La Unidad B de Zidane también sabe correr

El delantero del Real Madrid Marco Asensio intenta escaparse del griego Dimitrios Siovas, defensa del Leganés. EFE/JuanJo Martín

Ganó el Real Madrid en Leganés y sumó tres puntos complicados en una noche en la que Zidane hizo nueve cambios con respecto al partido del fin de semana, reservando a ocho titulares de cara a la cuesta que se le avecina al conjunto blanco.

Leganés era la última parada en la que el Real Madrid se podía dar un respiro antes de afrontar, sin duda, el mes más duro de la competición. Atlético de Madrid, Bayern de Munich por partida doble y FC Barcelona harán sufrir de lo lindo al equipo de Zinedine Zidane, quien continúa tranquilo y contento –al menos de cara a la galería– con el juego de su equipo.

En Butarque, la Unidad B de Zidane brilló, pero no supo cerrar un partido que al minuto 34 ganaba 0-3. Como tantas veces ha ocurrido esta temporada, los blancos se desconectaron y permitieron que el Leganés marcara dos goles en dos minutos. Morata salió al rescate nada más arrancar la segunda mitad (cerró un gran partido con un hat-trick inapelable), pero el susto en el cuerpo dejó un sabor amargo tras la victoria por 2-4.

James abrió el marcador y luego se marchó malhumorado cuando Zidane le cambió por Isco, aunque sin duda la estrella de la tarde volvió a ser Marco Asensio. El mallorquín no desaprovecha nunca una oportunidad y ante el Leganés cumplió con creces la misión de suplir a Ronaldo.

El primer gol de la tarde llegó tras una de sus ya típicas arrancadas. 50 metros con el balón cosido al pie, sorteando rivales, para ceder en última instancia a James en boca de gol. Tras dejar su tarjeta de presentación, el joven se marcó un recital. Controles inverosímiles, ruletas, pases al hueco, explosiones por banda, conexiones con Marcelo, Kovacic y Morata. En fin, una exhibición difícil de olvidar y difícil de pasar por alto, para un hombre que pide a gritos mucho más protagonismo.

 

Morata / Goal.com

Los jóvenes también pueden sufrir

Pero sin duda la buena noticia para Zidane es que su equipo suplente, ese que está repleto de jugones jovencitos llamados a ser el futuro del club, demostró que sabe sufrir cuando toca y correr cuando debe.

Lucas Vázquez, Morata y el propio Asensio se desfondaron y asombraron con jugadas de tiralíneas, para demostrar que su actuación en la última Super Copa Europea no fue un espejismo: Los tres internacionales españoles le pueden dar mucha guerra a la BBC. Su esfuerzo en la presión y su compenetración y falta de avaricia es un oasis en el desierto de egos en que suelen convertirse las actuaciones de –sobre todo– Ronaldo y Bale en el terreno de juego.

Por su parte, Casemiro y Kovacic volvieron a tener un papel estelar en la recuperación, sosteniendo el entramado táctico con mucho aplomo. El brasileño estuvo más fallón que de costumbre y Kovacic empezó muy bien y acabó haciendo un trabajo más que correcto, aunque sin destellos de su gran clase. Zidane sabe que Kroos y Modric tienen las espaldas bien guardados por estos dos perros de presa.

Es de destacar que más allá de la calamitosa tarde de Danilo en el lateral derecho (en defensa, pues en ataque se mostró bastante pasable), quizás los jugadores más flojos fueron los teóricos titulares. Ramos y Marcelo, además de un Keylor Navas que volvió a mostrarse bastante dubitativo en varias acciones, no tuvieron su tarde, convirtiendo el partido en uno de esos que los grandes suelen descuidar, quizás por falta de motivación ante un equipo a priori de menos nivel.

No son estas buenas noticias para el madridismo, sabiendo lo poco proclive que es Zidane a cambiar su sistema y sus hombres de confianza en los partidos importantes. El sábado, ante el Atlético de Madrid, serán esos mismos los que le deban hacer quedar bien ante su afición, pues de ello dependerá en gran parte las posibilidades del equipo de alzarse con la Liga. Entonces se verá si la motivación es justamente el aspecto que hace arrancar a los titulares madridistas.

Pero por si acaso, la Unidad B ha dicho: “Presente” y pretende arrimar el hombro tanto como le dejen.

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