Lewis Hamilton. El año inolvidable del campeón que rescribió los manuales de la F.1

Alberto Cantore
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Otro año mágico de Lewis Hamilton en las pistas y el séptimo título de Fórmula 1 para emparejar la marca que era propiedad de Michael Schumacher. Ahora, y después de 16 temporadas, el británico y el alemán comparten ese registro que desde 2004 asomaba inquebrantable, eterno. En un calendario atípico, comprimido por la pandemia mundial de Covid-19, 133 días de competencia resultaron suficiente para que la estrella de Mercedes demoliera los récords históricos de victorias y podios que también exhibía en solitario el Káiser. Líder en los circuitos, el piloto y la persona desanduvieron a la par la agitada agenda que ofreció el Gran Circo y también el mundo en 2020. Hamilton utilizó la fama y el reconocimiento que le brindan los múltiples logros deportivos para enviar mensajes sin filtros: activista en la lucha contra el racismo, defensor de causas ambientalistas, no titubeó en lanzar críticas cuando el coronavirus era una amenaza y los responsables de la organización del GP de Australia dilataban la cancelación de la carrera.

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La meta de las siete coronas descubrió en el camino desafíos complementarios, fuera de programa, pero Hamilton fue noticia desde los ensayos de pretemporada en Montmeló, en febrero, cuando la cámara on board enseñó un movimiento extraño en el volante del Mercedes W11. La escudería de Brackley mostraba su nuevo juguete, el DAS (Dual Axis Steering): un sistema de dirección de doble eje, un dispositivo dinámico que mueve el volante hacia adelante y hacia atrás, de modo longitudinal, que permitía gestionar el grado de inclinación de las ruedas y así modificar el grip, la velocidad y la adherencia. Al mismo tiempo que aceitaba el funcionamiento para defender su condición de monarca, el británico recuperaba la relación con Anthony, su padre. "Pasar por fin tiempo de calidad con él me ha dado mucha felicidad. La familia es lo más importante del mundo. No puedes elegir a tu familia, pero puedes hacerla funcionar, sin importar las diferencias. Ellos son los que van a estar ahí cuando no tengas nada", escribía Lewis, en su cuenta de Instagram. El texto estaba acompañado con una imagen junto con su padre, caminando en una playa.

El dominio de Mercedes en las pruebas y con Hamilton robustecido de espíritu, un equilibrio ideal para desatar la tormenta perfecta a partir del GP de Australia y escalar hacia el séptimo título. Pero la temporada no arrancó el 12 de marzo, a pesar del esfuerzo de la F.1, la FIA y el Australian Grand Prix Corporation, que demoraron la suspensión del único espectáculo deportivo mundial que estaba en pie frente a la pandemia. El británico mostró su disconformidad -a esa altura la escudería McLaren había anunciado que no participaría, después de detectarse casos positivos de Covid-19 en el equipo- y comandó con Sebastian Vettel una rebelión de pilotos, que empujó a la cancelación, cuando apenas quedaban dos horas para el inicio del primer entrenamiento. "Me sorprende mucho que estemos aquí. Es genial que haya carreras, pero es impactante estar en una habitación con tantos fans alrededor, mientras el resto del mundo reacciona. Se suspende la NBA y la F.1 sigue adelante. El dinero es el rey", se despachaba Hamilton.

Con las cancelaciones de los siguientes grandes premios la crisis envolvió a la F.1. Sin carreras, los ingresos disminuyeron y los equipos debieron adelantar vacaciones y hasta suspender las operaciones en sus fábricas. Liberty Media se desesperaba para sacar a flote la temporada, mientras que Hamilton defendía los derechos de minorías. El asesinato en Minneapolis del ciudadano estadounidense George Floyd, a manos del agente blanco Dereck Chauvin, provocó una conmoción social en los Estados Unidos y desembocó en una escalada mundial de protestas contra el racismo y la brutalidad policial. Hamilton se levantó, convirtiéndose en una voz que despertaba conciencias.

El segregacionismo es una batalla que combatió desde niño en la calle, en la escuela, en sus comienzos en el kart y de la que hizo una bandera para involucrar al Gran Circo. "Por favor, no te quedes sentado en silencio, no importa el color de tu piel. Las vidas negras importan", fue un pedido suyo que se volvió reclamo al observar el mutismo de los pilotos y de la F.1: "No hay señal de nadie de mi industria, que por supuesto es un deporte dominado por los blancos. No se levantaron y se pusieron a nuestro lado. Solo quiero que se sepa que los conozco y los estoy viendo", descargó, con rabia, en las redes sociales. De la demanda, el británico pasaría a los hechos. Mercedes se unió a la cruzada y luego cambió la decoración de los autos de color plata a negro, lo que se mantendrá en 2021.

El Gran Premio de Austria, con el que empezó la temporada, enseñó hasta dónde llevó la lucha Hamilton, que como activista del movimiento Black Lives Matterparticipó de una manifestación en el londinense Hyde Park. La campaña End Racism y WeRaceAsOne que promovió la F.1 tuvo con la formación de los pilotos rodilla en tierra un acto histórico el 5 de julio: 14 de los 20 posaron en la recta principal, con el británico en el centro de la escena. "Esta pelea es por la igualdad, no por la política o la promoción. Para mí fue un capítulo emotivo y conmovedor en la tarea de hacer a la F.1 un deporte más diverso e inclusivo", expresó Hamilton, que en su protesta lanzó críticas a Ferrari ante la ausencia de un firme acompañamiento y recibió respuestas reprobatorias de Berni Ecclestone -ex patrón de la F.1- y del ex piloto ruso Vitaly Petrov.

En el episodio estreno de la temporada 2020, Hamilton tuvo una penalidad de tres puestos en la grilla, por no respetar banderas amarillas hasta un roce con Alexander Albon (Red Bull Racing), lo que le valió un castigo de cinco segundos y quedarse fuera del primer podio del año. Descubrir hasta dónde le quitaba concentración su lucha contra el racismo y a favor de la diversidad se plasmó en cómo transitó la semana del GP de Austria al de Estiria, que tuvo como escenario la misma pista de Spielberg. Mientras varios pilotos decidieron en los días libres disfrutar del paisaje y de la montaña, con paseos y caminatas, el británico se quedó en el circuito para trabajar con los ingenieros de Mercedes y, en particular, con los del auto N°44. ¿El resultado? Selló el primer éxito del año y acalló las voces críticas, el plan maestro estaba en marcha.

La primera tanda de tres carreras consecutivas que tuvo la F.1 en 2020 se cerró con el GP de Hungría, donde volvió a ganar e inscribió su nombre por octava vez en la lista de vencedores. Así repetía el récord de Schumacher, ocho veces victorioso en Magny Cours, Francia. "En el inicio, en Austria, hubo algunos golpes para los que no estaba listo", reconoció Hamilton, que en toda la campaña no dejó de valorar la tarea del equipo, la de aquellos que viajan a cada carrera como la de quienes trabajan en las fábricas de Mercedes para ser dominantes. Y él responde en la pista: en Hungaroring marcó el récord del circuito en la qualy y obtuvo el primer punto extra, con el mejor tiempo de vuelta en el último giro de la carrera. "Como es un calendario corto sé lo que vale un punto en un campeonato, porque perdí un título por un punto. Hay que maximizar cuando se tiene un día de alto rendimiento", la frase con la que expuso la voracidad y recordó la corona que celebró Kimi Räikkonen, en 2007, al cosechar 110 unidades, contra sus 109.

La épica y el dramatismo relucieron en el GP de Gran Bretaña, en el mítico circuito de Silverstone. La victoria amplificó el aura de grandeza de Hamilton, que agigantó la leyenda al desandar con el neumático izquierdo destrozado los 5891 metros finales para ganar. El éxito cómodo se convirtió en desenlace heroico, con el piloto administrando un auto herido y su ingeniero Pat Bonnington relatando los segundos que lo distanciaban de su perseguidor Max Verstappen (RBR). "No creo que haya ganado antes una carrera con un auto en tres ruedas. Al momento de sentir que el neumático se desinfla se siente adrenalina y surge el instinto, la lucha por sobrevivir en la pista", señaló incrédulo.

Siete días después el británico y el neerlandés invertirían posiciones en el GP 70 Aniversario y a las dos semanas, en el GP de España, Hamilton se paseó en Montmeló: 24s177/1000, la diferencia con la que desarticuló las ilusiones de Verstappen y cosechó el podio 156, superando el registro que impuso Schumacher en el GP de Europa, en 2012. La superioridad fue tan contundente que solo quienes integraron el podio -Valtteri Bottas finalizó tercero- no perdieron la vuelta.

Con el triunfo en Spa-Francorchamps ya proyectó la séptima corona: cinco victorias en siete carreras, la estadística que avalaba el cálculo. Ni el fallo en Monza, en el GP de Italia, cuando tras el abandono de Kevin Magnussen (Haas) ingresó a boxes cuando el pit lane estaba cerrado, lo que le valió una penalización de un stop and go y 10 segundos. El castigo lo retrasó del primer al último puesto; escaló hasta la séptima posición y achicó las pérdidas al sumar el punto extra de la vuelta rápida en el estreno ganador del francés Pierre Gasly (Alpha Tauri), en la F.1.

Ningún piloto ganó en tantos circuitos como Hamilton, que adicionó tres a su estadística en 2020. El primero fue Mugello, una de las casas de Ferrari, que allí celebró sus mil grandes premios en la F.1. El británico fue impiadoso, a pesar de los episodios emotivos que exhibió la Scuderia, con Mick Schumacher al volante del auto con el que su padre ganó el séptimo título en 2004. Un inicio con un accidente múltiple suavizó la mala partida en el GP de la Toscana; en el relanzamiento no falló, superó a su compañero Bottas, se encaminó al éxito N°90 y quedó a tiro del récord de triunfos del Káiser. Completó la tarea con un detalle, como para señalar que no olvida su lucha: en el podio lució una remera pidiendo el arresto de los policías que mataron a Breonna Taylor, hecho que sucedió el 13 de marzo en Lousville, Estados Unidos.

Desperdició la primera oportunidad de igualar a Schumacher en Sochi, Rusia, donde por tercera vez en el calendario fue penalizado: ensayar largadas en zonas no designadas, la razón de una doble sanción de cinco segundos. "Estoy seguro que nunca nadie tuvo una penalización tan ridícula. Están tratando de detenerme", explotó Hamilton; días después reconoció las equivocaciones y se retractó de sus observaciones.

El triunfo de la emoción llegó en Nürburgring y no solo por igualar las 91 victorias de Schumacher. El número mágico que el alemán impuso en el GP de China 2006 en la F.1 dejaba de ser inabordable y el británico recibió en el podio, de parte de Mick Schumacher, un casco del Káiser. "Cuando creces viendo a alguien y lo idolatras por la calidad de piloto y por las cosas increíbles que logra con el equipo, sueñas ser como él. Recuerdo jugar a un videojuego a que competía con Michael, algo que más tarde ocurrió, pero no me podía imaginar que me podría acercar a sus récords", expresó quien quebraría la marca en el GP de Portugal, un circuito que el Gran Circo visitó por primera vez y que tiene a Hamilton como primer ganador. La saga de éxitos y de registros continuó en Imola, donde Mercedes capturó por séptima vez consecutiva el Mundial de Constructores y en donde el británico tendió, con su triunfo, la alfombra para sellar la séptima corona en Turquía.