El laberinto sin salidas de Trump: por qué le cuesta tanto aceptar la derrota

Julio Túpac Cabello
·5  min de lectura

Para entender el comportamiento del mandatario, la aproximación obliga a considerar elementos psicológicos, más que políticos

LUMBERTON, NC - OCTOBER 24:  U.S. President Donald Trump addresses a crowd during a campaign rally on October 24, 2020 in Lumberton, North Carolina. President Trump has expressed his support for the Lumbee Indian people to be recognized on a federal level. President Trump continues to campaign against Democratic presidential nominee Joe Biden leading up to the November 3rd Election Day. (Photo by Melissa Sue Gerrits/Getty Images)
Tras las elecciones que dieron la victoria al demócrata Joe Biden, Trump se ha negado a recnocer los resultados y promete una batalla legal porque considera que hubo fraude, pero hasta ahora no ha presentado pruebas. (Photo by Melissa Sue Gerrits/Getty Images)

El país y el mundo han decidido ignorar la negativa de Donald Trump a reconocer la victoria de Joe Biden. Esperan que tome las acciones legales que ha prometido (ya van siete sin éxito, y los asesores legales dejan filtrar a la prensa que no tienen nada relevante entre manos). Y siguen adelante.

Pero en la medida en la que pasa el tiempo ocurren dos cosas fatales. Una es que una parte de sus seguidores han de sentirse abandonados por un líder que no ha sido capaz de dar la cara en el peor momento. No hay agradecimiento, cierre, reconocimiento de los esfuerzos, nada. La otra es que Estados Unidos atraviesa una grave crisis sanitaria, económica y social (que incluye la terrible fragmentación, luego de cinco años polarizado), temas para los cuales la negativa de Trump no ayuda nada.

Pero más allá de lo político, el meollo de esta derrota y sus consecuencias parece más bien psicológico. Sí, estamos hablando de la psique de Donald Trump. No es un juego éste que tenga que ver con estrategias de liderazgo o partidistas. No estamos viendo a un hombre que trata de convertir una derrota en victoria o mirando su futuro político y el de los suyos (un ex Presidente siempre es un ex Presidente, incluso si durante su tránsito por la primera magistratura irrespetó la majestad del cargo).

En el centro de su vulnerabilidad

Ya sabemos y hemos confirmado a través de su sobrina y doctora en Psicólogía, Mary Trump, que la formación y el crecimiento del Presidente saliente fueron colmados de maltratos de su padre, aunado a una escasísima atención, a causa de los infinitos problemas que tuvo su hermano mayor, que se llevaron la atención de toda la familia. Eso produjo además un disgusto prolongado en el mandatario, que duró incluso hasta la muerte de su hermano.

El comportamiento público y los numerosísimos testimonios de socios y allegados a Trump confirman casi completamente, en este caso, las características del narcisismo deficitario, aquel que necesita de manera permanente del reconocimiento de los demás para, en consecuencia, poder mirarse. Es a lo que hacía alusión el mito de Narciso: el reflejo del espejo sustituye su propia mirada.

Según la Mayo Clinic, estas características son:

  • Tener un sentido exagerado de prepotencia

  • Tener un sentido de privilegio y necesitar una admiración excesiva y constante

  • Esperar que se reconozca su superioridad, incluso sin logros que la justifiquen

  • Exagerar los logros y los talentos

  • Estar preocupadas por fantasías acerca del éxito, el poder, la brillantez, la belleza o la pareja perfecta

  • Creer que son superiores y que solo pueden vincularse con personas especiales como ellas

  • Monopolizar las conversaciones y despreciar o mirar con desdén a personas que ellos perciben como inferiores

  • Esperar favores especiales y una conformidad incuestionable con sus expectativas

  • Sacar ventaja de los demás para lograr lo que desean

  • Tener incapacidad o falta de voluntad para reconocer las necesidades y los sentimientos de los demás

  • Envidiar a los otros y creer que los otros los envidian a ellos

  • Comportarse de manera arrogante o altanera, dando la impresión de engreídos, jactanciosos y pretenciosos

  • Insistir en tener lo mejor de todo; por ejemplo, el mejor auto o el mejor consultorio

Al mismo tiempo, a las personas con trastorno de la personalidad narcisista les cuesta enfrentar cualquier cosa que consideren una crítica y pueden:

  • Ser impacientes o enojarse cuando no se las trata de manera especial

  • Tener notables problemas interpersonales y ofenderse con facilidad

  • Reaccionar con ira o desdén y tratar con desprecio a los demás, para dar la impresión de que son superiores

  • Tener dificultad para regular las emociones y la conducta

  • Tener grandes problemas para enfrentar el estrés y adaptarse a los cambios

  • Sentirse deprimidos y temperamentales porque no alcanzan sus objetivos

  • Tener sentimientos secretos de inseguridad, vergüenza, vulnerabilidad y humillación.

Soy lo que me dice el espejo

Para el Doctor John Zinner, uno de los líderes del Instituto Nacional de Salud Mental, en el caso de Trump se observa "un problema fundamental de autoestima, junto a una sensación de grandiosidad, lo cual le hace tener miradas contradictorias de sí mismo".

Por eso, la mirada de los otros es fundamental para un narciso. Cuando no le favorecen, las tergiversa. Si le favorece a medias, las exagera. A falta de haber sido mirado, el narcisista requiere de ese espejo de manera permanente, y si en ese espejo no se ve bien, su reacción tiende a ser irracional, pues su propia identidad está en juego. Es un laberinto en el que no parece haber opciones halagüeñas.

Muchos trastornos de personalidad narcisistas producen el mismo problema para abandonar el poder. Haber perdido la preferencia de sus simpatizantes es un dato muy destructivo para su constitución, y la mayoría de las veces no les permite transitar con gracilidad el rocoso y complejo desierto agrietado de la derrota.

Para los colectivos, es demoledor. En una sociedad ya diezmada por la exigencia permanente del éxito, hablar desde la derrota con gallardía puede ser un bálsamo sanador, sobre todo para un país tan dividido después de todo un período de zanjas innecesarias.

Los duelos transcurren muchísimo mejor si son liderados por quien se haga responsable por las pérdidas, en lugar de encuevarse en la negación.

Pero sobre todo desde el punto de vista filosófico y existencial, hablar desde la derrota es tener la oportunidad de ser más universal, en tanto que el éxito suele ser la construcción de muchas pruebas y errores, el cúmulo de mucho esfuerzo y, seguramente, de muchas batallas perdidas en el camino.

Quien vive la derrota, necesita mucho más de su líder para levantarse. Pero eso requiere de un esfuerzo y una hidalguía que no todos tienen llegado el momento.

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