La turbia historia de la venta de niños que persigue a la orden de la Madre Teresa

"Devuélveme a mi bebé" dice uno de los mensajes escritos por los asistentes en una ceremonia realizada en una fosa común donde estarían enterrados unos 800 bebés y niños que nacieron en la casa hogar de la orden Bon Secours en Tuam, Irlanda. Se cree que los niños que no murieron fueron vendidos a familias estadounidenses que deseaban adoptar niños blancos. (Photo by Charles McQuillan/Getty Images)
"Devuélveme a mi bebé" dice uno de los mensajes escritos por los asistentes en una ceremonia realizada en una fosa común donde estarían enterrados unos 800 bebés y niños que nacieron en la casa hogar de la orden Bon Secours en Tuam, Irlanda. Se cree que los niños que no murieron fueron vendidos a familias estadounidenses que deseaban adoptar niños blancos. (Photo by Charles McQuillan/Getty Images)

Uno de los capítulos más turbios de la iglesia católica ha sido su papel en el tráfico y venta de niños nacidos en orfanatos y casas para madres solteras.

Tan sólo en España, unos 30.000 niños fueron robados de sus madres entre 1938 y 1986.

En una primera etapa, la dictadura de Francisco Franco arrebató a miles de niños de sus madres republicanas con la idea de que su ideología era tóxica para el desarrollo de los niños, así que para salvarlos y evitar la expansión del marxismo había que alejarlas de su progenitoras.

El franquismo se inspiró en las teorías del psiquiatra Antonio Vallejo-Nágera para imponer una limpieza étnica “hispana”, distinta a la practicada por los Nazis en Alemania porque no buscaba pureza étnica sino espiritual y religiosa.

Para el momento de la transición democrática en la década de 1970, lo que comenzó como una purga ideológica se había convertido en un lucrativo negocio en el que los niños eran declarados muertos al nacer y eran entregados a parejas adineradas estériles a cambio de cuantiosas donaciones.

"El Estado adaptó leyes para que esto pudiera ocurrir, la Iglesia católica, según qué órdenes religiosas y según qué estamentos, lo utilizaron y les sirvió para represaliar a las mujeres embarazadas solteras y para vender a los niños… “, escribió la antropóloga Neus Roig en su libro No llores que vas a ser feliz.

El tráfico de niños en Irlanda fue igualmente doloroso. Las muchachas quedaban sin opciones si quedaban embarazadas antes del matrimonio. En una sociedad profundamente religiosa, las jóvenes eran consideradas pecadoras y una mala influencia para su comunidad. Luego del repudio social eran trasladadas a hogares financiados por el estado irlandés y dirigidos principalmente por la Iglesia Católica o la Iglesia de Irlanda.

Al menos 23.000 madres solteras fueron obligadas a entregar a sus hijos recién nacidos. Las casas hogares funcionaron hasta 1990. Uno de los capítulos más desgarradores de la historia ocurrió en un albergue de la localidad de Tuam, en el condado de Galway, donde unos 4.000 bebés habrían muerto malnutridos y enterrados en fosas comunes. Algunos 1000 cadáveres de los infantes fueron vendidos por 65 centavos de libra a la facultad de medicina para ser usados en investigación o en las clases de anatomía.

El historiador Paul Jude Redmond describió que la venta de niños se convirtió en una importante fuente de ingresos para la iglesia en su libro La Máquina de la adopción: la historia oscura de las casas de niños y madres de Irlanda.

Otros autores, como Mike Milotte, respaldan las teorías de Redmond y aseguran que las monjas católicas y las agencias de adopción ganaron entre 30 a  50 millones de dólares por unos 3.000 a 4.000 niños desaparecidos en la época de la postguerra.

Cientos de niños fueron separados de sus madres durante las dictaduras militares de Chile, Uruguay, Brasil y Argentina del siglo XX y fueron entregados con intermediación de curas y monjas católicos a familias poderosas.

 

¿Víctimas o víctimarias? 

Con esos antecedentes, es difícil desestimar de inmediato las más recientes acusaciones sobre la venta de niños realizadas contra las Misioneras de la Caridad, una orden católica fundada por la Madre Teresa de Calcuta.

A mediados del 2018, las autoridades indias cerraron un albergue para mujeres embarazadas y solteras de la orden religiosa en la ciudad de Ranchi, en el estado de Jharkhand, luego de descubrir que 4 niños fueron vendidos. El más pequeño tenía seis meses de nacidos y fue entregado por unos 730 dólares.

La policía arrestó a la hermana Koncilia y a una trabajadora social llamada Anima Indwar por el tráfico de niños.

La Agencia de Noticias Católicas informó que una pareja delató a las misioneras después de que pagaron a Indwar unos 1.760 dólares por un bebé, pero luego ella se retractó y les quitó al niño sin devolver el dinero.

La monja de 62 años permaneció detenida durante un poco más de un año hasta que fue liberada bajo fianza el pasado 27 de septiembre, aunque nunca fue acusada de ningún delito oficialmente.

La segunda demanda fue presentada en octubre de un incidente ocurrido en 2013. En la querella, la demandante dijo que fue admitida en el hogar de las Misioneras de la Caridad cuando era una joven estudiante y tenía seis meses de embarazo producto de una violación. La mujer acusó a la congregación de haber vendido a su bebé sin su consentimiento ni el de su familia.

El último caso investigado por las autoridades fue presentado en noviembre y fue presentado por una pareja que tuvo a un hijo fuera del matrimonio pero que deseaban conservar a su bebé porque habían decidido casarse. Según los demandantes, Indwar se negó a su petición y que se confabuló con las monjas y dos funcionarios del hospital estatal para vender a su bebé.

La jerarquía católica ha salido en defensa de las hermanas. Theodore Mascarenhas, obispo auxiliar de Ranchi y ex secretario general de la Conferencia Episcopal de India, aseguró que las hermanas de la Madre Teresa son víctimas de un ataque despiadado de las autoridades indias que no desean que la Iglesia Católica siga trabajando por los pobres.

Otras fuentes han confirmado a la prensa de Jharkhand que existe un clima de discriminación contra las misioneras en un país donde el 80 por ciento de la población practica el hinduismo, un 13 por ciento son musulmanes y apenas el 2 por ciento profesan alguna fe cristiana. "Las hermanas son perseguidas porque son el símbolo de la caridad de la iglesia en India. Las autoridades no desean que los cristianos ayuden a los pobres.

Le tocará a las autoridades policiales de la India determinar si las Misioneras de la Caridad son víctimas de una campaña de descrédito por motivos de segregación religiosa o si continúan con la vieja práctica de la iglesia católica de separar a los niños de las madres pobres y “pecadoras” para ofrecerles un mejor futuro en una familia de sólidos valores religiosos y abundantes recursos.

La legislación internacional de protección a la infancia no entiende de credos y lo que hace unas décadas era considerado una solución piadosa a un pecado carnal ahora es un delito penal.

 

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