Hasta Messi puede fallar si no se le cuida convenientemente

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Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.
Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

No es justo. No podemos exigírselo cada año. Sería cruel e inhumano. No podemos pretender que cada temporada Leo Messi juegue en uno de los campos más importantes de la historia del fútbol mundial como si jugara con su perro Hulk en el jardín de su casa. Por una simple cuestión estadística, estaba siendo demasiado bonito y algún día tenía que, si no acabar, como mínimo tomarse un receso y pulsar el botón de pausa. Tiene todo el derecho del mundo a ello.

Hecha esta aclaración, no pasa nada por decir en voz alta que ayer el Santiago Bernabéu no fue el jardín de Messi. Su partido recibiría el calificativo de discreto si quisiéramos ser generosos con él o el de horrible si quisiéramos serlo con la verdad. Leo no tiene por qué rescatar cada día, cada semana, cada año a sus compañeros pero tampoco es de recibo que desaparezca por completo y sea de los peores de la partida como sucedió ayer. Tal vez no lo estuviera pero se le vio cansado, fatigado. Es por ese motivo- y porque si Pitágoras no miente y Chronos no perdona, cada año Leo tiene un año más- que algunos estamos tan obsesionados con que descanse a cualquier oportunidad que se presente. Ese típico partido en que el Barça gana 3 a 0 al descanso -en el que sabemos que es casi imposible convencerle de que se siente- vuelve ayer a la mente. Los expertos aseguran que Messi se dosifica en el campo, que economiza los esfuerzos y que descansa jugando. Todo eso es muy bonito pero lo que el equipo necesita es que llegue al cien por cien al mes de Abril, cuando todo se complica.

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No queremos poner a Leo en el foco de ninguna crítica, ya que viene de marcar cuatro goles sin despeinarse y posiblemente lo volverá a hacer este fin de semana. Lo único que decimos es que, si cuando el Barça se exhibe en el Bernabéu, las portadas son para él, cuando no aparece hay que decirlo con el mismo énfasis. El que ayer jugó como en el jardín de su casa fue Vinicius. Desbordando por completo a la defensa del Barça -y eso que Semedo le ganó varios duelos al inicio del partido- y demostrando que pese a que su puntería rivaliza con la de un stormtrooper que persigue a Luke Skywalker (ayer marcó de rebote) su capacidad para el uno contra uno es posiblemente el mejor arma que tiene Zidane en su plantilla.

Más allá de esos dos nombres propios, el encuentro- que para el espectador fue un PARTIDAZO DE FÚTBOL en mayúsculas y con un arbitraje impecable- deja muchos otros nombres encima de la mesa en clave azulgrana. El de Piqué, que estuvo imperial atrás y hasta se atrevió a jugar de extremo en una acción sorprendente en los minutos finales. El de Busquets, posiblemente el jugador que más ha mejorado con Setién respecto a Valverde. El de Arthur, que desapareció en la segunda mitad pero se exhibió en la primera.

Hasta aquí las buenas noticias.

El resto de nombres propios no dejan conclusiones tan positivas. De Jong es una sombra de lo que fue en Amsterdam. Arturo Vidal, ese gran guerrero que todo culé idolatra, no aportó nada al equipo en setenta minutos, más allá de cinco o seis pérdidas de balón. Otro nombre es el de Setién, precisamente por alinear al chileno y dejar en el banquillo opciones más valientes como Ansu o Braithwaite.

El Barça está perfectamente capacitado para ganar esta Liga, sí. Pero no puede fiarlo todo a que Messi decida cada año en el Bernabéu. Los jardines son muy bonitos y lucen bien cuando te visita el vecino pero si no los cuidas, se pudren.

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