evento cuando aún era CEO de la corporación. (Photo by Hannelore Foerster/Getty Images)
Steve Easterbrook junto a Ronald McDonald durante un evento cuando aún era CEO de la corporación. (Photo by Hannelore Foerster/Getty Images)

 

Paleothodoros fue asignada a otros clientes para evitar conflictos de intereses. Golin declaró en su momento que Easterbrook no supervisaba el departamento de relaciones públicas.

El ambicioso ejecutivo se divorció de su esposa Susie y continuó su amorío durante dos años sin que el consejo directivo tuviera motivos para amonestarlo. Después de todo, él era un hombre libre y ella no trabajaba para él.

Pero los rumores de un segundo romance llegaron a los oídos de la directiva el mes pasado y sus miembros no tuvieron más remedio que iniciar una investigación interna. Luego contrataron a una prestigiosa firma de abogados para evaluar los riesgos legales que el affaire podría ocasionar a McDonald’s.

Y aunque la investigación concluyó que se trató de una relación corta y consensual, el nuevo desliz puso en entredicho el buen juicio del líder y fue despedido con un paquete de indemnización que alcanzaría los 54 millones de libras esterlinas. El acuerdo con el ejecutivo de 52 años incluye que no podrá trabajar para la competencia hasta el 2021.

 

Tres son multitud

El Congreso de Estados Unidos ha seguido el ejemplo de las multinacionales y desde 2018 prohíbe cualquier tipo de relación íntima entre un legislador y un subordinado.

La primera baja de la normativa fue la diputada demócrata Katie Hill, quien dimitió de su escaño en la Cámara Baja a finales de octubre luego de que circularon unas fotografías eróticas con una asistente.

La representante demócrata Katie Hill en un discurso frente al Capitolio en Washington, DC. en julio del 2019. Tres meses después anunció su renuncia en medio de un escándalo sexual. (Photo by Michael Brochstein/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
La representante demócrata Katie Hill en un discurso frente al Capitolio en Washington, DC. en julio del 2019. Tres meses después anunció su renuncia en medio de un escándalo sexual. (Photo by Michael Brochstein/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

El caso de Hill es particularmente espinoso porque no se trató de un flechazo entre una figura ascendente y una empleada, sino de un trío amoroso entre la congresista de 33 años, su esposo Kenny Heslep, de 37, y Morgan Desjardins, de 24 años, poco después de ser contratada como su asistente de campaña a finales de 2017.

Hill acusó a su esposo de arruinar su carrera política mediante la pornovenganza al revelar las imágenes íntimas sin su consentimiento. Se presume que habría sido el mismo Heslep quien tomó las imágenes que revelan la naturaleza sexual de la relación con Desjardins.

El ménage à trois habría terminado cuando Hill se mudó a Washington para iniciar su carrera legislativa, dejando atrás al marido y a la chica con el corazón roto pero con suficiente dinero en el banco para pagar los gastos y la hipoteca.

Pero el abandono le habría salido caro porque algunas fotos de la relación candente que guardaba Heslep en su ordenador fueron reveladas al público estadounidense. Lo curioso es que el marido nunca apareció en situaciones comprometedoras, solo retratan a Hill y Desjardins besándose o demostrándose afecto.

Heslep no se detuvo allí sino que acusó a Hill de iniciar una nueva relación adúltera al llegar a la capital estadounidense, con su director legislativo, Graham Kelly.

Hill admitió su relación con Desjardins pero negó rotundamente su vinculación sexual con Kelly.  Luego decidió tomar acciones legales contra su esposo por la filtración, como parte de una "campaña de desprestigio" orquestada por un esposo abusivo y por odiosos oponentes políticos.

En su discurso de despedida como diputada dijo. "Me voy por una cultura misógina que consumió mis fotografías desnudas con regocijo, se aprovechó de mi sexualidad y permitió a mi esposo maltratador continuar con el abuso. Esta vez mientras observa el mundo entero".

Las dos caras de la moneda

La polémica de Easterbrook y Hill renovó la vieja discusión sobre la conveniencia de tener romances en el medio laboral.

Más allá de los juicios de valor, sondeos recientes han revelado que un 37 por ciento de las personas solteras, viudas o divorciadas consideraría la oficina como un lugar apropiado para conocer a una potencial pareja.

Pero para la profesora en Comportamiento Organizacional de la Universidad de Cornell, Vanessa K. Bohns, enamorarse en la oficina no es una buena idea y aseguró que las empresas están tomando medidas cada vez más severas para frenar los romances en las oficinas, especialmente donde existen los desequilibrios de poder.

Un sondeo de junio de 2018 señaló que hasta un 78% de las firmas consultadas no permiten relaciones entre gerentes y empleados directos. Esa tendencia también se refleja en las instituciones académicas, donde las relaciones entre los profesores y alumnos son inherentemente problemáticas.

Para Bohns el meollo del asunto está en que las personas en posiciones de liderazgo tienen dificultades para reconocer la naturaleza coercitiva de ese poder en una relación desigual.

Los vetos a las relaciones entre supervisores y supervisados cumplen la función de proteger a ambas partes del riesgo de retaliación y evitar acusaciones de favoritismo.

Pero no todos están de acuerdo con las restricciones al sexo y el amor entre compañeros de trabajo.

La columnista británica del Daily Mail, Sarah Vine, criticó lo que considera una saña contra la libertad personal y se preguntó por qué un romance en la oficina no puede ser más saludable que elegir al azar a una pareja basada en su perfil de Tinder.

"¿A quién le importa si uno de ustedes gana más que el otro? Eso no significa que la relación sea abusiva, sólo significa que al menos uno de los dos puede pagar la cena", increpó.

Vine considera una ironía que las mismas organizaciones que colocan límites a las vidas privadas de los trabajadores les recuerdan que apoyan su libertad de expresión.

Para la escritora, la sociedad llegó a la extraña situación en que una relación entre un jefe y un empleado es una causal de despido pero en una tienda por departamento puedes elegir entrar en el probador de las mujeres aunque seas hombre si el vestuario de damas se ajusta más a tu identidad de género.

Los que comparten la postura de Vine consideran que prohibir las relaciones entre compañeros de trabajo son una flagrante censura a la vida privada. Los que se inclinan por la posición de Bohns asumen que hasta la gente inteligente y bien intencionada pierde la claridad cuando se mezclan las relaciones íntimas con las dinámicas de poder.

Es posible que las carreas de Easterbrook y Hill eran tan absorbentes que la opción más cómoda era involucrarse con alguien que perteneciera a su mundo laboral. También es cierto que las preferencias e inclinaciones sexuales del líder empresarial y la política son un asunto personal que no debería trascender a la vida pública.

Pero ambos rompieron normas empresariales que involucraban su intimidad. Y ni el Congreso ni McDonald´s perdonaron a Hill y a Easterbrook esos momentos de locura.

 

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