Lionel Messi, sin brújula ni comunicación en la selección argentina

Christian Leblebidjian
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La selección argentina tiene muy buenos jugadores, pero le cuesta muchísimo jugar bien. Más allá de los resultados, la gran preocupación es que no tiene un plan de juego claro. No se ve cómo pretende jugar el equipo, cuál es la apuesta estratégica en función de los futbolistas que Lionel Scaloni ubica desde el arranque. Y dentro de ese barullo está, también, un Lionel Messi que, encima, arrastra problemas físicos que condicionan su funcionamiento. Más allá de eso, ¿por qué el capitán argentino no logra jugar del todo bien? ¿Por qué no desequilibra en relación a lo que su potencial puede aportar?

El envase táctico del seleccionado puede ser 4-1-3-2, 4-4-1-1 o 4-2-3-1, pero -en todos los casos- el denominador común es la falta de entendimiento entre los nombres que conforman el sistema. Es como si jugaran sin una idea visible desde la forma de atacar y defender, como si las decisiones de los jugadores durante los desarrollos sean las que asumen las responsabilidades.

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En todo desconcierto, el que entra y se anima a aportar una dosis de rebeldía y atrevimiento, logra sorprender. Y en ese contexto se analizaron los ingresos de Lo Celso y Di María, también el rendimiento de Nicolás González como lateral izquierdo. Y aparecen voces en dirección a que, para el próximo partido, tal "no puede faltar" o "¿cómo es que no es titular tal?". Cuando se ve un equipo sin identidad, siempre parecería que los jugadores que están en el banco no pueden faltar. Sin embargo, el desconcierto futbolístico de la selección es tan profundo que, aunque Lo Celso y Di María hubieran arrancado como titulares ante Paraguay, hubieran caído en la misma confusión general.

Los primeros errores en la actual selección son de un cuerpo técnico que no esclarece los caminos preferidos para atacar y generar situaciones de riesgo. Una cosa es los alertas en función del rival de turno, pero otra es ¿cómo quiero (o puedo) atacar? Y si el cuerpo técnico lo tiene claro, falla en la comunicación con el plantel. No lo transmite bien. Un equipo con Messi, Paredes, De Paul, Palacios (después Lo Celso), Ocampos y Lautaro Martínez debería, hasta por instinto, generar un par de combinaciones para sorprender al adversario y exigir a los arqueros rivales. Pero no. Pese a una posesión del 70%, la selección es tibia, no tiene peso en ataque. No erra goles, directamente no genera chances.

En todo equipo con esa calidad técnica, la primera responsabilidad en la muy baja cantidad de ataques es del cuerpo técnico. Y después, de los más experimentados y del capitán Messi. Pero el 10 aporta más compromiso que soluciones. Porque Messi no colabora con la selección cuando baja a jugar como "triple 5", como hizo durante el primer tiempo ante Paraguay. En lugar de tener paciencia y generar un diálogo con Paredes y De Paul para que le hagan llegar la pelota hasta tres cuartos, donde él puede hacer una diferencia que le haga daño al adversario, baja a sacarle la pelota de los pies a Martínez Quarta.

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De Paul y Paredes se entienden muy bien con Messi en los entrenamientos y fuera del campo de juego, pero adentro. casi nada. Superponen roles, no saben dónde ubicarse cuando uno de ellos tiene la pelota o por qué sector del campo darle continuidad a la jugada. Y en esa 'jaula táctica' también está un Lautaro Martínez que recibe pocas pelotas y -las que recibe- son de espalda al arco.

Hasta los mejores del mundo necesitan una estructura colectiva que los guíe. Messi está sin brújula porque el cuerpo técnico no le aporta soluciones. Pero su comunicación futbolística con el resto y sus decisiones tampoco entregan respuestas que ayuden a entender mejor a qué quiere (o puede) jugar esta selección.