Lima 2019 va tomando calor entre bocinazos y la imagen de Milco

Gastón Saiz
lanacion.com

LIMA.- Enseguida se asocia la imagen de Ricardo Gareca como el hombre del milagro. En el coqueto Miraflores y en las callejuelas de otros barrios de la capital peruana, incluso allí arriba, en los morros, es muy fácil encontrar a un piberío orgulloso vistiendo la camiseta de Perú. Es el registro del regreso de la selección incaica a los mundiales de fútbol -en Rusia 2018 se cortaron 36 años de ausencia- y de la sorprendente clasificación para la final de la Copa América. La Nº 5 está más viva que nunca en estas tierras y el Tigre logró reinsertar al equipo en el primer mundo del fútbol.

Pero la pasión imperecedera de la pelota se confunde ahora con el fuego de los Juegos Panamericanos, que se encenderán este viernes en el Estadio Nacional y que avisan de su llegada con una enorme cartelería en el propio aeropuerto. Allí está la mascota Milco para darles la bienvenida a las delegaciones y al público, que circulará por las 21 sedes hasta el 11 de agosto, desde las playas de Costa Verde hasta la Videna (Villa Deportiva Nacional); desde la escuela de equitación del ejército hasta el ciclismo de montaña en Chorrillos, atravesando todo tipo de arenas y escenarios.

Por ahora, los carriles exclusivos para la gente vinculada con los Juegos no están habilitados y el tránsito es un pandemónium de bocinazos y frenadas abruptas. Ni siquiera atenúa el problema el programa de restricción vehicular "pico y placa", que contempla el uso de autos en cada jornada según los números de patentes son pares o impares. Al contrario: se acrecientan los infractores que no se atienen al plan y se reaviva la mala idiosincrasia vial de aquí: "Somos un país desordenado", se lamentaba un chofer de un bus oficial de traslado de atletas y periodistas. Mientras tanto, los preparativos para las fiestas patrias por el día de la Independencia (28 de julio) adornan los balcones con banderas y guirnaldas rojas y blancas.

Y mientras tanto, ¿qué es de la vida de Argentina? De a poco, los uniformes azules, celestes y blancos de la delegación van poblando la Villa Panamericana, pero hasta este martes el movimiento era más que discreto. Es un nutrido grupo de 778 personas -entre atletas y oficiales- que irán llegando y yéndose de manera escalonada, según indique el calendario de competencias. Entre ellos, diez campeones olímpicos. Uno, muy especial, que saboreó la gloria en Atenas 2004: el basquetbolista Luis Scola. Los otros son la heroína y los héroes de Río 2016: la judoca Paula Pareto y los Leones del hockey Juan Manuel Vivaldi, Lucas Vila, Agustín Mazzilli, Pedro Ibarra, Juan Martín López, Matías Paredes, Ignacio Ortiz y Matías Rey.

En una jornada desapacible, brumosa y carente de sol, por allí se vio al gimnasta Federico Molinari, de 35 años y que ganó reconocimiento mediático en el deporte argentino cuando se clasificó para la final de gimnasia artística en los Juegos Olímpicos Londres 2012. Después del entrenamiento hablaba de sus sueños más próximos: "Mi idea es llegar a la definición de anillas en estos Panamericanos, que seguramente serán los últimos, debido a mi edad". Molinari, que llegó a participar en obras musicales, tuvo que hacer un esfuerzo extra para perder dos kilos en la balanza y compensar la pérdida de fuerza en los brazos, que ya no son los de antes. El cuerpo le pasa factura, como a aquellos Leones, a Scola (39) y a la Peque Pareto (33), que triunfaron en sus plenitudes deportivas.

La tranquilidad entre los más altos responsables de la delegación nacional llegará si Argentina logra conservar ese séptimo puesto que ocupa desde Guadalajara 2011, siempre aspirando darle caza a Colombia -algo cada vez más difícil- y con Venezuela soplándole la nuca. La corriente celeste y blanca estará contando medalla por medalla, en una lucha áspera que incluirá 39 deportes y 62 especialidades y en la que participarán 6680 atletas de 41 países. Bajar un escalón en el medallero final, como ocurrió en Río 2007, sería el resultado indirecto de un presupuesto que fue acotándose notoriamente desde 2017. Aunque también -¿cómo no?- prevalecerá la pericia de cada deportista para soportar la adversidad en momentos decisivos, cuando esté en juego una presea.

Cada uno atiende su juego en el armado de esta fiesta. Desde el voluntario que reacomoda una valla hasta los más altos directivos de los patrocinadores de los Juegos, cuya ceremonia será vista por más de 400 millones de personas en el mundo. El cantante boricua Luis Fonsi, aquel de "Despacito", ya afina su voz para la inauguración y los ojos del presidente de la organización, Carlos Neuhaus, se abren atentos. "Pensé que no llegaríamos a este nivel de Lima 2019, pero fuimos cumpliendo las metas, soportando fuego cruzado y tratando de no desenfocarnos para sacar adelante estos Juegos. Esta era una responsabilidad que Perú adquirió y no podíamos fallarle a este país", destacó el directivo, inhabilitado por dos años en el nivel local debido a una irregularidad cometida cuando estaba en la Federación Nacional Deportiva de Tabla, pero que no le impide seguir al frente de la cita panamericana.

Los argentinos y la inversión en la Villa Panamericana

La delegación argentina está alojada en el edificio 5, uno de los nueve que componen la Villa Panamericana. Las primeras en ingresar fueron las chicas de La Garra, el seleccionado de handball, que este miércoles debutará ante Estados Unidos a las 20 de nuestro país. Luego se incorporaron los representantes de vóleibol playero (hoy desde las 11 comienzan Ana Gallay y Fernanda Pereyra vs. Guatemala), prueba completa ecuestre, gimnasia artística, pesas, squash, natación artística, bowling, sóftbol y rugby.

Para construir el complejo donde se asienta la Villa, compuesto por 1096 departamentos, los organizadores invirtieron 270 millones de soles, unos 80 millones de dólares. Con el fin de acelerar su ejecución y reducir los costos se cambió el proyecto inicial de 39 edificios de entre 8 y 10 pisos, a 9 torres, de las cuales cuatro tienen 20 pisos y tres constan de 19. El grupo chileno Besco-Besalco concluyó la obra antes del plazo previsto y con 20 millones de dólares menos que el presupuesto inicial.

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