El argumento racista de quienes se oponen a un mayor control de las armas en EEUU

Jesús Del Toro
·9  min de lectura

El letal y aterrador tiroteo registrado en un supermercado de Boulder, Colorado, es un nuevo episodio en la exasperante lista de masacres con armas de fuego registradas en Estados Unidos.

En tan solo una semana ese conteo fatal sumó a los 8 fallecidos de los tiroteos en spas en Atlanta los 10 muertos que dejó el ataque en Boulder. Al luto, indignación y tensión han seguido, como en otras ocasiones, los llamados para establecer mayores regulaciones a la venta y posesión de armas y, también, los que exigen que esos controles no sean ampliados y claman por un derecho irrestricto al respecto.

Tanice Cisneros pasa junto a un cartel que exige mayor control de armas mientras lleva flores en recueerdo de su amigo Rikki Olds,  una de las víctimas del tiroteo en un supermercado  en Boulder, Colorado, sucedido el 22 de marzo de 2021. (Jerilee Bennett/The Gazette via AP)
Tanice Cisneros pasa junto a un cartel que exige mayor control de armas mientras lleva flores en recueerdo de su amigo Rikki Olds, una de las víctimas del tiroteo en un supermercado en Boulder, Colorado, sucedido el 22 de marzo de 2021. (Jerilee Bennett/The Gazette via AP)

Para los primeros, la recurrencia en las muertes en tiroteos es un imperativo para establecer restricciones a las armas de fuego en el país, y para los segundos una nueva ocasión para defender a ultranza una visión que pone a la posesión de armamento, incluso el de muy alto poder, como una cuestión de derechos fundamentales que para sus promotores estaría incluso, se critica, por encima de la protección del derecho a la vida y a la seguridad.

Los políticos republicanos, que son los principales defensores de una visión muy amplia de la Segunda Enmienda de la Constitución, que garantiza la posesión y portación de armas, argumentan que establecer mayores controles no evitará tiroteos y, en cambio, les quitará las armas y su medio de protección a personas respetuosas de la ley, mientras que los criminales hallarán la manera de hacerse de armamento en el mercado negro. Afirman que la posesión de armas es justamente una forma de proteger la vida y la seguridad de la población.

Con todo, esa premisa parte de una situación sesgada: la violencia de las armas de fuego tiene ciertamente su expresión más terrible en los tiroteos masivos que provocan muchas víctimas inocentes y se registran en escuelas, centros comerciales y otros lugares públicos. Pero esa violencia tiene además muchas otras expresiones, y provoca muchas muertes, en situaciones de múltiple naturaleza que van desde crímenes hasta accidentes. En todo ello, la proliferación y el fácil acceso a las armas de fuego es un factor sustantivo.

Establecer mejores controles es una medida pertinente para frenar la violencia de las armas de fuego en sus diversas expresiones, y puede también prevenir masacres en los casos en los que los potenciales agresores encuentren mayor dificultad en hacerse de armamento, sobre todo el de más alto poder que causa la mayor destrucción.

Star Samkus, empleada del supermercado en donde se registró una masacre en Boulder, Colorado, se arrodilla ante cruces en recuerdo de las víctimas el pasado 23 de marzo de 2021. (AP Photo/David Zalubowski)
Star Samkus, empleada del supermercado en donde se registró una masacre en Boulder, Colorado, se arrodilla ante cruces en recuerdo de las víctimas el pasado 23 de marzo de 2021. (AP Photo/David Zalubowski)

Es en ese sentido que una de las medidas planteadas es la prohibición de la venta y el uso civil de armas semiautomáticas y del tipo de los rifles de asalto, además de los cargadores de múltiples balas y otros elementos que incrementan el poder de fuego. Esas armas son propias de la guerra y no tendrían sentido en el contexto legítimo de la defensa propia, del tiro deportivo o de la cacería.

Pero por lo que se escuchó durante una reciente audiencia en el Senado sobre violencia con armas de fuego, legisladores republicanos añadieron a su defensa un argumento que muchos encuentran torcido y engañoso.

De acuerdo a BuzzFeed News, argumentaron que establecer un mayor control de armas dificultaría a las personas de minorías el protegerse a sí mismas. Según dijo el senador republicano Mike Lee, "vemos que son rara vez los poderosos, los ricos o los que tienen conexiones políticas con el gobierno los que ven sus derechos interferidos" y luego un testigo invitado por los republicanos vinculó el control de armas a la vulneración de derechos de las minorías como fue el caso de la internación en campos de concentración de personas de ascendencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial.

El testigo, Chris Cheng, dijo que "nosotros necesitamos defendernos a nosotros mismos".

Pero ese argumento es equívoco. Ciertamente el internamiento de personas de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial fue un abuso mayúsculo y una violación masiva de los derechos humanos y cívicos de la comunidad japonesa-estadounidense. Se trató de una de las acciones más vergonzosas y repudiables realizadas por el gobierno federal.

Pero no se trata de un símil válido pues lo que Cheng y, es de suponer, los senadores republicanos que lo invitaron sugieren es que los ciudadanos, y las minorías, necesitan las armas para defenderse del gobierno federal. Aunque grupos en la derecha radical consideran al gobierno como una suerte de enemigo y el armarse hasta los dientes de modo individual y en milicias sería, en su lógica, una especie de necesidad, en realidad no es el gobierno federal quien amenaza a las comunidades ni hay necesidad de defenderse de él mediante la posesión y portación de armas de fuego.

El mostrador de una tienda de armas en Salem, Oregon, foto tomada en febrero de 2021. (AP Photo/Andrew Selsky)
El mostrador de una tienda de armas en Salem, Oregon, foto tomada en febrero de 2021. (AP Photo/Andrew Selsky)

Que senadores republicanos recurran a ese argumento es un dato más de su corrimiento hacia la ultraderecha y de la propagación de argumentos equívocos e incluso propios de teorías conspirativas en aras de impulsar sus intereses políticos. Algo similar a su defensa de las falacias y teorías conspirativas de Trump y su entorno sobre un inexistente fraude electoral masivo y a la minimización que algunos hacen de la irrupción violenta de una muchedumbre trumpista en el Capitolio el pasado 6 de enero.

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Además, la noción de que las comunidades minoritarias necesitan las armas de fuego para protegerse tiene también una arista racista: implica que esas personas vivirían en un tejido social tan deteriorado que deben recurrir a una suerte de ley de la selva y defenderse de sí mismas a balazos o con la intimidación de armas de enorme poder. Esa noción es estigmatizante y oculta la realidad.

Ciertamente, muchas comunidades enfrentan contextos de opresión y alta inseguridad, con el crimen actuando contra ellas de modo rudo, pero ello es el resultado de desigualdades e injusticias históricas y presentes que han de ser atendidas con medidas que atiendan la pobreza y la falta de oportunidades que las aquejan. La mejor manera de enfrentar esas situaciones es proveyendo mejor educación, más empleo, mejores opciones de salud y vivienda, más infraestructura y un medio ambiente limpio en sus comunidades y más respeto a su identidad y su cultura. Eso y no armas de fuego se requiere para defender e impulsar a esas comunidades.

Sugerir que su vía, en cambio, es armarse para defenderse parece más un llamado a la barbarie que a la primacía de la ley, la justicia y los derechos fundamentales. Y que se haga esa referencia en alusión a comunidades minoritarias –entre ellas las afroamericanas, latinas o asiático-americanas– tiene un componente racista y estigmatizante sustantivo.

Y qué decir de las declaraciones, también de tonos racistas, del senador republicano Chuck Grassley, que sin fundamento afirmó que el movimiento contra la brutalidad policiaca y contra el racismo Black Lives Matter y las exigencias de que se recorten los fondos a las policías habrían causado "1,268 muertes adicionales" en 2020, sin citar datos o fuentes que lo prueben. Un nuevo ejemplo que pretende responsabilizar a comunidades y sus organizaciones, en este caso la afroamericana y sus aliados, con el fenómeno de la violencia en Estados Unidos.

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El debate sobre el control de armas de fuego que se ha dado por años no plantea la prohibición de toda arma ni la eliminación del derecho a poseerlas y portarlas de la Segunda Enmienda. Lo que se propone es ampliar las regulaciones al respecto para controlar mejor quién puede hacerse de ellas y qué tipo de armas son aceptables para el uso civil. Se proponen mayores revisiones de antecedentes a todos los compradores y prohibir las armas de asalto y similares del uso civil, entre otras medidas.

Y para frenar los tiroteos masivos también es necesario ampliar las opciones de salud mental para atender y ayudar oportuna y humanamente a personas e identificar y prevenir los casos de violencia potencial.

Jóvenes realizan una marcha para exigir mayor control de armas en Natick, Massachusetts, en agosto de 2018. (AP Photo/Steven Senne)
Jóvenes realizan una marcha para exigir mayor control de armas en Natick, Massachusetts, en agosto de 2018. (AP Photo/Steven Senne)

La tragedia de la violencia de las armas de fuego en general y de los tiroteos masivos en específico es una llaga abierta en Estados Unidos. Que en una semana se hayan registrado dos matanzas, en Atlanta y en Boulder, es perturbador pero desafortunadamente no es algo nuevo. Algunos en redes sociales han afirmado, con patente amnesia o dolo, que en 2021, con el gobierno de Joe Biden, se han reanudado los tiroteos masivos, algo que según ellos había dejado de suceder durante el gobierno de Donald Trump.

Se trata de una abierta mentira, pues durante la pasada administración de Trump tuvieron lugar masacres horrendas y desoladoras, como las sucedidas en un festival musical de Las Vegas (la peor masacre perpetrada por un individuo en la historia reciente de Estados Unidos); en escuelas en Parkland, Florida, y en Santa Fe, Texas; en una iglesia en Sutherland Springs, Texas; en una sinagoga en Pittsburgh, Pennsylvania; y en una tienda Walmart en El Paso, Texas, entre otras.

Y, también, cabe decir que durante la administración de Barack Obama se dieron terribles masacres perpetradas por tiradores, como las que trágicamente sucedieron en la escuela Sandy Hook en Newton, Connecticut; en el club nocturno Pulse en Orlando, Florida; y en una sala de cine en Aurora, Colorado.

La lacra de los tiroteos masivos no es exclusiva del periodo de gobierno de uno u otro partido. Por ello es imperativo, y lo ha sido por mucho tiempo, establecer efectivamente medidas de control de armas que respetando los lineamientos constitucionales permitan reducir esa violencia y estén acompañadas de otras medidas para atender integralmente este perturbador fenómeno.