El poder de los votantes latinos en EEUU, más numerosos que nunca

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Durante décadas se ha hablado del poder del voto latino, de que si ese ‘gigante dormido’ despierta podría tener una influencia definitiva en las elecciones estadounidenses. Y, en consecuencia, se han dado intensas y comprometidas campañas para promover que más latinos se hagan ciudadanos, se registren para votar y voten.

La dinámica demográfica, esas campañas y otras cuestiones han confluido para que, en 2020, los latinos sean la minoría más grande de Estados en términos de electorado, con un bloque de votantes elegibles que se estima en 32 millones de personas, de un total de más de 60 millones, de acuerdo a un reporte del Centro Pew.

Ese crecimiento es claro si se compara con que en 2000 los votantes latinos fueron el 7.4% del electorado y hoy alcanzan el 13.3%, superando a los afroamericanos que son el 12.5% de los votantes.

Sonia Orea votó en Los Ángeles en las elecciones presidenciales de 2016. (Getty Images)
Sonia Orea votó en Los Ángeles en las elecciones presidenciales de 2016. (Getty Images)

El voto latino ha tenido ya, desde hace décadas y de modo creciente, influencia a nivel local y estatal, y en estados de gran población hispana los hispanos son una fuerza electoral de relevancia, muy codiciada por los políticos de ambos partidos. Y aunque en buena medida los latinos tienden a votar por los demócratas (el 69% lo hizo por ellos en las elecciones legislativas de 2018), existen importantes grupos de hispanos pro republicanos (por ejemplo, el histórico poder cubano en el sur de Florida).

Y aunque no están alineados con un solo partido de modo fijo, votantes como los puertorriqueños en Florida fueron un factor clave en los triunfos electorales republicanos en los comicios de gobernador y senador en 2018.

La importancia de los latinos en las próximas elecciones

¿Cuál será entonces el peso de los votantes hispanos en las elecciones primarias y en las generales de noviembre de 2020? La pregunta es relevante no solo por la cantidad de sufragios latinos que se emitan, que podrían alcanzar cifras récord, sino por la ubicación geográfica de esos votantes.

De acuerdo al Pew, dos de cada tres latinos elegibles para votar se concentran en solo cinco estados: California con 7.9 millones, Texas con 5.6 millones, Florida con 3.1 millones, Nueva York con 2 millones y Arizona con 1.2 millones. Y en proporción a la cantidad de votantes totales, los latinos tienen la mayor relevancia relativa en Nuevo México, donde son el 43% de los votantes elegibles, California y Texas (30%), Arizona (24%) y Florida (20%).

Así, a nivel de elecciones de alcance local y estatal, incluidas las primarias demócratas, los hispanos pueden ser una potencia mayúscula en esos estados. Y lo han sido ya desde hace tiempo, si bien la diferencia entre los votantes potenciales y los que en efecto votan es aún muy amplia entre los latinos. En las elecciones legislativas de 2018, por ejemplo, el 40.4% de los votantes latinos potenciales votaron (esa cifra fue 57.5% entre la población de raza blanca y 51.4% entre los afroamericanos), lo que aún es una cantidad reducida pero que ha crecido sustancialmente desde el 27% de las elecciones de 2014.

Esa cifras, cabe señalar, son relativas a elecciones intermedias, que suelen ser menos concurridas que las presidenciales. Por ello, y por el contexto crítico de la elección de 2020, es de suponer que la participación general, incluida la latina, será este año más considerable.

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Un anuncio en español informa sobre el lugar de votación a los votantes en Nuevo México. (Getty Images)
Un anuncio en español informa sobre el lugar de votación a los votantes en Nuevo México. (Getty Images)

Dónde se concentra la influencia del voto latino

En las primarias de California, Texas y Florida, por ejemplo, los votantes latinos serán de enorme influencia en la contienda demócrata, tanto porque esos estados aportan grandes cantidades de delegados como porque tendrán lugar en marzo y, por ello, serán muy influyentes en la decantación de candidatos y la consolidación de punteros de cara a la convención partidaria demócrata.

En Arizona y Texas, adicionalmente, los latinos serán también claves en la elección de senador federal, pues allí las contiendas son muy cerradas y competitivas y podría darse el caso de que demócratas logren desplazar a senadores republicanos titulares y contribuir, posiblemente, a un cambio en el equilibrio de fuerzas en el Senado.

A escala de la elección presidencial de noviembre, con todo, el voto latino tiene posibilidades diferenciadas. Al ser los votantes hispanos, salvo el caso de Florida, ampliamente demócratas en California y Nueva York, que con la mayor probabilidad serán ganados en noviembre por quien tenga la candidatura presidencial demócrata, los votantes latinos no serían allí el factor que incline la balanza, aunque sí tendrán importancia sustantiva.

En cambio, en Texas y en Florida el voto latino podría, en buena medida, ser el que elija quién ocupará la presidencia de Estados Unidos. Arizona también podría tener un papel importante en una elección muy cerrada.

Texas es un estado en transformación demográfica que aunque es aún un bastión republicano podría volverse competitivo en las elecciones presidenciales de noviembre. Si los hispanos salieran allí a votar en grandes cantidades, podrían lograr inclinar la balanza de modo decisivo. Y si los demócratas lograran ganar Texas en noviembre, apuntalados por una marea de votantes latinos, los votos en el Colegio Electoral de ese estado prácticamente les otorgarían la presidencia y derrotarían a Donald Trump. Esta posibilidad es aún incierta, y quizá no la más probable, pero no puede descartarse.

Florida, en cambio, ha sido un estado decisivo por décadas. Si el voto latino inclina la balanza a favor de los republicanos, las posibilidades de reelección de Trump se mantendrán firmes (a espera del resultado crucial en estados como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, que le dieron la presidencia en 2016). Pero si el voto latino se moviliza en grandes cantidades y contribuye a una victoria demócrata en Florida, las posibilidades de Trump se recortan de modo dramático.

Ambos escenarios son muy posibles, pues Florida ha fluctuado en elecciones presidenciales recientes: Trump ganó en 2016,  Barack Obama en 2012 y 2008, George W. Bush en 2004 y 2000 (cuando se dio el histórico diferendo con Al Gore) y Clinton ganó en 1996.

Aunque minoritarios, existen grupos de votantes latinos que apoyan a Donald Trump. (AP)
Aunque minoritarios, existen grupos de votantes latinos que apoyan a Donald Trump. (AP)

De cara a 2020 y más allá, es claro que los latinos aún no desatan todo su potencial electoral, pues menos de la mitad de los hispanos en el país son votantes elegibles, ya sea porque la población latina en Estados Unidos es muy joven (millones son menores de 18 años) o no tiene ciudadanía (son residentes permanentes, tenedores de diversas clases de visa o permiso o son indocumentados). Y de los que sí pueden votar, aún es una proporción baja la que efectivamente emite su sufragio.

Es por ello que campañas de concientización para que los latinos que lleguen a la edad para votar, 18 años, voten y para que aquellos que tienen la posibilidad legal de hacerse ciudadanos lo hagan son tan importantes como las que promueven el voto entre los que ya pueden ejercerlo.

Y eso se aplica, además, a otros estados con grandes poblaciones latinas que no son los cinco mayores, como Illinois, Colorado o Nevada, donde la influencia latina es importante.

En todo caso, los partidos no han de dar por sentado que poseen o tienen garantizado ciertas cuotas de votantes latinos. En realidad, deben y tienen que volcarse para escuchar sus exigencias, atender sus necesidades y especificidades y potenciar sus posibilidades de futuro. Solo así no solo sumarán a los votantes latinos a sus cuentas electorales sino que propiciarán un mayor desarrollo en general para las comunidades hispanas y para la nación en general.

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