Lionel Messi y otra goleada que lo empuja a la puerta de salida de Barcelona: ¿será con rumbo a PSG?

Claudio Mauri
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Lionel Messi tomó nota dentro de la cancha, donde está la verdad del fútbol, sin artificios. Si después de junio se queda en el club de toda su vida, deberá involucrarse en una profunda reconstrucción de Barcelona, ya que esta transición que lleva adelante Ronald Koeman conduce a otra temporada de decepciones, de expectativas incumplidas tras sonoras derrotas. Le esperaría una tarea ciclópea, poco menos que un volver a empezar en un lugar donde obtuvo todos los títulos y récords posibles. Cargar el tanque de una motivación que en este momento está casi en cero.

Si Messi se deja seducir por todos los piropos que le envían hace rato desde Paris Saint Germain para que se mude a la capital francesa, comprobó que lo están invitando a sumarse a un proyecto más sólido, en el que va a ser compañero de una individualidad que se postula para ser la gran figura mundial, de una generación siguiente a la de los treintañeros Messi y Cristiano Ronaldo. Kylian Mbappé dio en el Camp Nou el mayor impacto de su carrera, después del de haber sido campeón del mundo con Francia con 19 años.

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Con un hat-trick de Mbappé, PSG, sin los lesionados Neymar y Ángel Di María, arrolló 4-1 a Barcelona en el Camp Nou, en la ida de los octavos de final de la Champions League. A la luz del resultado y de la diferencia táctica, física y técnica que estableció el equipo de Mauricio Pochettino, el desquite del 10 de marzo en el Parque de los Príncipes se anuncia como una misión imposible para Barcelona. Hasta el propio Koeman parece haber firmado la capitulación: "Un 1-4 en casa sentencia cualquier eliminatoria. Ellos fueron superiores y demostraron que tienen un equipo más completo. Hay que aceptarlo". En el otro encuentro por los cuartos de final, Liverpool venció 2-0 de visitante a Leipzig, con goles de Mohamed Salah y Sadio Mané.

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Las noches de pesadilla en la Champions vuelvan una y otra vez para Barcelona. Este capítulo negro se suma a los sufridos en Turin (Juventus), Roma, Liverpool y Lisboa (Bayern Munich). Escalas asociadas a eliminaciones humillantes. Ahora el fracaso ya despunta de local y recorta la ilusión de cualquier milagro de visitante, porque el equipo profundizó todas las flaquezas que venía insinuando: vulnerabilidad defensiva, incapacidad para controlar un partido y dependencia absoluta de lo que pueda armar y resolver Messi, que casi no tuvo espacios por la ajustada presión entre líneas que desplegó PSG.

Barcelona ni siquiera supo aprovechar el factor psicológico de haberse puesto en ventaja con un penal por un foul involuntario de Kurzawa a De Jong. Messi, con un zurdazo fuerte, alto y cruzado, consiguió el 1-0 a los 27 minutos del primer tiempo. Fue el cuarto tanto de Leo en esta Champions, todos de penal. Los anteriores los convirtió frente a Juventus, Dinamo Kiev y Ferencvaros, en la etapa de grupo.

Cuando la Champions se pone seria y exigente con los cruces directos, Barcelona roza el papelón. Su último partido eliminatorio había sido el 8-2 de Bayern Munich. Sumado el de este martes recibió 12 goles en dos encuentros. Una estadística demoledora, inviable para un equipo consumido por la ansiedad y la impotencia desde que conquistó el último título, en 2015. En lo concerniente a la actual temporada, esta goleada se inscribe en la incapacidad de Barcelona para dar la talla en las citas de peso.

El 0-3 frente a Juventus en la zona lo condenó a un segundo puesto que, sorteo mediante, le puso adelante a este inabordable PSG. Siguió la derrota ante Athletic Bilbao por la final de la Supercopa de España. Sevilla le ganó 2-0 y lo dejó con un pie afuera de la final de la Copa del Rey. Más allá de las siete victorias consecutivas con las que intenta perseguir al Atlético de Madrid en la Liga de España, a Barcelona parece no darle el cuero con los rivales de fuste.

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Ante PSG reapareció Gerard Piqué tras los 86 días de recuperación por una lesión en los ligamentos de una rodilla. El caudillo defensivo también quedó inmerso en el desorden general, y ni siquiera pudo reordenar a la tropa con sus gritos y palabras fuertes, algunas de las cuales molestaron a Antoine Griezmann.

Cuatro minutos después del 1-0 de Messi, Mbappé empató tras un gran control y definición. En ese primer tiempo, PSG dio los indicios de la goleada que se consumó en la segunda etapa. En poco más de un mes y medio de gestión, con un balance de nueve triunfos, un empate y una derrota, Pochettino consiguió la victoria más importante, incluso por delante de la que le dio la Supercopa de Francia frente a Olympique de Marsella.

Por la producción futbolística y la trascendencia del rival y la competencia, Pochettino se llevó las palmas. Su equipo anuló y doblegó a Barcelona, sustentado en un funcionamiento colectivo que compensó el desequilibrio individual que podrían haber sumado los ausentes Neymar y Di María. Le marcó a Barcelona por todas las vías posibles: goles de jugada grupal (el primero de Mbappé), de contraataque (el tercero del delantero francés) y de pelota detenida (el de Moise Kean, de cabeza, tras el tiro libre de Paredes).

Finalista de la Champions con Tottenham en 2019, Pochettino se mostró muy mesurado tras el partido: "Hay que completar el trabajo en París, no hay nada definido. Tuvimos un buen rendimiento, fuimos efectivos. Todo esto nos da confianza. Ahora debemos enfocarnos en el próximo partido, frente a Monaco por la Liga de Francia".

En el dispositivo del entrenador nacido en Murphy, Mbappé ocupó la franja izquierda, donde atormentó a Dest, reemplazado por Mingueza tras el segundo gol. "No me sorprende lo de Kylian. Es uno de los futbolistas top del mundo. Hoy estuvo sobresaliente, no solo por el hat-trick, sino también por la implicación y el compromiso que tuvo con las tareas defensivas", agregó Pochettino.

Leandro Paredes exhibió un muy buen nivel como volante central. Dio salida limpia a la pelota y se asoció para crear superioridad numérica en la zona media. Una actuación para respaldar la función similar que asume en el seleccionado argentino. Lo hizo con tanta personalidad que hasta se entreveró en una discusión con Messi, antes de ejecutar el tiro libre para el gol de Kean.

Al final, con un gesto desolado, Messi accedió al pedido de Mauro Icardi de intercambiar las camisetas. Se llevó una del PSG, para que en la tranquilidad de su casa la contemple y termine de decidir de qué color se vestirá la próxima temporada.