La tormenta perfecta que podría arruinar el sueño petrolero de AMLO

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FOTO: PRESIDENCIA /CUARTOSCURO.COM
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Entre las obras emblemáticas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, está la construcción de la refinería de Dos Bocas, en Tabasco, considerada como innecesaria ante el escenario mundial de cambio energético, insuficiente porque la proyección de su producción no resolverá la demanda real del país, mal planeada por estar ubicada en un terreno inestable, sujeto a inundaciones, lo que elevará el costo de su construcción y operación.

La obra está en proceso por la “voluntad” o, como él dice, por la “terquedad” del presidente López Obrador que no ha escuchado las recomendaciones y observaciones de especialistas, científicos, financieros, empresarios y organismos internacionales y los descalifica con la frase propagandística que los señala como oposición que quiere descarrillar a la 4T.

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En semanas recientes en el mundo se han conjuntado condiciones adversas que ponen en riesgo la economía de muchos países, entre ellos México. La propagación del Coronavirus, originado en China, afectó también las cadenas productivas que nacen en ese país. La confrontación entre Rusia y Arabia Saudita, que genera inestabilidad en los precios internacionales del petróleo, con amenaza de Arabia Saudita de aumentar su producción y disminuir sus precios, lo que afecta a México que depende de los ingresos de la venta del petróleo.

Para el presidente López Obrador estos sucesos, que impactan al mundo y derrumban las casas de bolsa de muchos países, no son de temer porque “México está blindado ante el desplome de los mercados financieros por la caída en los precios del petróleo y el coronavirus.” (La Jornada, 11 de marzo de 2020)

México es dependiente de los ingresos petroleros y ante el panorama mundial que desestabiliza las economías fuertes en el mundo es erróneo decir que al país no lo afectará porque “está blindado”.

Lo acertado en el escenario actual es corregir y dar marcha atrás en determinaciones que afectan las finanzas públicas, como la construcción de la Refinería de Dos Bocas, en Tabasco, lo que permitiría que México ahorrara entre 10 y 12 mil millones de dólares.

Es la fórmula para que el gobierno de López Obrador no acuda a la deuda externa para compensar las finanzas públicas. Si no cancela la construcción de Dos Bocas entonces tendría que crear nuevos impuestos y la respuesta previsible sería la resistencia de diferentes grupos sociales, a los que ha prometido que no habrá nuevos gravámenes.

La dependencia del gobierno de los ingresos petroleros queda en evidencia con la imposibilidad que tiene de disminuir los precios de las gasolinas en México, cuando en el mundo los precios al consumidor bajan, por las fluctuaciones de los precios del petróleo, aquí se mantienen, lo que hace que esa promesa de campaña tampoco se cumpla.

La propuesta de cancelar la construcción de la refinería de Dos Bocas no es aceptable para el gobierno de López Obrador, que considera que es buen negocio la producción petrolera, pero es mejor negocio darle valor agregado al petróleo crudo.

Los pronósticos de los especialistas sobre el futuro de Dos Bocas solo son alentadores para López Obrador. La propuesta de cancelar la construcción debería estar planteada como una posibilidad responsable con el país, aunque es poco probable que el sentido común no pese más que la necedad del presidente.

Para él sería un retroceso y un signo de debilidad que no puede dar y menos tratándose de un proyecto “personal” con el que quiere dar satisfacción a sus paisanos.

El contexto internacional adverso por el que atraviesa México es también una prueba para López Obrador que deberá decidir si continua con la construcción de Dos Bocas, que muchos consideran un error que le podría pasar factura histórica en el futuro y entonces no tendrá la coartada de que es culpa de la oposición.

Es respetable construir la figura de hombre de Estado aceptando los errores cometidos. Cancelar la construcción de Dos Bocas es esa oportunidad. Aunque en ocasiones el Ego es más poderoso que el sentido común y el interés colectivo. Por eso la pregunta: ¿Debe AMLO cancelar la construcción de la refinería de Dos Bocas?

Los que opinen que sí que levanten la mano.


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