Lionel Messi, sin sonrisas. A puro penal, se fue rápido de la cancha y Barcelona lo espera para una rebaja salarial

Claudio Mauri
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Lionel Messi, de penal. La asociación se repitió en el 2 a 1 a Dinamo de Kiev por quinta vez en la temporada (cuatro en Barcelona y una en el seleccionado argentino). Messi, sin goles de jugada. Otro dato que se mantiene inalterable en los 11 partidos completos que disputó en este curso. También va escaso de asistencias (4), siempre de acuerdo con los altos parámetros estadísticos que estableció en su carrera.

Esta actualidad seguramente lo tiene disconforme, y una manera de demostrarlo fue cuando el árbitro marcó el final del partido. Sin saludar a nadie, encaró directamente a los vestuarios. Solo porque en el camino se cruzó con Ronald Koeman se estrecharon las manos, y un par de metros más adelante le salió al encuentro el veterano entrenador rumano Mircea Lucescu (75 años), que le pidió la camiseta para llevársela de recuerdo. Entre su producción individual y el rendimiento general del equipo, Messi tiene motivos para fruncir el ceño y sopesar que hará con su futuro a menos de ocho meses de la finalización de su contrato.

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Con una eficacia a la baja, Messi dejó la cancha con el gesto torcido. En los despachos del club difícilmente recupere la sonrisa. La comisión gestora que reemplaza al presidente Josep María Bartomeu contrató al estudio jurídico Antrás y a la consultora Mercer, ambos con la misión de negociar una rebaja salarial para sobrellevar la crisis económica del club.

Barcelona había recurrido al abogado Bernat Antrás en agosto pasado, ante la eventualidad de que Messi llevara a los tribunales el litigio por la rescisión de su contrato, algo que finalmente no ocurrió. Ahora estarán encargados de reducir los salarios, o de diferir los pagos a futuro, del plantel mejor pago de Europa (392 millones de euros en total). Los dirigentes pensaban aliviar esa masa con las partidas de Samuel Umtiti y Ousmane Dembelé, quienes finalmente no pudieron ser negociados a otros clubes.

Del penal al sufrimiento

Debido a la pandemia, Barcelona sufrió una fuerte merma en sus ingresos ante la imposibilidad de abrir el museo, las visitas guiadas al Camp Nou y las ventas en sus tiendas. Es uno de los clubes de Europa que más afluencia de turistas recibe. Cerró el último ejercicio con pérdidas por 97 millones de euros y una deuda que se acerca a los 800 millones.

"La situación económica del club es muy compleja, se necesitará hacer esfuerzos por parte de todos", expresó Carles Tusquets, presidente de la comisión gestora, al mando de la transición hasta que en enero se celebren las elecciones. Según Tusquets, del plantel le llegó buena predisposición para alcanzar un acuerdo. "Nosotros queremos acomodar los salarios, no necesariamente recortarlos, y pagar más cuando la situación económica lo permita", agregó. Habrá que ver si Messi acepta postergar cobros, cuando aun no se sabe si renovará el contrato que vence el 30 de junio de 2021.

En cuanto a lo futbolístico y el partido de este miércoles, todos los puntos que se le escapan en la Liga de España -está a nueve del líder, Real Sociedad-, Barcelona los encuentra en la Liga de Campeones. Pero ni aun en esta campaña perfecta en Europa, con tres triunfos consecutivos y a una unidad de conseguir una anticipada clasificación a los octavos de final, Barcelona emite señales convincentes como equipo. Se alimenta con la pelota, pero es bastante anémico en las dos áreas. Propone y concede, ecuación que redunda en una peligrosa inestabilidad.

Lo preocupante para Barcelona fue que sus flaquezas quedaron al descubierto ante un Dinamo que llegó al Camp Nou sin 13 futbolistas de su lista oficial; nueve bajas por Covid-19, tres por lesión y una por suspensión. Lucescu dispuso una formación de emergencia, que incluyó al tercer arquero, Ruslan Neshcheret, de 18 años, debutante en la Champions y con un encuentro en la liga ucraniana.

Aun con todos esos condicionantes, Dinamo exigió que Marc Ter Stegen fuera una de las figuras. El arquero alemán, que reaparecía luego de 82 días, en los que se sometió a una operación en un tendón rotuliano, tapó cuatro mano a mano. Debe dar gracias Barcelona que el atrevido Dinamo tuvo definidores inexpertos, convocados de apuro para una gran cita. Si los ucranianos conservaran a un Shevchenko o Rebrov, seguramente Barcelona la hubiese pasado mucho peor.

Y eso que el comienzo parecía augurar un partido cómodo y una goleada inevitable de Barcelona. A los tres minutos, el zaguero Popov le cruzó su cuerpo a Messi cuando entraba al área con la pelota dominada. Penal y conversión con un zurdazo fuerte y a media altura. Fue el 99° que anota en su carrera entre Barcelona y el seleccionado. Falló 26 y tiene uno que transformó en una asistencia a Luis Suárez.

En el primer cuarto de hora, Barcelona dominó a gusto y creó situaciones. Hasta cabía pronosticar que era la noche para que Messi rompiera el embrujo de la negación que arrastra con los goles de jugada (el último fue ante Napoli, en la pasada Champions League). A los 16 minutos, Neshcheret, que todavía tiene cara de niño, demostró que apunta a ser un señor arquero al desviar un remate cruzado de Messi. El gol del N° 10 parecía una cuestión de paciencia, pero en realidad el desarrollo giró hacia la intranquilidad del Barca porque aflojó la presión, regaló espacios y Dinamo se le animó. La presunta goleada se esfumaba y la posibilidad del empate rondaba el área local.

Koeman no se hizo el distraído tras el encuentro: "Perdimos el control del partido. Sobre todo en el juego sin pelota no estuvimos bien". Gerard Piqué, autor del segundo gol con un cabezazo tras un centro de Ansu Fati, también fue crítico: "Faltó coordinación y en el nivel Champions, cualquiera te puede complicar". A la pregunta de si Barcelona está en condiciones de ganar la Champions, respondió: "Es normal que no nos vean como candidatos. Hay un gran grupo humano para trabajar fuerte. Queda mucha temporada por delante".

Con otra variante de la pelota detenida, a través de un tiro libre, Messi estuvo cerca del gol, pero Neshcheret le descolgó de un ángulo el zurdazo. En otra incursión vertical se le fue apenas desviado un disparo desde fuera del área. Suma 39 remates con el balón en movimiento en los últimos 11 cotejos. Nunca había tenido que insistir tanto sin que se le diera algo tan natural para él como el gol.