1994, el año en el que empezó a prender la mecha del clima de crispación social en Linares

M. J. Arias
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La agresión de dos policías nacionales de paisano a un vecino de Linares y su hija menor de edad tras un encontronazo en un bar convirtió la localidad jienense en un polvorín durante el fin de semana. Protestas que acabaron con cargas, más de una decena de detenidos y agentes heridos en el marco de unos altercados que, según apuntan en La Vanguardia, “varios analistas” relacionan en cierta medida con “el grado de crispación social que se vive en Linares, el municipio de España con mayor tasa de desempleo”. Eso, aseguran en el mencionado diario, bastó para “que el barril de pólvora estallara por los aires”. Algo que algunos vecinos también han comentado en declaraciones a El País.

El plan para reactivar la economía de Linares tras el cierre de Santana Motor ha cumplido 10 años sin dar a los vecions lo prometido.
El plan para reactivar la economía de Linares tras el cierre de Santana Motor ha cumplido 10 años sin dar a los vecions lo prometido.

Para entender a qué se refieren en dicho diario con el clima de tensión y crispación conviene hacer hincapié en que se trata de un municipio donde el 30% de sus habitantes está en paro y donde llevan casi dos décadas intentando salir adelante sintiéndose abandonados por las instituciones. Para dar con el origen hay que remontarse a 1994, cuando la compañía Suzuki decidió abandonar Santana Motor, la empresa que sostenía la economía de la zona y que daba trabajo a miles de familias. 

En 1953 el conocido como Plan Jaén de Franco aupó a Santana Motor, que comenzó dedicada a la maquinaria agrícola y cuatro años más tarde lanzaba al mercado su primer Land Rover. Durante décadas funcionó, ganó terreno en la industria y llegó a emplear a alrededor de 5.000 personas.

Sin embargo, llegó el final de la década de los sesenta y comenzaron a sufrir una crisis detrás de otra. En los ochenta entró en escena la japonesa Suzuki y en 1994 anunció que abandonaban la compañía. Un duro golpe que sería la puntilla para la empresa y sus trabajadores. La Sociedad para la Promoción y Reconversión Económica de Andalucía (SOPREA) se hizo entonces cargo de Santana Motor e intentó salvarla sin demasiada fortuna. 

Cada vez más trabajadores eran despedidos hasta que en 2011 se certificó el fin. Se llegó a un acuerdo con los empleados que aún quedaban que contó con un amplio respaldo de los mismos gracias a las promesas realizadas. A 800 de ellos se les prejubiló y se acordó la creación de cinco empresas que generarían trabajo para quienes se quedaban entonces en la calle. Aquel plan se conoció como Plan Linares futuro.

Han pasado 10 años de su aprobación y no solo no ha cumplido, sino que la situación laboral y social ha ido a peor en la localidad, con la mayor tasa de desempleo de España. Un 30,9%, señalan en La Razón. De nada sirvieron las movilizaciones de entonces –llegaron a juntarse 70.000 personas en una localidad con menos población– ni las más recientes –como la celebrada en 2017 y calificada por la prensa local como “histórica”–.

Juan Mendoza, representante en Linares de la federación FICA-UGT, ha explicado que solo se llegó a reconocer a entre 30 y 40 personas, se hicieron algunos cursos los primeros meses y luego, nada. “El personal se quedó en la miseria, con grandes problemas, algunos consiguieron encontrar trabajo por su cuenta, otros hoy día malviven de la ayuda familiar”, resume sobre la situación generada en la localidad de casi 60.000 habitantes. 

Desde su punto de vista lo que hizo la Junta con el prometedor Plan Linares Futuro fue liquidar Santana Motor y vender la idea de un proyecto que en realidad no fue más que “compromiso de boquilla, para salir del paso, para acallar todo el revuelo”. 

Para el sindicalista, el planteamiento de la Junta fue liquidar Santana y "no tenían más", y el Plan Linares Futuro fue un "compromiso de boquilla, para salir del paso", "para acallar todo el revuelo" del que solo se ha cumplido las prejubilaciones. Diez años después de aquella promesa, no solo esta no se ha cumplido, sino que la situación es peor que entonces en lo económico y lo social, un caldo de cultivo para la crispación.

Preguntados por lo sucedido y la situación de Linares por El País, dos vecinos coincidían en señalar que “nada puede justificar estos incidentes, pero está claro que la escalada del paro y la falta de expectativas de los jóvenes han contribuido a estas protestas”. Por su parte, el alcalde, Raúl Caro (Ciudadanos), reconocía que "llevamos demasiado tiempo de crisis en crisis”.

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