Libertad individual vs responsabilidad colectiva: El dilema de salir o no salir de casa

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Una mujer se tapa el rostro con una mascarilla mientras patina en una acera de Miami el 23 de marzo de 2020, durante la crisis del coronavirus COVID-19. El estado de Florida tenía 1.200 casos confirmados y 18 muertes por el virus. (Foto CHANDAN KHANNA/AFP via Getty Images)
Una mujer se tapa el rostro con una mascarilla mientras patina en una acera de Miami el 23 de marzo de 2020, durante la crisis del coronavirus COVID-19. El estado de Florida tenía 1.200 casos confirmados y 18 muertes por el virus. (Foto CHANDAN KHANNA/AFP via Getty Images)

Las libertades civiles perdieron la batalla frente al coronavirus. Pero aún existe la esperanza de que los ciudadanos occidentales salgan de esta crisis fortalecidos con un nuevo sentido de la vida ética.

Las restricciones de movimiento son cada vez más severas en Europa ante el acelerado avance de una enfermedad que ha colapsado los sistemas de salud en las ciudades con mayor número de infectados.

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Los llamados a la conciencia cívica no han sido suficientes para que se respeten las cuarentenas y el distanciamiento social.

El filósofo coreano Byung-Chul Han ha intentado responder por qué en Asia han logrado controlar mejor la pandemia del COVID-19.

"Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado", expresó el ensayista.

Pero en las hiperconectadas ciudades europeas, la cosa cambia. Aunque la mayoría ha acatado el mensaje de permanecer en casa, las personas no han internalizado que estar en cuarentena no incluye salir a manejar bicicleta, dar un paseo por el parque o ir 15 minutos a zambullirse en la playa.

La idea de permanecer en casa aunque no luzcas enfermo es incomprensible aunque en las redes sociales circulen cada vez más mensajes de personas que imploran a los otros a no salir de casa luego de ver morir a sus abuelos y sus padres en cuestión de días. En España, donde la lista de contagiados a superados las proyecciones y el gobierno decretó un estado de alarma nacional hay 600 detenidos por circular por las calles sin justificación.

 

 

En estos momentos de amenaza mundial, muchos occidentales se comportan como un adolescente a quien se le pide que no salga con los amigos un sábado por la noche y se escabulle de casa cuando los padres duermen.

Ni en Noruega, país nórdico conocido por su alto nivel de desarrollo y conciencia social, han funcionado los llamamientos solidarios al aislamiento social. Así que a las autoridades sanitarias no les ha quedado más remedio que hacerlo de manera obligatoria.

El alcalde de Oslo, Raymond Johansen, tuvo que clausurar los bares y los restaurantes de la ciudad después de comprobar que los ciudadanos no estaban respetando las distancias sociales sugeridas. "Todavía estaban abiertos unos 50 establecimientos y observamos con preocupación el peligro de infección en alguno de esos lugares".

Johansen explicó: "Nos vimos obligados a tomar la decisión porque hicimos el llamado y la gente no escuchó".

La disciplina coreana

Lo que ha quedado claro es que nadie aprende por experiencia ajena y que en Europa y Estados Unidos no han seguido el ejemplo de los países que se contagiaron primero y han logrado contener la crisis.

La rápida reacción del gobierno del gobierno de Corea del Sur ha permitido aplanar la curva de los contagios, a pesar de en los inicios el virus se propagó aceleradamente.

Las medidas restrictivas estuvieron acompañadas de un enorme despliegue logístico para distribuir mascarillas con filtros protectores y realizar pruebas para confirmar contagios amplios sectores de la población. Para ello, Seúl activó sus 17 institutos de investigación científica y distribuyó material médico a todos los centros hospitalarios públicos y privados del país.

La rápida transmisión inicial ocurrió porque miles de visitantes chinos ya habían viajado a Corea para disfrutar del tradicional festival del Año Nuevo Lunar que este año se celebraba entre el 24 de enero y 8 de febrero.

Con las escuelas cerradas, las cuarentenas obligatorias de 14 días para los viajeros provenientes del extranjero, la prohibición de eventos masivos, las autoridades estarían vulnerado el derecho a la reunión, a la educación y al libre tránsito. Pero los coreanos acataron las normas.

Las medidas obtuvieron un fundamento legal el 4 de marzo con la aprobación de normativas que permiten enjuiciar a aquellos sospechosos de coronavirus que se nieguen a cooperar a la hora de ser sometidos a la prueba diagnóstica. Las enmiendas legislativas también permiten a Corea del Sur a negarse a permitir la entrada al país a personas con sospechas de portar el virus.

Los políticos dan el ejemplo al usar mascarillas y guantes en todas sus actos públicos.

Los relajados estadounidenses

La cuarentena no ha calado del todo en el pensamiento del estadounidense común, aunque superaban los 42.000 contagiados y el medio millar de muertos.

Hasta hace unos días las playas de estados como California y Florida continuaban recibiendo turistas, y los estudiantes disfrutaron de multitudinarias fiestas durante el receso de primavera conocido como llamado "Spring Break".

Los expertos temen que las restricciones a la libertad de movimiento serán desafiadas en los tribunales y que los jueces se verán en la obligación de poner en la balanza los derechos individuales que garantiza la constitución frente a la necesidad de proteger la salud pública.

A nivel individual, no cabe duda que una persona expuesta al virus puede recibir una orden de cuarentena de cumplimiento obligatorio aunque no presente síntomas, dijo el profesor de la escuela de derecho de la Universidad de Georgetown y director del O'Neill Institute for National and Global Health, Lawrence Gostin.

"Pero una vez que llegas a lo que se llama coloquialmente la cuarentena masiva o confinamientos que son aplicados agresivamente por el gobierno, estás entrando en un territorio que involucra los derechos constitucionales más fundamentes y el derecho a la libertad de movimiento, el derecho a la libertad de viajar", advirtió Gostin.

Los residentes del área de la Bahía de San Francisco que el 16 de marzo recibieron la orden de "resguardarse en su lugar de residencia" han acatado el llamado, aunque personas como Arnab Mukherjea consideró la medida un "tanto draconiana".

Algunos especulan que el mayor cumplimiento de las restricciones sanitarias en San Francisco se debe a que el 36 por ciento de su población es de ascendencia asiática.

La omnipresencia china

Las severas medidas aplicadas por China para contener el virus que tuvo su primer brote en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, han funcionado.

Unas 60 millones de personas fueron colocadas en una estricta cuarentena que fue vigilada por cámaras de seguridad, avanzados sistemas de reconocimiento facial, drones y un sistema de centralización de datos que pueden monitorear de cerca a los ciudadanos.

La vigilancia del gobierno comunista de China es extrema. Puede rastrear los movimientos y los hábitos de cada habitante, desde la ruta que toma en el transporte público, sus compras hasta sus gustos a la hora de ver ser series por streaming al llegar a su hogar.

Esa seguimiento permitió frenar a cero el número de nuevos casos locales, aunque la cifra de casos importados no ha se detenido debido a que muchos ciudadanos chinos han regresado a su país provenientes de lugares donde existen focos de contagio.

Pero el exceso de poder del estado ha traspasado los límites. Las organizaciones de derechos humanos han denunciado que las autoridades chinas han aprovechado las medidas sanitarias para vulnerar aún más los derechos individuales de los ciudadanos.

Uno de los ejemplos preocupantes ha sido la desaparición de tres personas que transmitían videos sobre la situación en los hospitales y centros de cuarentena de las ciudades sitiadas.

Se cree que el empresario Fang Bin, el abogado Chen Qiushi, y el periodista Li Zehua se encuentran completamente incomunicados por la policía china por atreverse a informar sobre un tema que China considera de seguridad de estado.

El estilo latinoamericano

América Latina apenas despierta al virus y la reacción ha sido diversa.

En un extremo se encuentra México, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador ha animado a los mexicanos a continuar con su vida como si nada, aferrándose a la idea de que la fortaleza de sus raíces étnicas los protegerá de la enfermedad.

 

En la esquina de la precaución se encuentra El Salvador. Su presidente, Nayib Bukele, anunció una cuarentena nacional de 30 días, suspensión del pago de servicios públicos, ayudas económicas a los más vulnerables. También ordenó cavar fosas para enterrar a los fallecidos por el contagio.

 

 

Una de las situaciones más complejas las presenta Venezuela. Activistas de derechos humanos han denunciado que el gobierno de Nicolás Maduro ha aprovechado la crisis del coronavirus para aumentar la represión de la disidencia con el encarcelamiento de líderes políticos, periodistas y ordenar ejecuciones extrajudiciales por romper la cuarentena o informar sobre el COVID-19.

 

 

¿Salimos o nos quedamos en casa?

No existen respuestas sencillas ante una situación completamente nueva para la humanidad.

El filósofo coreano Byung-Chul Han explicó que el pánico al COVID-19 nace de que se trata de un virus real y global que nos ha tocado la puerta de la casa, y no una realidad virtual creada por algoritmos o una tragedia que ocurre en lugar distante.

"Probablemente el virus no sea más que la pequeña gota que ha colmado el vaso. Lo que se refleja en el pánico del mercado financiero no es tanto el miedo al virus cuanto el miedo a sí mismo. El crash se podría haber producido también sin el virus. Quizá el virus solo sea el preludio de un crash mucho mayor", reflexionó.

Entonces el filósofo coreano apeló a la razón, a repensar nuestra manera de consumir y movilizarnos ilimitada y destructivamente.

Quizás sea el momento de desempolvar los argumentos que utilizó Fernando Savater para explicar a su hijo adolescente los fundamentos de la libertad en su libro "Ética para Amador".

La renuncia temporal de las libertades civiles que nos ofrecen las democracias occidentales se trataría entonces de una elección ética.

"Yo creo que la primera e indispensable condición ética es la de estar decidido a no vivir de cualquier modo: estar convencido de que no todo da igual aunque antes o después vayamos a morirnos",  escribió el pensador español.

Entonces en este momento, no se trata de obedecer sólo por cumplir una cuarentena o de un estado de alarma sino de vivir éticamente.

Para ello es necesario elegir lo que más nos conviene sin hacer daño a los demás. Quizás postergar lo que normalmente es una saludable costumbre, como salir un rato a tomar un poco de aire fresco, en este momento no sea lo mejor para ti y ni para los demás.

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