La remontada del siglo

Hay momentos imborrables que permanecen indelebles en la memoria, a pesar de los años, más allá de la inevitable corrosión cerebral que nos consume con el pasar de los días; hay fragmentos que siempre quedarán alojados en nuestro disco duro.

Imborrable

Son momentos con fecha y hora, con memoria fotográfica. Tengo 43 años, pero recuerdo como si fuera ayer la mañana en la que contemplaba atónito, embrujado, aturdido sobre el colchón de mi cama, envuelto en una sábana blanca, con una cobija café metida en el pecho, el balón y los botines que me había dejado en mi cama el ‘Niño Dios‘ la noche del 24 de diciembre de 1.979. Salté de la cama, me apresuré salir a la calle para patear el primer balón de mi vida, corrí de arriba a abajo por el callejón de mi barrio, frente a mi casa.

Sergi Roberto of Barcelona scores at Camp Nou (Getty Images)
Sergi Roberto of Barcelona scores at Camp Nou (Getty Images)

La remontada histórica del Barcelona en Champions League, frente al PSG, es uno de esos pasajes memorables que vivirá para siempre en cada persona que tuvo la fortuna de verlo. Es un hecho único en la historia del fútbol europeo, nunca nadie había regresado de cuatro goles en contra para prevalecer.

Primero

El primer recuerdo de mi vida se remonta a 1.978, final del mundo, televisor Hitachi de catorce pulgadas en blanco y negro; sentado en el piso de la sala de mi casa en Medellín, junto a mi padre. El papel picado invadiendo el Monumental de Núñez, Argentina y Holanda saltando al verde césped. Kempes y su melena, Luque y su bigote, Tarantini y su cara de conejo, Fillol y su buso con el 5 en la espalda; la Naranja Mecánica con su precioso uniforme, el del león bordado en el pecho.

El ‘Matador‘ revolviéndose furioso para buscar el rebote de Jongbloed y hacer estallar el estadio, corriendo poseso con los brazos mirando al cielo.

Holanda (Foto de Bob Thomas/Getty Images).
Holanda (Foto de Bob Thomas/Getty Images).

También recuerdo

Recuerdo donde estaba el día del cinco a cero de Colombia a la Argentina en ese mismo estadio, el día que Italia eliminó a Brasil en el ’82 -lloré- la noche que Atlético Nacional ganó la primera Libertadores para Colombia, el domingo que Iván Córdoba le rompió el arco a México en Bogotá, la tarde de la ‘mano de Dios‘ de Diego y el mejor gol de todos los tiempos, la mañana del gol de Freddy Rincón a Bodo Illgner en Italia ’90 y la tarde del gol de James a Uruguay en el Maracaná.

La tarde que Higuita hizo el Escorpión en Wembley, como olvidarla.

Recuerdo donde estaba cuando murió Oswaldo Juan Zubeldía apostando a los caballos, donde estaba cuando Van Basten y Gullitt liquidaron a Dasaev en Múnich, cuando Asprilla destrozó al Barcelona en St. James Park y también cuando le quitó el invicto al Milan de Sacchi en San Siro. Recuerdo la pizzería italiana en Medellín, la que estaba justo al frente de la Universidad Pontificia Bolivariana, en la que vi el gol de tiro libre más hermoso que vi en mi vida, el de Maradona a la Juventus en San Paolo.

Fans des SSC Neapel während des UEFA-Champions-League-Spiels gegen Real Madrid im Stadion San Paolo in Neapel. (Bild: Alessandro Bianchi/Livepic/Reuters)
Fans des SSC Neapel während des UEFA-Champions-League-Spiels gegen Real Madrid im Stadion San Paolo in Neapel. (Bild: Alessandro Bianchi/Livepic/Reuters)

Recuerdo que estaba haciendo cuando murió Senna, cuando Jordan asesinó al Jazz, cuando Phelps y Bolt pulverizaron la historia olímpica. Recuerdo donde y con quien estaba en cada uno de esos momentos.

Desde hoy

A partir de hoy también recordaré que estaba sentado en el sofá de mi casa en Miami, junto a mis hijas Salomé y Luciana, mientras mi esposa arreglaba la cocina, la tarde del ocho de marzo del 2.017, viendo al Barcelona, comandado por Messi, Suárez y Neymar hacer algo imposible.

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