Latorre explicó por qué se tapó la nariz ante Boca y lo que opina de Bianchi y Riquelme

LA NACION
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El 6 de febrero de 1999, en Mar del Plata, durante un partido más de los correspondiantes a los habituales torneos de verano, algo se quebró entre los hinchas de Boca y uno de los grandes ídolos que tuvo el club de la Ribera en los últimos 15 años del siglo pasado.

Diego Latorre: "Hay un 20% de los entrenadores que saben, y los demás conocen"

Diego Latorre, con la camiseta de Racing, anotó a los 17 minutos el primer gol de un partido que la Academia terminó ganando 2 a 1. En su celebración, Gambetita salió disparado hasta el mediocampo, cerca de las plateas descubiertas del José María Minella, miró a la popular xeneize y se tapó la nariz con el pulgar y el índice de su mano izquierda.

Aquel gesto provocador marcó un antes y un después en la relación entre los hinchas y un futbolista que anotó nada menos que 77 goles con la casaca azul y oro, y que es una pieza clave en el inicio de la paternidad sobre River. Algunos, con el tiempo, le aceptaron las disculpas. Para otros no hubo perdón.

En la extensa entrevista con LA NACIÓN, Latorre volvió a referirse a aquella acción, y explicó el por qué.

"Boca es el club en el que pude jugar y desarrollarme. Pero yo también le di, le di mis mejores años. Creo que hay una relación bilateral. El mundo Boca es desgastante, sobre todo cuando vas creciendo y quemando etapas. Había que estar en ese momento, había un clima hostil alrededor mío, y creo que hubo una fuerte campaña de prensa también para genera eso, pero acepto el error. Siempre pedí disculpas porque los recuerdos no se borran. A través del tiempo pude entender más al otro; en ese momento no entendía al otro, solo me entendía yo", compartió.

Además se refirió a Carlos Bianchi (se fue de Boca justo cuando comenzaba la era dorada del Virrey) y a Juan Román Riquelme, con quien apenas compartió un puñado de meses.

Al respecto, Latorre contó: "Me hubiese gustado ser dirigido por Bianchi; calculo que le hubiese discutido el puesto a Guillermo para ver quién hacia sociedad con Palermo. Yo no era mediocampista, y a mí me hubiese gustado jugar con Román de enganche y yo de punta. Yo estaba tapando a Román, pero yo no era Román. Él tenía otro sentido del juego. Yo jugaba entre el punta y el enlace, yo no era enganche. Algunos entrenadores me veían ciertas condiciones de organizador, porque descendía, eso me pasó con Basile en la Copa América de 1991, pero yo no era organizador, yo no manejaba la estrategia del equipo. Yo era un jugador de chispazos, de jugadas."

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